Marx21
La masacre continúa en Gaza. Desde octubre de 2023, las fuerzas armadas israelíes han asesinado a 73 mil personas palestinas. La enorme mayoría han sido civiles y casi un tercio niños y niñas.
Nos estamos repitiendo, pero hay que continuar diciéndolo. El Estado israelí está llevando a cabo un genocidio, ante los ojos del mundo.
Es una tragedia y un crimen contra la humanidad. Es terrible para la población palestina en Gaza, por supuesto, pero nos afecta a la gran mayoría de la población del mundo.
El genocidio en Gaza —con la complicidad de las clases dirigentes del mundo— sienta un precedente para el futuro, en cualquier lugar del planeta.
A la masacre desenfrenada en Gaza la acompaña una intensificación de los ataques contra el pueblo palestino en toda la Palestina histórica: incluyendo tanto Cisjordania como el territorio ocupado en 1948.
Pero la cosa va mucho más lejos.
El Estado israelí ha arrasado el sur del Líbano, y ha vuelto —por enésima vez— a bombardear barrios populares en el sur de Beirut. Según informa Olga Rodríguez, “Desde marzo hasta hoy el Ejército israelí ha lanzado más de 1.840 ataques contra territorio libanés, en los que ha matado a 3.560 personas y ha herido a 10.800.”
El supuesto alto el fuego entre los Estados israelí y libanés no frenó estas masacres, como tampoco lo hizo el supuesto alto el fuego en Gaza.
Por otro lado, en Siria, Israel está ocupando territorios más allá de los Altos del Golán que ya ocupó en 1967, y planifica nuevos asentamientos de colonos en estas tierras ocupadas.
Masacrar
Los bombardeos contra Irán, tanto estadounidenses como israelíes, han sido recurrentes. Esto a pesar de que Trump ya hubiera declarado varias veces la victoria y que un acuerdo estaba a punto de firmarse.
Es más que evidente que, si pueden masacrar al pueblo palestino ante los ojos del mundo, ningún pueblo es seguro. Y esto es global, no solo se aplica al oeste de Asia.
A principios de año, secuestraron al presidente de Venezuela. En el momento de escribir, están intentando estrangular a Cuba. En diciembre 2025, EEUU llevó a cabo bombardeos en Nigeria; atacó de nuevo a mediados de mayo de 2026.
Donald Trump emite amenazas continuamente: contra Canadá, Groenlandia, Colombia, México… Si incluimos sus anuncios de aranceles, las amenazas llegan a casi todos los países del mundo.
Incluso la enorme subida en el gasto militar español —el gobierno de Sánchez lo aumentó a más de 40 mil millones de euros, más del 2% del PIB— provocó amenazas directas de Trump, por no llegar al 5% del PIB que él exige.
Y no son solo las amenazas de guerras a gran escala. La represión cotidiana a la que el Estado ocupante somete a las personas palestinas actúa como un campo de pruebas para sistemas represivos que luego se aplican en otros países.
La empresa de inteligencia artificial Palantir —fundada por Peter Thiel, multimillonario de extrema derecha— es una socia clave de las fuerzas armadas israelíes, en la extracción de información, e incluso en la selección de objetivos de ataques. Pero también trabaja con el ICE, la agencia paramilitar antimigración de Trump, así como también opera en diversos países europeos.
Si le sirve al Estado israelí para decidir a quién matar, también puede servirle a una empresa o a un gobierno en Europa para decidir a quién despedir, a quién recortar la pensión o el salario, a quién deportar…
Frente a esta situación, debemos tener tres cosas muy claras.
Primero, y como ya se ha dicho, lo que ocurre en Gaza, Líbano, Irán, Cuba, no nos es ajeno en el Estado español. Cualquier activista de izquierdas o líder sindical que diga algo así como “deberíamos limitarnos a nuestras condiciones laborales, no distraernos con esos asuntos lejanos” se equivoca completamente. El histórico lema del movimiento obrero “si tocan a una, nos tocan a todas” se aplica, más allá de los confines de un lugar de trabajo o de un país.
Segundo, que las agresiones y amenazas de Trump no reflejan lo que algunas personas durante las últimas décadas describían como un “EEUU omnipotente”. Más bien, confirman el largo proceso de declive del poder global de ese país. Por eso, tiene que recurrir cada vez más a las intervenciones militares, o amenazas de ellas, para intentar obtener lo que quiere. Y no siempre lo consigue, como vemos ahora en Irán.
El tercer punto se explica más en otro artículo, que hace un repaso a algunos de los lugares que están sufriendo la doctrina de Trump. El rechazo a un ataque de EEUU no debe significar respaldar a la clase dirigente del país atacado.
