ES CA

Introducción
¿Guerra híbrida y “chantaje marroquí”?
Ni gran plan de invasión, ni “Gran reemplazo”
¡Abrir las fronteras!
Historia colonial
Orientarnos

PDF en DIN A4 · PDF en DIN A3

Algunos de los hechos ya son bien conocidos. A finales de julio, unas 70 o 80 mil personas pasaron de territorio marroquí a la ciudad de Sabta (su nombre en árabe; se ha castellanizado como Ceuta).

Muchas personas entraron a nado por mar, lo que según una reciente decisión del Tribunal Supremo significa que tienen el derecho a ser atendidas individualmente, con la posibilidad de solicitar asilo. (El escándalo es que a las personas que buscan asilo pero cruzan la valla terrestre, no se les reconozca este derecho bajo la ley internacional de refugio, sino que pueden sufrir una “devolución en caliente”, sin la oportunidad de ser escuchadas.)

La ONG Caminando Fronteras cifra en 141 las personas fallecidas durante esos días: algunas que se ahogaron en el mar y otras que murieron aplastadas mientras intentaban cruzar la frontera terrestre.

La enorme mayoría de las personas que entraron en Sabta volvieron a salir bastante rápidamente, bien de manera voluntaria o empujadas por las porras de las fuerzas de seguridad.

Las personas que se quedaron —incluyendo a miles de menores de edad, muchas de ellas niñas— llevan ya semanas malviviendo en la playa, en los barrios, y en algunos casos en los improvisados centros oficiales de acogida. Una parte importante de la ayuda que han recibido se debe a los y las vecinas de Sabta que se han movilizado de manera solidaria y voluntaria para ofrecer alojamiento, comida y demás.

Hace pocos años, llegó de repente un número mucho mayor de personas refugiadas de Ucrania, ante el ataque ruso contra su país. En ese caso, fueron recibidas dignamente, contando muy rápidamente con casas, permisos de trabajo, escuela para sus hijos e hijas, atención sanitaria adecuada…

La tormenta en este caso, ante la presencia de unos miles de personas —muchas de ellas huyendo de guerras en diferentes países de África, por tanto con el mismo derecho al refugio que las personas que huyeron de la guerra en Ucrania— solo se explica como fruto del racismo.

Nos referimos a la tormenta de declaraciones denunciando la llegada de estas personas. No sorprende oír estas cosas de la extrema derecha —VOX y, en Catalunya, también Aliança Catalana— o del PP, que en este tema dice casi lo mismo que VOX.

Pero muchas voces de izquierdas se han hecho eco de las denuncias de una “invasión”, incluso de una “guerra híbrida”. Estas denuncias se suelen acompañar de frases contra el racismo, pero ya han aceptado el marco mental de ver a las personas —desde refugiadas de Sudán hasta menores de edad que no veían un futuro en Marruecos— como un arma que amenaza la “integridad territorial de España”. Bajo esta visión, quienes llegaron no serían personas cuyos derechos se deben respetar, sino ocupantes hostiles: una actitud que cuadra para la extrema derecha, pero que no ha de ocupar un lugar entre la izquierda.

En la red anticapitalista Marx21, discrepamos totalmente de esto. Presentamos una visión muy diferente en un artículo que publicamos el 31 de julio: “hablar de una ‘invasión’ de España es profundamente reaccionario: primero, Sabta es un territorio ocupado por el Estado español; segundo, es la extrema derecha la que tacha a las personas refugiadas y migradas de ‘invasoras’.”

Aquí ampliaremos algunos de los argumentos.

¿Guerra híbrida y “chantaje marroquí”?

A inicios de agosto, en la edición portuguesa de Público apareció el artículo “¿Crisis migratoria o guerra híbrida?”. El autor optó claramente por la segunda: “No me cabe duda de que, en Ceuta, no nos enfrentamos a una ‘crisis migratoria’, sino a una operación militar híbrida organizada por Israel y Marruecos, o con su consentimiento.” No lo escribió un representante del partido de extrema derecha en Portugal, Chega, sino un académico proveniente de la izquierda trotskista.

