Eric Fretz, militante de Marx21 USA, escribe desde Nueva York sobre la experiencia con la alcaldía del progresista, Zohran Mamdani.
Este mes, en el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre, el decrépito exalcalde republicano de derechas de la ciudad de Nueva York, Rudy Giuliani, arremetió con comentarios racistas exigiendo que el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, no asistiera a la ceremonia por ser musulmán y, por ende, responsable.
Ese mismo fin de semana, durante una convención republicana feroz y carente de rigor fáctico, el vicepresidente JD Vance estuvo criticando a Mamdani cuando alguien del público gritó “deberían pegarle un tiro”, sin que hubiera consecuencias ni objeciones desde el escenario.
Estos ataques peligrosos y absurdos demuestran no solo el racismo de la extrema derecha, sino también el temor que sienten ante la creciente popularidad del “socialismo”, un giro hacia la izquierda que contribuyó a la elección de Mamdani y que él mismo ha ayudado a popularizar aún más.
Mamdani es miembro de la organización socialdemócrata Socialistas Democráticos de América (DSA) y ayudó a demostrar que cada vez menos personas temen la palabra “socialismo”, aunque se presentó como candidato del Partido Demócrata.
Su programa no fue revolucionario, pero incluía medidas como rutas gratuitas de autobuses, guarderías preescolares gratuitas, planes a largo plazo para aumentar la cantidad de viviendas, la congelación de alquileres para ciertos inquilinos y la creación de unas cuantas tiendas de comestibles municipales para ofrecer una alternativa a los supermercados que imponen precios abusivos.
El mensaje principal de Mamdani se centraba en la asequibilidad para la clase trabajadora en una ciudad sujeta a la gentrificación, así como en un programa para gravar a los ultrarricos de la ciudad a fin de financiar estos servicios. Sin embargo, también es musulmán y defensor de los derechos palestinos, por lo que se enfrentó al racismo de opositores financiados por sionistas estadounidenses.
Su clara victoria en la ciudad de Nueva York demuestra cómo el movimiento propalestino ha transformado la opinión pública local. Su trayectoria en defensa de los derechos LGBTIQ+ demuestra que, a pesar de lo que ha sostenido el mainstream del Partido Demócrata durante la era Trump, no hay que renunciar a los principios para ganar apoyo.
La elección de Mamdani supuso un rayo de esperanza en la América de Trump. Es necesario defenderlo frente a los ataques de la derecha. Asimismo, la izquierda socialista de Nueva York debe luchar junto a otros sectores para lograr las reformas positivas que él prometió.
Sin embargo, las concesiones y promesas incumplidas que ya hemos presenciado también evidencian las limitaciones de su estrategia electoral y administrativa, y están relacionadas al hecho de que Mamdani juega dentro del equipo del Partido Demócrata.
Una gran cantidad de personas se ofrecieron como voluntarias para hacer la campaña puerta a puerta a su favor. Esta movilización tuvo aspectos positivos, pero también alejó a la gente —especialmente a la militancia de la DSA, que aportaron gran parte de la fuerza activista— de las luchas en la calle y de los movimientos sociales, como la organización de la resistencia contra el ICE en la ciudad.
Lamentablemente, dicha estructura de campaña no se mantuvo tras las elecciones, a pesar de algunos intentos en ese sentido. Hay sectores dentro de la DSA que consideran que su papel sigue siendo movilizar apoyo para Mamdani —incluida la defensa de cualquier concesión que él estime necesaria— en lugar de construir un movimiento capaz de impulsar sus reformas pese a las resistencias y de luchar de forma independiente por objetivos más ambiciosos.
Limitaciones presupuestarias
Poco después de asumir el cargo, Mamdani anunció que el alcalde anterior había dejado la ciudad con un déficit presupuestario. En consecuencia, ordenó que cada agencia municipal designara a un “responsable de ahorro” encargado de identificar recortes presupuestarios por valor de cientos de millones.
La mayor parte de las propuestas de Mamdani se financiarían parcialmente mediante nuevos impuestos a los residentes más adinerados. Solo en la ciudad residen unos 400.000 millonarios, incluidos más de 100 mil-millonarios. No obstante, la ciudad de Nueva York carece de competencias para crear nuevos impuestos. A pesar de las demandas, la gobernadora demócrata del estado de Nueva York, Hochul —quien se define a sí misma como una “capitalista convencida”—, se negó a aumentar los impuestos sobre la renta de los más ricos.
La sección de la DSA en Nueva York intentó organizar una manifestación bajo el lema “Impuestos a los ricos” en Albany, la capital del estado; sin embargo, la iniciativa no contó con el respaldo de Mamdani (ni de Alexandria Ocasio-Cortez, AOC, la conocida representante de Nueva York y también miembro de la DSA) y tuvo una participación decepcionantemente baja.
