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Un golpe para Trump —y para la extrema derecha en todo el mundo—. Pero, ¿qué pasará ahora?

Donald Trump ha quedado políticamente debilitado —y la extrema derecha se tambalea— tras sufrir derrotas humillantes en las elecciones legislativas (midterm: a la mitad del mandato presidencial) en Estados Unidos.

Los republicanos se preparaban el miércoles para una “ola azul” de victorias demócratas. Cuando llegó fue, en realidad, un tsunami azul.

El Partido Demócrata ostenta ahora la mayoría en ambas cámaras del Congreso de EEUU. Es solo la tercera vez en 50 años que un partido pierde el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado de forma simultánea.

El Partido Republicano no logró retener escaños para el Congreso en los que habían manipulado los distritos electorales: una práctica conocida como gerrymandering. Rediseñaron las fronteras de diferentes distritos en Florida, Carolina del Norte, Alabama y Texas para impedir que los demócratas obtuvieran la mayoría, pero fracasaron.

Entre las victorias clave, destaca la de Texas, donde James Talarico —quien adoptó una postura de izquierdas durante la campaña— ganó el escaño para el Senado con una ventaja de más de un millón de votos. Es el primer demócrata que obtiene un escaño para el Senado por Texas desde 1988.

Los demócratas también arrebataron a los republicanos antiguos bastiones en Kansas, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, Iowa y Maine.

Multimillonarios del sector tecnológico intentaron comprar las elecciones, pero fracasaron. Se destinó una cifra récord de 11.900 millones de dólares a campañas y publicidad, la mayoría para los republicanos.

Gran parte de este capital provenía de fuentes de “dinero oscuro”, como las criptomonedas y legalmente dudosas organizaciones “sin ánimo de lucro”. Solo Elon Musk aportó casi 500 millones de dólares a la campaña republicana.

Las elecciones de mitad de mandato supusieron un veredicto devastador sobre el segundo mandato de Trump.

Su presidencia ha estado marcada por la guerra, deportaciones violentas y una crisis por el aumento descontrolado del coste de la vida.

La guerra de EEUU contra Irán ha disparado la inflación, especialmente en los precios de los alimentos y el combustible. Además, los aranceles impuestos por Trump al comienzo de su segundo mandato ya habían encarecido muchos productos en Estados Unidos.

El precio de la gasolina aumentó un 34,2 % durante el periodo de 12 meses que finalizó en septiembre. Las corporaciones petroleras estadounidenses han obtenido más de 130.000 millones de dólares en beneficios durante la guerra, en comparación con los beneficios de 47.000 millones el año anterior.

Sin embargo, Trump se jactó de que los ricos se están haciendo aún más ricos, burlándose así de las y los votantes. En un mitin celebrado a finales de septiembre, el expresidente declaró: “el sector estadounidense del petróleo y el gas está ganando cientos de miles de millones de dólares… Mi equipo me dijo: ‘Por favor, no mencione eso, señor, porque la gente está pagando un poco más’… Me importa un bledo, lo voy a decir: estamos ganando una maldita fortuna.”

Una encuesta de octubre, realizada por el Washington Post, ABC News e Ipsos, situó su índice de aprobación en materia económica en apenas un 28%.

Trump se presentó a sí mismo como un “forastero” ajeno al establishment, prometiendo restaurar el “sueño americano”. No obstante, los republicanos impulsaron las mismas políticas de siempre, que han golpeado duramente a la clase trabajadora mientras llenaban los bolsillos de los más ricos.

Los fracasos de Trump alimentaron una radicalización derechista de su régimen, especialmente en lo que respecta a las deportaciones masivas.

Las violentas detenciones y deportaciones llevadas a cabo por el ICE fueron otro factor determinante en las elecciones de mitad del mandato.

Las personas racializadas se enfrentan al acoso y al peligro, independientemente de su estatus migratorio.

Las personas latinas —que en 2024 repartieron sus votos casi a partes iguales entre Trump y la candidata demócrata Kamala Harris— terminaron dándole la espalda al Partido Republicano.

Esto incluye a personas que han creído en la mentira de la derecha de que la inmigración constituye un problema.

Javier Villalobos, alcalde republicano de McAllen (Texas), comenta: “La inflación, la economía… todo es importante… Pero lo que te afecta de inmediato, lo que te golpea a nivel personal, es la represión: ver a los agentes del ICE, con el rostro cubierto, sacando a la gente de sus vehículos”.

Él afirma que los votantes republicanos que apoyan la “seguridad fronteriza” se han alejado debido a “la ofensiva contra la comunidad hispana”.

Una encuesta reciente de CBS News reveló que casi el 60% de las personas latinas considera que la administración Trump ha deportado a más personas de lo que esperaban.

La magnitud del programa de deportaciones de Trump ha generado tensiones entre algunos empresarios, quienes dependen tanto de la estrategia racista de “dividir y vencer” como de la mano de obra migrante.

Benny Meléndez, un ciudadano latino propietario de una pequeña empresa de construcción, votó por Joe Biden en 2020 y por Trump en 2024, ha levantado una valla alrededor de su empresa para evitar que los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) detengan a sus trabajadores. “Ahora me arrepiento de haber votado por Trump”, comenta.