El 21 de agosto de 2026, Javier Biosca Azcoiti, responsable internacional de ElDiario.es, publicó el artículo “Una red ultra de EEUU e Israel utiliza Ceuta para atacar España”, en el que afirma que “‘Think tanks’, influencers y políticos ultraconservadores y proisraelíes llevan meses tratando de promover narrativas sobre la ‘ocupación’ española de Ceuta y Melilla para atacar al Gobierno español por sus críticas hacia EEUU e Israel”. Más tarde comenta que estas declaraciones se han esgrimido para “alimentar sin pruebas una teoría de la conspiración que sostiene que Israel y EEUU están detrás de lo ocurrido en la ciudad autónoma”. Pero luego reproduce cada vez más ejemplos de tales declaraciones, dejando la impresión de que el tema va de conspiraciones, y no de personas que realmente querían cruzar la frontera, pero a las que normalmente se les impede por la brutal represión ejercida en ambos lados.

Y el 22 de agosto de 2026, el periodista y tertuliano Antonio Maestre, que se supone que es de izquierdas, escribió en ElDiario.es: “Marruecos atacó Ceuta usando un flujo migratorio… Marruecos ha realizado una simulación de Marcha Verde y España ha sido tan timorata y cobarde como lo fue con la primera… España no controla sus fronteras y Marruecos lo sabe, pero también EEUU e Israel.” Es cierto que incluye algunas frases de preocupación acerca de las condiciones terribles de las personas migradas. Sin embargo el eje del texto es otro: que “España no controla sus fronteras”… Si ese es el problema, la solución sería fortalecer —militarizar— aún más las fronteras europeas, más allá de las políticas actuales que ya han provocado decenas de miles de personas muertas. Y en conjunto, de nuevo, se presenta a las personas como objetos, incluso como armas, no como seres humanos con derechos.

De hecho, estos artículos reflejan lo que están diciendo los socios de izquierdas del PSOE en el Congreso.

El Movimiento Sumar emitió una declaración que expone que “la dictadura marroquí utiliza a su población como arma política: la Marcha Verde de 1975 ya demostró que Rabat no tiene problema en usar a su propia gente como herramienta de expansión y presión territorial”. También señala a Trump y Netanyahu. Es cierto que el texto expresa preocupación por las condiciones de las personas migradas, pero al final exige “una respuesta compartida por todas las formaciones políticas en defensa de la soberanía española frente a quien la ataca”. ¿Están denunciando que el PP y VOX no defienden suficientemente la “soberanía española”?

Gabriel Rufián tuiteó: “La dictadura marroquí al servicio de EEUU e Israel chantajea un verano más a España y Europa convirtiendo a su propia gente en carne de cañón arrojadiza. Algo que en lugar de ser objeto de politiqueo partidista debería ser objeto de un pacto de Estado transversal.” Más o menos la misma cuestionable línea que Sumar.

Finalmente, tenemos la declaración conjunta: “CCOO Ceuta y UGT Ceuta ante la invasión sufrida por en Ceuta hace un mes”. Afirma que “La invasión de 80.000 personas los días 30 y 31 de julio fue un ataque sin precedentes a la soberanía española que no puede quedar impune.” Exigen al Gobierno “actuar con firmeza frente a Marruecos” y piden “Refuerzo de la seguridad fronteriza: Se debe garantizar un control efectivo de la frontera para evitar nuevas entradas masivas y proteger la integridad territorial española.”

Hay bastante consenso, desde la extrema derecha hasta la izquierda institucional más allá del PSOE, que los eventos en Sabta constituyen un atentado contra la “integridad territorial de España”; las discrepancias están en si culpan más a Pedro Sánchez; o a Marruecos, EEUU e Israel. (Por su parte, el PSOE hace malabarismos para insistir —sin presentar pruebas— en que las personas que nadaron unos centenares de metros lo hicieron como parte de una gran operación mafiosa.)

Respecto a Mohamed VI y el resto de la clase dirigente marroquí, está claro que tienen sus propios intereses. Su larga rivalidad, incluso enemistad, con el Estado argelino es un elemento, especialmente en el contexto de la cuestión del Sáhara. Respecto a esto, Pedro Sánchez ha hecho malabarismos recientemente, aceptando elementos clave de la posición marroquí sobre el Sáhara, pero luego reuniéndose con el gobierno argelino. Por otro lado, las crecientes relaciones entre Rabat, Washington y Tel Aviv pueden ser un elemento añadido.

Pero sean cuales fuesen los intereses de estos “grandes actores”, esto no quita otros hechos clave para las izquierdas en el Estado español, y en Europa más generalmente.