El alcalde consideró necesario mantener una relación cordial con la gobernadora de cara a las negociaciones. En febrero, pese a no haber logrado la aprobación de dicho impuesto, brindó su apoyo electoral a Hochul, a diferencia de la DSA.
Finalmente, acordaron establecer un impuesto sobre las segundas residencias (pied-à-terre) valoradas en más de un millón de dólares, con una recaudación estimada de hasta 500 millones anuales. Aunque esta medida es positiva, representa apenas una fracción de los 10.000 millones que Mamdani había proyectado recaudar mediante la iniciativa de “gravar al 1 % en beneficio del 99 %”.
Existen límites reales a lo que un cargo ejecutivo, como el de alcalde, puede lograr por sí solo en una economía capitalista. Sin embargo, la estrategia de intentar implementar políticas socialistas mediante la gestión administrativa —y dentro de un partido burgués como el Demócrata— agrava dichos problemas.
Mamdani podría haber aprovechado su popularidad y el apoyo con el que contaba para construir un movimiento que impulsara sus reformas y fomentara la independencia de clase, pero decidió no hacerlo. La sección de la DSA en la ciudad de Nueva York también apuesta por elegir candidatos a través de la estructura del Partido Demócrata. Aunque la dirección ha cuestionado la idea de exigir rendición de cuentas a sus representantes electos, han surgido sectores de militantes de la DSA que empiezan a expresar críticas hacia Mamdani en relación con temas concretos.
Cuestiones clave
Mamdani nunca dijo que rompería con el capitalismo, solo prometió implementar ciertas reformas. Es justo examinar los temas que ha destacado y qué ha sucedido, hasta ahora, con sus promesas.
Ya está ampliando las plazas gratuitas de preescolar, una promesa respaldada por la gobernadora del estado, Hochul, y los intereses empresariales porque permite a los padres trabajar. Las plazas son limitadas y es necesario mejorar tanto la calidad de la atención como la estabilidad de la financiación, pero es un paso en la dirección correcta. Aún no hay señales de las rutas de autobús gratuitas.
Algunas reformas prometidas no requieren presupuesto. Los sindicatos de docentes y activistas sobre la educación se opusieron vehementemente a que anteriores alcaldes conservadores arrebataran el control del sistema escolar a las juntas escolares electas. Mamdani se había opuesto durante mucho tiempo a este control por parte de la alcaldía, pero en su primer día como alcalde anunció que lo mantendría. También ha emprendido acciones legales para detener un pago único a las y los ayudantes de maestros —que tienen salarios insuficientes—, medida aprobada por el concejo municipal y respaldada por el sindicato.
Vivienda
Las y los inquilinos celebraron a principios de este año que las personas nuevamente nombradas por Mamdani para la Junta de Directrices del Alquiler aprobaran una congelación de dos años de los alquileres del millón de apartamentos con alquiler regulado de la ciudad, cumpliendo así una promesa importante.
Su enfoque para construir más viviendas goza de menos popularidad. En lugar de mejorar la vivienda pública existente y construir más, el alcalde colabora con promotores privados y el sector inmobiliario para eliminar trabas normativas.
También apoya un importante plan de demolición y reconstrucción en un enorme complejo de vivienda pública en la zona de Chelsea —recientemente gentrificada—, lo que transferiría la vivienda pública a manos privadas con condiciones de tenencia menos seguras. Asistí a una concentración allí donde las y los activistas inquilinos estaban indignados de que un autodenominado socialista pudiera hacer algo así.
El alcalde retiró su apoyo a un programa aprobado por el concejo municipal que otorgaba vales de vivienda a personas sin hogar alojadas en albergues, argumentando que la ciudad ya no puede permitírselo. El ayuntamiento y los defensores de las personas sin hogar lo han demandado para que implemente dicha medida.
¿Defender a la policía?
Una prueba clara de lo que un socialista puede hacer en el marco de un Estado capitalista es la gestión policial. Mamdani enojó a muchos de sus partidarios al mantener en el cargo a la comisionada de policía Jessica Tisch, una multimillonaria conservadora.
En los seis años transcurridos desde las protestas por George Floyd, pasó de la consigna de retirar fondos a la policía (“defund the pólice”) a defenderla. Sus planes para crear una “División” de Seguridad Comunitaria —encargada de coordinar la prevención de la violencia y de proporcionar profesionales de salud mental para intervenir en crisis psiquiátricas— han quedado reducidos a una simple “Oficina” con una fracción del presupuesto y una plantilla mínima.
El cuerpo policial bajo la gestión de Mamdani (que mantiene su presupuesto de 6.400 millones de dólares) sigue enviando a agentes armados a situaciones relacionadas con la salud mental y continúa deteniendo de manera desproporcionada a personas negras; además, la odiada unidad especial SRG sigue facilitando la labor de los agentes del ICE al echar a manifestantes de las calles.
Ámbito laboral
Mamdani se ha pronunciado durante años a favor de los sindicatos y de las personas trabajadoras explotadas, pero parece mostrarse menos receptivo en aquellos aspectos donde tiene mayor control.