En varios de los estados clave (“estados bisagra”), candidatos demócratas progresistas y de tendencia izquierdista han obtenido victorias contundentes.

Talarico basó su campaña en una mayor financiación pública y en la derogación de los recortes fiscales que benefician al 1 por ciento más rico. Ha abogado por el fin de la guerra con Irán y de la venta de armas al gobierno de Benjamin Netanyahu —aunque no necesariamente a Israel en su conjunto—.

Michigan fue otro escenario electoral decisivo. El estado ha contado con un senador demócrata durante 12 años, pero votó por Trump tanto en 2016 como en 2024.

El candidato demócrata Abdul El-Sayed llevó a cabo una campaña sencilla: “Sacar el dinero de la política, poner dinero en sus bolsillos y aprobar un sistema de salud universal (Medicare for All)”.

Mike, un sindicalista de Michigan, declaró a Socialist Worker: “Palestina ha movilizado a la gente”. “Por primera vez en la historia, una postura a favor de Palestina goza de popularidad en Estados Unidos; entre los votantes demócratas, es abrumadoramente popular”.

“La campaña de Abdul El-Sayed se centró en el coste de la vida, pero no eludió las preguntas sobre Palestina o los derechos de las personas trans”.

El-Sayed ha sido objeto de ataques desde ambos lados. Haley Stevens, partidaria de Israel —a quien él derrotó en la contienda por la candidatura demócrata—, expresó su apoyo al republicano Mike Rogers pocos días antes de las elecciones.

A pesar de ello, El-Sayed ganó con una ventaja de más de 6 puntos sobre Rogers.

Mike añadió: “La opinión convencional dentro de la cúpula demócrata sostiene que hay que atraer al centro. Pero es más fácil ganar a personas que votaban por los republicanos por un sentimiento antisistema mediante candidatos progresistas que mediante moderados.”

“Creo que lo de Haley Stevens no solo iba de Israel. Se trata de un sector del ala derecha del Partido Demócrata que teme profundamente el ascenso de los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) y de los demás progresistas”.

En Florida, la demócrata Angie Nixon se quedó a las puertas de la victoria frente a Ashley Moody. Nixon es una figura progresista, alineada con Bernie Sanders y miembro de DSA.

Grupos reaccionarios contrarios al derecho a decidir invirtieron 80 millones de dólares en campañas contra figuras como Talarico, Nixon y Sherrod Brown (en Ohio). Pero también fracasaron.

Socialistas Democráticos de América es la organización socialista más grande en la historia de Estados Unidos, alcanzando los 130.000 miembros en 2026. Por lo general, funciona como un grupo de apoyo electoral, respaldando a candidatos progresistas que se presentan bajo las siglas del Partido Demócrata.

Zohran Mamdani, de Nueva York, es un ejemplo bien conocido de éxito con el respaldo de DSA.

Las recientes victorias —y los resultados muy ajustados— de los candidatos de DSA y de otros sectores progresistas deberían servir de impulso para todas las personas que desean un cambio fundamental.

Sin embargo, la historia demuestra que el Partido Demócrata no es la solución. Los demócratas han iniciado guerras en Oriente Medio, han infrafinanciado la atención sanitaria y han encarcelado y deportado a personas migradas. Bajo la administración Biden, las operaciones del ICE se intensificaron.

En la llamada “ola azul”, resultaron elegidos muchos más demócratas “moderados” que progresistas —ni hablar de integrantes de DSA—. Serán ellos quienes marquen la agenda.

Ciertos sectores del establishment demócrata son conscientes de que deben adaptarse para sobrevivir. El expresidente Barack Obama, por ejemplo, expresó su apoyo a El Sayed. Su objetivo es canalizar el sentimiento que este representa hacia el callejón sin salida que supone el Partido Demócrata.

Una de las derrotas más contundentes para Trump no tuvo nada que ver con las elecciones.

En enero de 2026, en Minneapolis y el conjunto del estado de Minnesota, una serie de manifestaciones por todo el estado contra la violencia del ICE sacudieron el país.

La resistencia masiva frente a las violentas redadas de deportación, junto a una jornada de huelga, lograron expulsar a la mayor parte de los 3.000 agentes del ICE que Trump había desplegado en la ciudad.

En Los Ángeles (California), se produjo un levantamiento contra el ICE en junio de 2025.

Sin embargo, Víctor Fernández, socialista y activista por los derechos de las personas migradas en Los Ángeles, señala que las deportaciones han vuelto a aumentar. “Creo que Trump está intentando, deliberadamente, movilizar a su base”, declaró al Socialist Worker.

“La gente se está organizando en contra y participando en el movimiento; no obstante, algunos insisten mucho en las elecciones, en el voto y en la idea de que los demócratas vendrán a salvarlos”.

“Con el tiempo, ese discurso empieza a sonar vacío”, añadió. “La izquierda liberal está centrada en las elecciones, pero es en los movimientos que actúan en la calle donde la gente empieza a cuestionarse las cosas”.

“Lo que más me preocupa ahora mismo es que se produzca una desmovilización”.

Trump está debilitado, pero la extrema derecha no ha desaparecido. Él ya ha advertido que vetará cualquier legislación demócrata y podría recurrir al terror en las calles.

La esperanza reside en la revuelta en las calles, los campus universitarios y los centros de trabajo, no en canalizarla a través del Partido Demócrata.