Decenas de miles de personas querían cruzar la frontera, para escapar de las guerras, del desastre climático, de la destrucción de sus economías por las dinámicas del capitalismo global, o por mil motivos más, incluyendo el simple deseo de conocer más partes del mundo. Aprovecharon las condiciones de finales de julio para hacer lo que ya querían hacer, tenían sus propios motivos. La gran cuestión, a la que volveremos más adelante, es el hecho de que la mayoría del tiempo las políticas fronterizas de la UE, incluyendo la externalización/subcontratación de la represión al Estado marroquí, entre otros países, les impiden moverse como quieren.

Aquí debemos señalar que si —como es muy posible— el Estado marroquí ha intervenido en los acontecimientos, utilizando a su propia gente para presionar al Gobierno español, solo lo ha podido hacer porque la UE le ha dado este poder. Están pagando mucho dinero a diferentes países del norte de África —incluyendo a Libia en guerra— para reprimir a las personas migradas, sin importar los derechos humanos.

El hecho de externalizar las fronteras, a países que respetan los derechos humanos aún menos que los países europeos, provoca que la migración se pueda utilizar como moneda de cambio, presión política, económica, territorial, etc.

A la izquierda en el Estado español nos toca denunciar estas políticas europeas, racistas y represivas: no alguna posible decisión marroquí de reducir la represión, brevemente y por los intereses que fuese.

Ni gran plan de invasión, ni “Gran reemplazo”

La idea de que casi todo lo que ocurre en el mundo responde a conspiraciones y grandes planes dictados desde Washington y/o Tel Aviv es falsa, y peligrosa.

Falsa porque EEUU no fue capaz de ganar la guerra en Vietnam, Iraq o Afganistán, ni ahora contra Irán. No lograron impedir las masivas movilizaciones de Black Lives Matter, o ahora contra el ICE. El imperialismo estadounidense —el capitalismo estadounidense— está en retroceso relativo en la escena mundial. Sigue siendo la potencia más grande, pero otra potencia imperialista, China, le pisa los talones.

Los intentos israelíes de ocupar el Líbano han sido derrotados repetidamente por los movimientos de resistencia. No podrían llevar a cabo el genocidio actual sin la colaboración inexcusable de los demás regímenes de la región, sumada al apoyo permanente de EEUU y Europa. A pesar de gastar millones de dólares en sus campañas de propaganda, Israel está perdiendo apoyo popular globalmente, incluso entre la población judía internacional, sobre todo entre la juventud judía de EEUU, que se ha movilizado masivamente contra el genocidio.

Ni EEUU ni Israel son todopoderosos.

Afirmar que lo son es peligroso porque la idea de que las luchas desde abajo no cuentan para nada, que todo se dicta desde los despachos del norte, puede llevar a la desmovilización. Ante hechos impresionantes como las “revoluciones árabes” de 2011, algunos sectores de la izquierda los tildaron de “revoluciones de colores” impulsadas por fuerzas misteriosas occidentales para que derrotaran a dictadores supuestamente antiimperialistas.

Aun más peligroso y preocupante es el antisemitismo en el que caen demasiadas veces. La “conspiración sionista” se puede transformar en la “conspiración judía” de los discursos neonazis. Y puestos a culpar a un multimillonario, tanto los neonazis como muchos sectores de la izquierda señalan a George Soros, no por casualidad un judío.

Por supuesto que Trump se aprovecha de la situación para atacar a Pedro Sánchez, pero esto no significa que lo haya planificado todo. Si ni siquiera es capaz de planificar cuáles aranceles va a aplicar de aquí a 4 días, si no sabía que el gobierno iraní no se hundiría tras unas noches de bombardeos —más bien han reforzado su posición— ¿realmente nos quieren hacer pensar que Trump planificó el traslado de decenas de miles de personas a una Sabta que seguramente no sabría encontrar en un mapa?

Igualmente, está claro que el Estado israelí es capaz de aprovecharse de cualquier cosa, de manera hipócrita. En este caso, utilizan los hechos en Sabta para expresar su enfado con el gobierno de Sánchez… que, no olvidemos, había mantenido el comercio de armas con Israel durante 2 años de genocidio. Intentan equiparar la presencia española en el norte de África y el proyecto genocida sionista en Palestina. Por supuesto que los casos son diferentes, pero el colonialismo menos genocida no deja de ser colonialismo. A esto volveremos.

Abrir las fronteras

Los lemas y gritos como “Abrir las fronteras” o “Welcome Refugees” son bastante típicos en las movilizaciones antirracistas de los últimos años. Esto es positivo, pero pocos partidos de izquierdas realmente defienden estos principios de manera consecuente.

