¿Por qué se considera el arte una necesidad, un lujo o una pérdida de tiempo? La artista visual Olive Whigham se pregunta por qué el arte es una industria multimillonaria mientras la mayoría de artistas luchan por sobrevivir.
El arte puede ser subjetivo, objetivo, importante o aburrido… y todo a la vez. Cuando comencé a crear arte como socialista revolucionaria, quería crear arte que hiciera avanzar la lucha de clases.
Me di cuenta de que era una de los millones de personas que lo habían intentado, pero también comprendí que el mundo del arte es, en realidad, una institución capitalista. Hay más factores que motivan a las y los artistas que simplemente la creatividad.
El arte ha sido un hecho constante en la sociedad a lo largo de la historia de la humanidad. Mucho antes de los mercados, el dinero o los Estados, los seres humanos creaban imágenes y objetos que contenían un significado que trascendía la necesidad material.
El impulso de crear parece ser tan antiguo como la propia humanidad.
El capitalismo nos anima a pensar que las personas estamos motivadas fundamentalmente por el dinero y el interés propio.
Pero la existencia del arte sugiere lo contrario. No nos mueve el afán de lucro porque esté intrínsecamente ligado a nuestra naturaleza, sino porque vivimos en un sistema donde el dinero es esencial para la supervivencia.
El arte, en cambio, suele regirse por una lógica diferente. Para la mayoría de la comunidad artística, crear arte no lleva a la riqueza. Sin embargo, la gente sigue pintando, escribiendo, esculpiendo, fotografiando, actuando y creando.
Entonces, si el arte no es económicamente necesario, ¿por qué existe?
Imaginar
Existe porque el arte revela algo profundo sobre la naturaleza humana. Cumple diversas funciones.
Revela algo fundamental y forma parte de cómo nos comprendemos a nosotros mismos y al mundo. El arte es parte de nuestra capacidad para imaginar, comunicar, preservar recuerdos y expresar ideas. Los seres humanos no solo queremos sobrevivir, sino encontrar significado, placer y belleza en lo que hacemos.
Entonces, ¿por qué pensé que yo podría ser quien cambiara el mundo del arte?
Como marxistas, sabemos que las ideas no surgen de la nada. La creencia de que una sola persona, una artista individual, podría transformar la sociedad a través de su obra es en sí misma un producto histórico.
Surgió del desarrollo de la autonomía artística: la idea de que el arte posee valor y propósito propios, independientemente de la religión, la política o la utilidad práctica.
Con el desarrollo del capitalismo, esto contribuyó a crear la imagen moderna del artista como un individuo visionario y singular, capaz de transformar la sociedad únicamente mediante la creatividad.
En retrospectiva, puedo ver que mi propia ambición de crear arte revolucionario reflejaba esta tradición. Incluso como una socialista comprometida con la lucha colectiva, me encontré con supuestos que depositaban una fe extraordinaria en el poder del artista individual, en lugar de en las fuerzas históricas colectivas.
El arte y el capitalismo
Las concepciones modernas del arte surgieron durante el Renacimiento europeo, entre los siglos XV y XVII. Este periodo hizo hincapié en el ser humano, la observación, la ciencia y el mundo material, y el arte quedó asociado con la creatividad individual, la habilidad y la experiencia humana.
El Renacimiento estableció la concepción moderna del artista como un genio individual. Con el desarrollo del capitalismo, esta figura se distanció de las personas artesanas o trabajadoras artesanales. La producción artística se alineó cada vez más con los mercados.
A pesar de esta celebración de la individualidad, el capitalismo tiene un efecto profundamente limitante sobre la expresión artística. El arte suele considerarse improductivo, lo que significa que las actividades artísticas no se recompensan de la misma manera que el trabajo asalariado tradicional.
El capitalismo se basa en la acumulación constante. Vendemos nuestro trabajo a cambio de un salario, y nuestro trabajo se valora según lo que produce y la eficiencia con que lo hace. Lo que permite el intercambio de diferentes mercancías es el trabajo que contienen.
Bajo el capitalismo, una persona trabajadora recibe un salario por su fuerza de trabajo, pero el valor que crea suele superar el salario que recibe. Esta diferencia es lo que Karl Marx denominó plusvalía, la fuente de la ganancia.
El arte ocupa una posición complicada. Su valor no se puede medir con la misma facilidad que otras formas de trabajo. Como resultado, el arte suele ser marginado, menospreciado y recibir financiación insuficiente.
El mundo del arte y el capitalismo más ampliamente se basan en la precariedad para devaluar el trabajo creativo mientras se benefician de él.
Marx consideraba el trabajo como la forma fundamental en la que los seres humanos interactuamos con la naturaleza. Sostenía que, bajo el capitalismo, el trabajo se convierte en una mercancía, lo que conduce a la explotación y a la separación de la clase trabajadora de lo que produce.
El arte no es ajeno a esto. La creatividad se considera su propia recompensa, lo que implica que se espera que las y los artistas aceptemos condiciones que otras personas rechazarían. Son comunes las solicitudes para que trabajemos “a cambio de visibilidad”, mientras que muchos trabajos creativos son mal pagados o no remunerados en absoluto.