Correctamente, Mamdani respaldó públicamente a los repartidores de Amazon, quienes son clasificados indebidamente como empleados de terceros. Amazon se opone a la Ley de Protección del Reparto (Delivery Protection Act), la cual sigue siendo objeto de debate. Su administración también comenzó a aplicar leyes contra las prácticas engañosas en materia de propinas, lo que permitió que los repartidores de la ciudad recibieran 104 millones de dólares en concepto de propinas.
Por otro lado, ha cambiado de postura respecto a la lucha “No More 24” (No más turnos de 24 horas). Anteriormente, apoyaba a las trabajadoras migrantes —en su mayoría son mujeres— que se oponían a los inhumanos turnos de 24 horas cuidando a personas con discapacidad en sus domicilios, por los cuales solo recibían remuneración por 13 horas.
Ahora, como alcalde, se alinea con las agencias de cuidados y las compañías de seguros, las cuales argumentan que pagar íntegramente dos turnos de 12 horas desestabilizaría perjudicialmente el sistema de atención debido a la falta de fondos. Este colectivo de trabajadoras está indignado con el alcalde y con la presidenta del Consejo Municipal por haber incumplido sus promesas y permitir que las consecuencias de la falta de financiación recaigan sobre las trabajadoras del sector de cuidados más marginadas y explotadas.
Cabe destacar que los contratos con los principales sindicatos de empleados municipales vencen el próximo año. Muchas personas de los sindicatos celebraron la elección de un alcalde abiertamente favorable a los sindicatos; sin embargo, aquellas que ahora se organizan para la campaña de negociación temen que las limitaciones presupuestarias de la ciudad conviertan el proceso en una ardua lucha.
Militantes de la DSA forman parte de las luchas desde abajo para exigir aumentos salariales sustanciales para la gente trabajadora peor pagada. No obstante, existe el temor de que los vínculos de la dirección de NYC-DSA con Mamdani obstaculicen la movilización necesaria para esta lucha. Las batallas de los sindicatos municipales serán clave para evaluar el “efecto Mamdani”.
Conclusión
Nadie cree que los oponentes de Mamdani hubieran actuado mejor en ninguna de estas cuestiones; es probable que hubieran sido peores. Pero debemos exigir más.
Me alegró escuchar a Mamdani decir en su discurso de aceptación: “Me postulé como socialista democrático y gobernaré como socialista democrático”. Sin embargo, hay pocos indicios de ello… a menos que se refiriera a que los socialdemócratas tradicionalmente atacan a la clase trabajadora cuando ocupan cargos públicos en tiempos de dificultades económicas.
Pero existe otra vía.
Hoy en día, en Estados Unidos, Trump y sus políticas son cada vez menos populares. Sin embargo, el Partido Demócrata también es visto negativamente como parte de un statu quo inoperante. La extrema derecha ejerce una influencia peligrosa a nivel nacional, pero, al mismo tiempo, más personas tienen una percepción positiva de alguna forma de “socialismo”.
Es un buen momento para exponer con claridad argumentos socialistas positivos y para comenzar a construir una alternativa que ofrezca esperanza frente al sistema bipartidista.
Figuras como Mamdani y AOC simbolizaron el rechazo a las y los demócratas vinculados a las grandes corporaciones, pero al mismo tiempo los respaldaron y reintegraron a los sectores progresistas en el Partido Demócrata, calificado —con razón— como el cementerio de los movimientos sociales.
En última instancia, el cambio real surge de la participación masiva, no simplemente de elegir a determinadas figuras, por muy elocuentes y capaces que sean, como es el caso de Mamdani. No obstante, las elecciones y los movimientos pueden reforzarse mutuamente si se articulan sobre una base de clase. Ya lo veremos. Es posible que la gestión de Mamdani en Nueva York nos brinde más margen para organizarnos, pero ello requerirá participación activa, no una actitud pasiva a la espera de lo que hagan los líderes.
Si no luchamos y el alcalde se ve obligado a aplicar medidas de austeridad, corremos el riesgo de desacreditar la idea del “socialismo”, tal como ocurrió cuando anteriores alcaldes demócratas allanaron el camino a los republicanos, o como sucedió cuando la decepción con el presidente Biden facilitó el regreso de un Trump aún más extremista para un segundo mandato. Si no ofrecemos una alternativa que inspire esperanza, la extrema derecha buscará llenar ese vacío.
La elección de Mamdani generó expectativas de alcanzar una mayoría. El desafío actual consiste en mantener vivas esas expectativas y evitar que la lealtad hacia él conduzca a una rebaja de las aspiraciones de la izquierda. La izquierda socialista revolucionaria debe luchar junto a otros sectores por reformas reales, planteando al mismo tiempo cuestiones de clase y defendiendo la necesidad de un cambio más profundo en nuestra sociedad.






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