Es mucho más típico que hagan sus afirmaciones antirracistas —de buena fe, sin duda— para luego abogar por “políticas de migración más justas”, “controles de migración no racistas”, o algo por el estilo.

El problema es que los controles de migración siempre han sido un instrumento racista; siempre se han diseñado para condicionar la entrada a un Estado en base a criterios racistas. Hay que aclarar que, en este caso, “siempre” se refiere solo al siglo largo desde que se introdujeron las primeras leyes de este tipo. Durante más del 99,9% de la historia humana, no existieron controles de migración, y menos mal; de no ser así, la humanidad no existiría.

La primera ley que imponía controles sistemáticos de inmigración en Europa fue la “Aliens Act” (Ley de Extranjería) de 1905 de Gran Bretaña. El principal objetivo de esta ley —impulsada por el entonces Primer Ministro Balfour, que en 1917 como Ministro de Exteriores firmaría la “declaración de Balfour” que favorecía la creación de un Estado sionista— era controlar la llegada de la inmigración judía que intentaba escapar de los pogromos en Europa del Este.

Las primeras leyes sistemáticas de inmigración en Estados Unidos se aprobaron en 1917 y 1924. Estas explícitamente discriminaban en base al origen o “raza”. Por ejemplo, excluyeron totalmente a la inmigración de Asia.

La alarma ante la “llegada masiva” de personas migradas, incluso la de personas que buscan asilo de guerras, etc., típicamente conlleva más restricciones. Esta vez no es una excepción.

A pocas semanas de los hechos de Sabta, el Gobierno español del PSOE y Sumar anunció un endurecimiento de las leyes de migración y asilo. Estos cambios trasladan a la legislación española las medidas restrictivas del Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA), aplicable en toda la Unión Europea desde este junio. Recordemos que este Pacto lo gestionaron, conjuntamente, Pedro Sánchez y la primera ministra fascista de Italia, Giorgia Meloni.

Pero como se ha comentado, la llegada de un gran número de personas rubias y presuntamente cristianas de Ucrania no provocó restricciones, más bien al contrario.

Es que la función inherente de los controles de migración es limitar la llegada de (ciertas) personas extranjeras. Esta limitación siempre se ha basado en una combinación de factores relacionados con el racismo y el dinero. Si se eliminaran estos factores, los controles de migración carecerían de motivo.

Es decir que la idea de controles de migración no racistas es un contrasentido. Si se elimina el factor del racismo (además del de clase social) ¿para qué servirían?

Historia colonial

Se argumenta que las ciudades autónomas de Sabta y Mritch (el nombre de Melilla en tamazight, la lengua mayoritaria de esa zona), así como los peñones de Vélez de la Gomera, de Alhucemas y las islas Chafarinas, son españolas porque Marruecos no existía como Estado moderno cuando estos territorios pasaron a ser controlados por la corona española. Desde ese punto de vista, no hubo colonialismo y expolio por las grandes potencias en territorios como Australia o Kenia porque estos territorios no estaban constituidos como estados modernos cuando fueron colonizados por la clase dirigente británica y lo que les corresponde es ser regiones del Reino Unido y no Estados soberanos.

Asimismo, volvamos al imperialismo español. Los territorios conquistados en América por la corona española hay quien argumenta que no eran colonias, puesto que no se definían como tales. Podemos seguir retorciendo estos argumentos e incluso afirmar que el Sáhara Occidental o Guinea Ecuatorial deberían ser españolas, puesto que incluso adquirieron el estatus de provincias bajo el franquismo.

Las ciudades de Sabta y Mritch estuvieron habitadas durante miles de años y su vinculación con los reinos peninsulares tuvo lugar a partir del siglo XV. No se puede entender la conquista de ambas ciudades ignorando las políticas de expansión territorial de los poderes europeos de la época. En esa conquista hubo resistencia por parte de la población de la región y durante siglos ambos territorios no fueron más que presidios y puntos para el avance español en el norte de África. De hecho, la constitución como ciudades de ambos territorios, con un aumento notable de su superficie y de su población, no tuvo lugar hasta prácticamente el inicio del siglo XX.