Se anima a las personas que producimos el arte a creer que la compensación económica no es importante. Como resultado, muchas de nosotras tenemos dificultades para identificarnos como trabajadoras con intereses colectivos.
¿Trabajo alienado?
Un debate importante en la concepción marxista del arte es si el trabajo artístico está alienado o no.
Comprender la alienación es importante porque ofrece una forma de reflexionar sobre la relación entre trabajo, poder, identidad y desarrollo humano. El concepto de Marx no se limita a la infelicidad laboral. Es una crítica de las condiciones sociales que impiden a las personas tener un control significativo sobre sus propias vidas.
¿Puede el trabajo artístico estar libre de alienación? ¿Puede la creatividad escapar de alguna manera a las formas de alienación que afectan a otros tipos de trabajo?
Para explorar esta cuestión, quiero retomar mi propia experiencia como artista.
A primera vista, como artista, yo podría parecer menos alienada que una cajera, por ejemplo. Al fin y al cabo, solo hay una forma de reponer los estantes en un supermercado, pero hay infinitas maneras de pintar un cuadro. Puedo ejercer cierto grado de control creativo.
Pero la gente artista bajo el capitalismo seguimos siendo gente trabajadora.
Parte de la razón por la que me desilusioné con mi ambición original de crear arte revolucionario fue porque me enfrentaba cada vez más a la realidad de hacer arte bajo el capitalismo. Cuanto más tiempo dedicaba a intentar forjarme una carrera como artista, más me encontraba pensando en solicitudes de financiación, visibilidad, público, redes sociales y supervivencia.
En otras palabras, me enfrentaba a muchas de las mismas presiones que afectan a cualquier otro tipo de trabajo.
Para Marx, el trabajo alienado es aquel en el que la persona trabajadora pierde el control sobre lo que produce, cómo lo produce y sus relaciones consigo misma y con las demás. El concepto de Marx es una crítica a las condiciones sociales que privan a las personas del control sobre sus propias vidas.
Bajo el capitalismo, como artista soy una trabajadora, pues, dado que no heredé una fortuna, debo ganarme la vida como el resto de la gente.
Creatividad
Las tendencias y los movimientos artísticos no surgen de la nada. El arte siempre ha reflejado las desigualdades que configuran el resto de la sociedad. Los coleccionistas, las instituciones y los inversores adinerados tienen una capacidad desproporcionada para influir en los gustos y determinar qué arte se premia.
Esto no significa que las y los artistas sean marionetas de la clase dominante. Las personas artistas frecuentemente desafían las ideas dominantes y se resisten a la mercantilización. Sin embargo, lo hacen dentro de un sistema donde la visibilidad, la financiación y el éxito están ligados a las preferencias de quienes ostentan el poder económico.
El resultado es una contradicción: el arte se celebra como una esfera de libertad y creatividad, pero la producción artística sigue estando limitada por las exigencias del mercado.
Desde una perspectiva marxista, el trabajo artístico se aliena cuando se transforma de un fin en sí mismo en un medio para producir mercancías.
Durante el Renacimiento, a medida que la producción artística se independizaba cada vez más del mecenazgo religioso y aristocrático, muchos artistas se volcaron hacia la experimentación y la oposición.
Muchos de los que hoy celebramos como artistas visionarios no fueron recibidos con tanto entusiasmo por sus contemporáneos. Lo que parece extremo en un momento dado puede luego ser aceptado, institucionalizado y mercantilizado.
El capitalismo es un sistema extraordinariamente dinámico. Su capacidad para absorber y mercantilizar casi todo lo que encuentra se extiende a la resistencia misma. En lugar de reprimir a la oposición, el capitalismo a menudo la transforma en algo que se puede comprar, vender y consumir.
La resistencia política se convierte en estética. Se desvincula de los movimientos sociales que la originaron.
Pensemos en la moda punk, las camisetas del Che Guevara o las campañas publicitarias que hablan de revolución. En cada caso, los símbolos que alguna vez desafiaron el orden establecido se transforman en mercancías.
Esta dinámica se extiende más allá de la moda y la cultura de consumo, llegando incluso al mundo del arte.
Hoy en día es completamente normal ver cómo universidades, galerías y museos presentan visiones críticas anticapitalistas, anticoloniales, feministas, LGBTI+ o medioambientales.
Esto revela la capacidad del capitalismo para acomodar la crítica a un cierto nivel sin alterar las relaciones sociales que esta ataca. Los y las artistas no pueden, por sí solas, derrocar el capitalismo ni reemplazar la organización de la clase trabajadora. Pero eso no significa que no sean importantes.
Somos seres creativos. Contamos historias e imaginamos futuros. El poder del arte no reside en reemplazar la lucha colectiva, sino en contribuir a ella.
En última instancia, la lucha por una sociedad más allá del capitalismo no es simplemente una lucha por los salarios, la propiedad o la organización de la producción. Es una lucha por lo que significa vivir una vida plenamente humana.
La creatividad no es un extra opcional. Es parte de lo que nos hace personas humanas.





