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Marx21.net

Este verano, en la ciudad de Barcelona, hemos vivido un resurgimiento de la actividad de grupos fascistas.

Esta noticia, sin duda negativa, tiene una parte positiva, que ha sido la confrontación en las calles de los actos fascistas, una confrontación, además, que ha tenido una base amplia, no restringida a unas u otras siglas concretas, asumiendo que el crecimiento del fascismo es un peligro que nos interpela a todas.

La primera movilización fue con diferencia la más esperpéntica. La campaña Save Europa Act impulsada por Martin Sellner y Eva Vlaardingerbroek, logró reunir apenas a una cincuentena de personas en la Plaça de Sant Jaume el pasado 22 de agosto para pedir la “remigración” (una nueva palabra en la neolengua fascista para nombrar el viejo concepto de la limpieza étnica). Mientras los fascistas tenían problemas para desplegar la sobredimensionada pancarta que habían traído, eran confrontados por entre cuatrocientos y quinientos antifascistas. Un fracaso en toda regla.

La concentración más exitosa en términos de asistencia para los fascistas fue la del día 2 de septiembre, igualmente en Plaça de Sant Jaume. Con la excusa de la crisis humanitaria de Sabta/Ceuta, y con el apoyo inestimable de un Partido Popular que no tiene ningún complejo para salir en la foto con lo más florido del fascismo, incluidas las banderas de grupúsculos neonazis como Núcleo Nacional, se reunieron unas 1.500 personas para gritar vergonzosas consignas que poco de solidario tienen con nadie.

Fueron confrontadas de nuevo por una movilización antifascista convocada de urgencia que, si bien no logró superar a los fascistas (la Guardia Urbana habla de unas 700 personas), sí que logró el objetivo de disputar el espacio a los fascistas, dado que en un primer momento se planteó por parte de las autoridades dejar la plaza a los fascistas, y desplazar la convocatoria antifascista a otro espacio, retirado de la Plaza Sant Jaume.

La convocatoria inicial de contramani fue de UCFR Barcelona, el movimiento unitario. Esto permitió que se sumasen desde CCOO y la UGT hasta la Coordinadora Antifeixiste y grupos anarquistas, y así se consiguió una fuerza importante. La presión de las organizaciones convocantes evitó la vergüenza de que los fascistas se ocuparan el centro simbólico del poder en Catalunya sin oposición.

Por último (por ahora), debemos hablar del fascismo con estelada. El 10 de septiembre, con motivo de los actos previos a la Diada, Aliança Catalana, como ya viene siendo costumbre desde la irrupción de este grupo de ultraderecha en el paisaje independentista catalán, quiso utilizar el simbólico espacio del Fossar de les Moreres como marco de su discurso de odio. Unos 500 militantes del partido ultra con estelada fueron confrontados esta vez por entre 3.00 y 7.000 manifestantes contra el fascismo, según el medio consultado.

La extrema derecha crece cuando no se la confronta, cuando se normaliza la presencia de sus discursos en nuestras calles.

Este inicio de curso político en Barcelona nos recuerda la necesidad de confrontar en todo momento los discursos de odio con movimientos amplios y de base.

No podemos normalizar su presencia en nuestras calles.