Otros argumentos que cuestionan esta definición colonial esgrimen que los y las ciudadanas de Sabta y Mritch tienen los mismos derechos que la ciudadanía de otras partes del Reino de España. Ante ello, hay que decir que la población musulmana de ambas ciudades —que hoy constituye más del 50 % del censo de ambas ciudades— no obtuvo la nacionalidad española y con ello esos teóricos derechos hasta el año 1985. Dicha conquista fue el resultado de fuertes luchas, sobre todo en Mritch, ante las que se encontraron con una fuerte represión estatal y manifestaciones de repudio por parte de la población de origen peninsular. Resulta curioso que en ciudades sobre las que dicen que son más españolas que el Reino de Navarra se practicara dicho apartheid. Desafortunadamente, esta igualdad formal no se ha transformado en una igualdad real. Los barrios más pobres de los territorios más pobres del Estado español, están mayoritariamente habitados por población musulmana.

También se argumenta que la ciudadanía de Sabta y Mritch ha mostrado de forma mayoritaria su adhesión a la España de la Constitución de 1978. Resulta difícil creer que, con miles de policías, Guardia Civiles y militares, pueda ejercerse de forma libre y sin presiones ningún derecho democrático. Parejo a este hecho, son las ciudades de Sabta y Mritch las que presentan mayor absentismo electoral de todo el Estado, alcanzando cifras de participación alrededor del 50% del censo y en el caso de Mritch, compras de votos y clientelismo político por parte de distintos partidos.

Por otro lado, es algo hipócrita afirmar que hay que responder a los deseos de las y los habitantes de estas ciudades, cuando en 2017 el Gobierno español envió 10.000 policías antidisturbios para reprimir el intento de celebrar un referéndum para conocer los deseos de la ciudadanía de Catalunya.

En definitiva, desde un punto de vista revolucionario no se puede defender el argumento colonial de que Sabta y Mritch son parte indisoluble del Estado español. Si los recientes eventos de Sabta —o la masacre de Mritch/Melilla de 2022— suponen la ruptura de una frontera, es una frontera que no debería existir.

No se trata de defender los intereses políticos del Majzen marroquí —la cúpula dirigente de ese país—  pero sí de argumentar que una revolución desde abajo en Marruecos y en favor de sus distintos pueblos sería el camino para la liberación del dominio colonial español en el norte de África. Mientras, la izquierda española no debe envolverse en la bandera rojigualda para exigir la continuidad de una presencia colonial.

Orientarnos

Los hechos en Sabta, por supuesto, combinan muchos elementos. Dado que algunas personas hablan de “guerra híbrida”, podemos utilizar una analogía bélica. Cada guerra tiene diferentes aspectos. Es esencial para la izquierda orientarse bien, sobre los puntos clave.

Pero muchos sectores de las izquierdas a menudo se equivocan.

En 1914, ante la invasión alemana de Bélgica que desató la Primera Guerra Mundial, gran parte de la izquierda británica apoyó a “su Gobierno” (que reinaba sobre colonias por todo el mundo) el cual declaró la guerra frente a este ultraje. La izquierda alemana respaldó a su Gobierno —bajo el Káiser— “contra el autoritarismo del Zarismo ruso”.

Hoy, con el conflicto en Ucrania, los sectores de la izquierda occidental cometen el mismo error, abogando por el envío de armas de la OTAN. Por supuesto que Putin es un horrible imperialista. Pero en occidente, el antiimperialismo empieza por oponerse totalmente a la propia OTAN.

Frente a la situación terrible en Sabta, la prioridad de la izquierda en el Estado español, y en Europa en general, debe ser denunciar al régimen fronterizo —racista y asesino— de la UE. No debe llamar a fortalecer las fronteras bajo el pretexto que así se están enfrentando a EEUU e Israel. Bajo ningún concepto debemos entrar en la lógica de exigir que el Gobierno “defienda mejor a España”. Desde 2019, los gobiernos de Pedro Sánchez han aumentado el gasto militar en más del doble. Solo en 2025, aumentó en más del 46% respecto a 2024.

No hay problema en que cada persona o sector haga sus propios análisis geopolíticos. El problema es si su análisis los distrae de nuestra responsabilidad central que debe centrarse en defender los derechos de las personas, incluyendo el derecho a poder moverse.

En Marx21, tenemos claro que ante la situación actual, urge más que nunca reforzar el movimiento unitario contra el fascismo y el racismo. Y en esta tarea, también debemos reunir a las personas que estamos por impulsar esta lucha unitaria, pero también vemos que debemos organizarnos para la lucha general de fondo, contra el capitalismo.

Si compartes esta visión, únete a Marx21.