A ninguna persona anticapitalista en el Estado español se le ocurriría responder ante las amenazas contra el Estado español con un apoyo sin fisuras ni críticas a Pedro Sánchez. Entendemos perfectamente que podemos y debemos oponernos a Trump, sin tener ninguna confianza en Pedro Sánchez. Pues se aplica lo mismo al resto de los países amenazados, Cuba e Irán incluidos.
¿Acuerdo de paz?
En el momento de escribir, se ha anunciado un acuerdo de paz entre EEUU e Irán.
Trump ha declarado varias veces a lo largo del conflicto que ya ganó la guerra y que está a punto de firmarse la paz, pero esta vez parece que sí tienen un acuerdo. Aunque está lejos de representar una victoria para EEUU.
Israel depende en gran medida del armamento y las defensas aéreas de EEUU
Aún faltan los detalles: por ahora hay versiones e interpretaciones diferentes de los diferentes actores.
Uno de los principales logros que señala Trump es la apertura del estrecho de Ormuz… pero el estrecho estaba abierto antes de que Trump y Netanyahu iniciasen este conflicto.
Otro punto destacado por EEUU es que Irán renuncia a la construcción de armas nucleares. Sin embargo, el Gobierno iraní ya se comprometió a no construir tales armas en 2015, en un pacto con las grandes potencias de la ONU, un pacto del que Trump retiró a EEUU en 2018. En todo caso, en el acuerdo actual, toda la cuestión nuclear está por concretar en negociaciones durante los próximos 60 días.
Del lado iraní, parece que pueden celebrar el levantamiento inmediato del bloqueo naval de EEUU, y la retirada gradual de las sanciones económicas que sufren desde hace años.
Otro punto de mucho peso —el gobierno iraní lo puso como una condición esencial para firmar— fue el terminar las hostilidades en el Líbano. Esto plantea un tema clave: Netanyahu quiere continuar sus ataques y la ocupación, con la intención anunciada de eliminar o debilitar totalmente a Hezbolá. Pero el Estado israelí no fue invitado a participar en las negociaciones.
El ataque israelí contra Beirut durante las horas en las que el acuerdo se estaba cerrando fue un intento descarado de descarrilar las negociaciones. El efecto real fue que Trump tuvo que hacer aún más concesiones a Irán a cambio de que no tomasen represalias, y se aceleró el pacto.
Se informó de la reacción de Trump: “¿Por qué coño tenía que lanzar Bibi [Netanyahu] un puto ataque? Me cabreó muchísimo… No tiene ni puta idea de juzgar las cosas. Se lo dije.” Más allá de la palabrería de Trump, lo ocurrido pone de relevancia un hecho muy importante.
En los últimos años, se ha extendió la idea de que Israel domina a EEUU. Afecta a algunas personas bienintencionadas que quieren impulsar la solidaridad con Palestina. Pero entre el sector ultra de EEUU (“los MAGA”) es simplemente una versión actualizada de la vieja idea de la “conspiración judía”.
Como escribió el periodista israelí, Gideon Rachman, en Financial Times: “A pesar de todas las valientes declaraciones de los políticos israelíes diciendo que Israel es una nación soberana que toma sus propias decisiones sobre cómo defenderse, la realidad es que el país sigue dependiendo en gran medida del armamento y las defensas aéreas de EEUU.”
Intereses
En general, tanto EEUU como las potencias europeas dan apoyo incondicional al Estado israelí, y así lo han hecho —a pesar de algunas palabras de preocupación— durante el genocidio en marcha.
Pero lo hacen porque ven a Israel como un defensor de sus intereses en la región. El conflicto con Irán amenaza con romper el suministro de petróleo, con incrementos enormes en los precios, y ahora mismo esto pesa más que cualquier lealtad a su aliado sionista.
Según un titular en el periódico israelí Haaretz, “Trump priorizó su acuerdo con Irán. A Netanyahu no le quedan muchas opciones”.
El propio Trump insistió que Netanyahu tendría que aceptar un acuerdo con Irán: “No tendrá otra alternativa… Aquí mando yo. Netanyahu no toma las decisiones”.
Dicho esto, si Israel no controla a EEUU, tampoco es su títere; ha llegado a ser una potencia con nombre propio. Pero Netanyahu tendrá que pensárselo mucho antes de desafiar más a Trump. La jugada le podría salir muy cara.
Es imposible predecir lo que pasará con este acuerdo y con el conflicto en si mismo. Solo decir que confirma aún más la debilidad fundamental de EEUU. Evidentemente, si EEUU e Israel dejan de bombardear a Irán y Líbano, será bueno para sus poblaciones. Pero el genocidio en Gaza continúa.
Más allá de los cálculos y maniobras, ningún gobierno o clase dirigente —ni en la región ni en Europa, ni en el resto del mundo— prioriza salvar al pueblo palestino. La movilización y la solidaridad desde abajo son la clave, y deben continuar.





