Paco Priego
Llevamos ya unos cuantos largos meses del segundo mandato de Donald Trump.
Es un periodo en el que hemos sido testigos de una serie de decisiones tan estrambóticas que, si nos hubiesen sido presentadas en una película que no fuese una comedia disparatada, al estilo de Idiocracia, nos hubieran hecho salir del cine exigiendo la devolución de nuestro dinero, ante tamaño desvarío imposible de creer que pudiera suceder en el mundo real.
Y, sin embargo, la realidad supera a la más delirante ficción. Pero, a pesar de las numerosas violaciones de derechos civiles y humanos, o de la destrucción del ya de por sí escaso Estado del bienestar estadounidense, los grandes titulares se los está llevando su errática política comercial, tan inestable que lleva a dudar si es la obra de un genio loco que piensa fuera de cualquier caja, o simplemente los desvaríos de un idiota al que el cargo que ostenta le viene muy grande.
Personalmente, no me gusta atribuir a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez.
Lo que importa es que esta política ya está empezando a causar grietas entre los dos bloques que apoyan a Trump. Por un lado, están los “Make America Great Again” (MAGA, “Haz que América Sea Grande de Nuevo”) de toda la vida, provenientes de la Alt-right populista y reflejados en el asalto al Capitolio en 2021. Por el otro, los partidarios de la oligarquía de Silicon Valley, acabados de llegar al mundillo MAGA.
Tras el fracasado “Día de la Liberación” de Trump, Elon Musk, que ya había criticado abiertamente su política arancelaria, se despachó en X, red social de la que es propietario, contra Peter Navarro, asesor de comercio del gobierno Trump. “Más tonto que un saco de ladrillos”, fue uno de los calificativos que le obsequió, además de referirse a él como “Peter Retarrdo”.
La salida de Musk
Aunque al principio desde la Casa Blanca se quiso quitar hierro a la disputa, el mal ambiente ya era difícil de ocultar. Este, unido al malestar de los accionistas de las empresas de Musk —principalmente de Tesla, muy afectada por la negativa imagen de marca que el alineamiento de su cabeza visible con las políticas de Trump causaba— acabó provocando la salida de Elon Musk del gabinete Trump.
Sin embargo, nos equivocaríamos si pensáramos que, con ello, los MAGA clásicos han ganado en su guerra contra los partidarios de la tecno-oligarquía. Aunque sea Musk quien se lleva todos los focos, en realidad Trump tiene sentado a su lado, como a su segundo de a bordo, al verdadero hombre de Silicon Valley en el gobierno: su vicepresidente, J.D. Vance.
A diferencia de la mayoría de actores del panorama político estadounidense, provenientes de familias acomodadas, Vance nació en Middletown, Ohio, una pequeña ciudad del llamado “Cinturón del Óxido”, en una familia de clase trabajadora. Una familia, además, claramente desestructurada.Si Vance fuese un villano de película, sería esa clase de villano con el que empatizamos, al ver como la vida lo ha maltratado. Con una madre con problemas de adicciones, y un padre ausente, Vance fue criado a efectos prácticos por sus abuelos maternos, cuyo apellido adoptó legalmente en 2014. De hecho, es el tercer apellido que ha ostentado en su vida, tras los de Bowman, su padre biológico, y Hamel, el del tercer esposo de su madre.
Criado en un ambiente de falta de oportunidades, tras graduarse en la escuela secundaria en 2003, tomó la salida que muchos jóvenes estadounidenses en su misma situación eligen para escapar de la pobreza: enrolarse en el ejército. Vance sirvió durante cuatro años en los Marines, y estuvo destinado durante algún tiempo en Irak, aunque no en puestos de combate.
Tras licenciarse en 2007, Vance (o Hamel, como todavía se llamaba por entonces) se acogió a la llamada G.I. Bill, un programa de ayuda a veteranos que le permitió financiar su educación universitaria. Importante remarcar este dato, viendo los recortes salvajes que el Gobierno del que forma parte está haciendo con los mismos.
Aquí se descubrió que aquel muchacho que se había enrolado para escapar de la miseria era en realidad un genio. En 2009 se graduó con las máximas calificaciones en ciencias políticas y filosofía en la Ohio State University. Posteriormente ingresó en la facultad de derecho de la prestigiosa universidad de Yale, graduándose en 2013.
Tres acontecimientos importantes ocurrieron durante la estancia de Vance en Yale.
El primero ya lo hemos mencionado, es en esa época cuando decidió adoptar legalmente el apellido Vance.
El segundo, que uno de sus profesores le sugirió poner por escrito las memorias de su juventud. El resultado fue el libro Hillbilly Elegy, subtitulado como “memorias de una familia y una cultura en crisis”, que se publicó en 2016, convirtiéndose en un best seller que Netflix llevaría a la gran pantalla en 2020, con Glenn Close interpretando a la abuela de Vance. La película recibió críticas mixtas. Hillbilly Elegy nos permite atisbar el inicio del proceso de seducción por la ultraderecha de aquel chico brillante pero marginado.
El tercer acontecimiento es que estando en Yale es cuando Vance entra en contacto con el gran mecenas de la ultraderecha norteamericana, Peter Thiel, durante una conferencia que este dio en la citada universidad.
Si fue Thiel quien primero vio en Vance madera de político, queda para la especulación. El caso es que, tras una breve carrera como asistente judicial en el Distrito Este de Kentucky, y posteriormente como abogado corporativo, en 2016 Vance entra a trabajar para Thiel en Mithril Capital, una firma de capital de riesgo que operaba en el entorno de Silicon Valley, introduciéndose así en el entorno tecnoempresarial.
Gracias al éxito de Hillbilly Elegy, también comienza por entonces a colaborar en prensa y televisión. En 2019, con el mecenazgo de Thiel, Vance cofunda Narya Capital, firma también dedicada al negocio del capital riesgo.
En esta época es cuando empieza a involucrarse en el mundo de la política. En 2019 cofunda el grupo de presión conservador Rockbridge Network. También se involucra en With Honor Fund, un comité para financiar candidaturas de veteranos del ejército. Posteriormente se involucró con la organización American Moment, un grupo dedicado al reclutamiento y formación de jóvenes conservadores, relacionada con el infame Project 2025 del think tank conservador The Heritage Foundation.
Es importante destacar que estas fechas coinciden con la campaña electoral y primer mandato de Trump (2017-2021). La opinión que Vance tenía de este por aquel entonces era bastante negativa. Formó parte de Never Trump (“Nunca Trump”), movimiento conservador que se opuso a la nominación del futuro presidente como candidato republicano.
En 2016 dijo de él cosas como: “Voy y vengo entre pensar que Trump es un imbécil cínico… o que es el Hitler de Estados Unidos”. Que alguien como Vance te compare con Hitler no estoy seguro de si es un insulto o un halago.
Bromas aparte, estas fueron palabras de las que posteriormente tuvo que desdecirse, al comenzar su propia carrera política en un Partido Republicano ya plenamente colonizado por la secta MAGA.
En 2021, finalmente se decidió a presentar su candidatura a senador por Ohio. Nuevamente hemos de mencionar a Peter Thiel, fue quien aportó diez millones de dólares para financiar su campaña. En mayo de 2022, Vance ganó las primarias del Partido Republicano, y en noviembre derrotó al candidato demócrata, convirtiéndose en senador por Ohio en enero de 2023. Ese mismo mes apoyó a Trump como candidato a la presidencia en las primarias del Partido Republicano. Olvidados quedaban aquellos tiempos de Never Trump.
En julio de 2024, Trump acabaría eligiendo a Vance para acompañarlo en su candidatura electoral como candidato a vicepresidente.
La presión de importantes magnates de Silicon Valley a favor de Vance, habría decantado la balanza a su favor en detrimento de Doug Burgum y Marco Rubio. El resto es de sobra conocido: en noviembre Trump ganó las elecciones, y en enero de este año fue nombrado presidente, con Vance como su segundo.
Desde entonces, el Vance que llamaba imbécil cínico a Trump ha ejercido como su bulldog, como se vio en el encontronazo que tuvo en la Casa Blanca con el presidente ucraniano Zelensky, o el discurso amenazante que pronunció en la base militar de Pitufik, en Groenlandia.
Pero ¿realmente siente la fe del converso, o es todo teatro? Vance es un genio rodeado de idiotas, y hay que reconocerle que cree realmente en la meritocracia. Es difícil imaginarlo cómodo en la compañía de incompetentes como Pete Hegseth o Robert F. Kennedy jr. A no ser que espere su momento para ser califa en lugar del califa.
Trump ha fantaseado con esquivar la limitación constitucional de los dos mandatos, pero eso es casi imposible que pase, ya sea por impedimento legal, o por el simple hecho de que es un anciano. En cambio, Vance es un hombre relativamente joven, tiene ahora mismo 39 años. Además, es alguien que une alrededor de su figura al votante MAGA de clases populares, que se ve reflejado en su biografía, con los partidarios de la oligarquía de Silicon Valley, territorio donde Vance se ha curtido y tiene valiosos contactos. Es el reemplazo evidente para que el trumpismo sobreviva a Trump.
Naturalmente, existe el problema de cómo se presentará Vance a esas elecciones, con la pérdida de popularidad que está sufriendo el Partido Republicano por el desastre que está causando Trump, pero, ¿y si no fuese necesario?
Hagamos un ejercicio de política-ficción. Si Trump es destituido por la razón que sea, Vance automáticamente se convertiría en Presidente y podría, durante el tiempo que le quedase del mandato heredado de Trump, enderezar algunas cosas y entonces sí presentarse con opciones a su reelección.
Y si, además, Trump hubiera llegado a completar al menos la mitad de su mandato antes de ser destituido, al haber ocupado Vance la presidencia durante menos de dos años, no superaría el mínimo tiempo en el cargo que la Constitución de Estados Unidos, en su Enmienda XXII, establece para estar sujeto a la restricción de dos mandatos.
Si se diese ese caso, y Vance ganase las elecciones, podría volver a ser candidato al terminar su mandato. Es un hombre joven, así que está claro que tanto él como quienes le han apoyado, esperan que complete dos mandatos como presidente algún día. Y difícilmente podrá tener la ultraderecha otro aspirante tan capacitado, con su carisma y sus contactos, en ningún futuro cercano. Es ahora o nunca.
Sé que esto parece una locura, pero cosas más locas hemos visto en estos cuatro meses largos. En cualquier caso, a día de hoy, puede que Vance sea el mayor peligro latente en el ecosistema de la ultraderecha. Una figura a la que, eclipsada por Trump, nadie está prestando la atención que merece. Probablemente, un gravísimo error.
Semanas después de redactar este artículo, aparece esto en el Twitter de Musk; apoya la propuesta de quitar de la presidencia a Trump, para poner a Vance:






