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Manuel Izquierdo

El próximo 17 de mayo, las personas que habitan el territorio más poblado del Estado español están convocadas a las urnas. El PP, siguiendo la táctica que ha tratado de poner en marcha en Extremadura, Castilla y León y Aragón, pretende ganar las elecciones por mayoría absoluta a nivel territorial para seguir desgastando al gobierno de Sánchez.

El “suavón” Juanma Moreno es el típico político profesional. Nunca se ha buscado la vida fuera de la política institucional, estando ligado al PP desde su época estudiantil.

Resulta sumamente curioso como los dirigentes del PP critican las ayudas públicas a la gente más desfavorecida (lo llaman despectivamente “paguitas”) mientras muchos de ellos reciben ostentosos honorarios públicos. En el caso de Moreno, gana al año más de 92.000 euros anuales —en 3 años, lo ha incrementado en más de 20.000 euros— mientras el sueldo más común en Andalucía es alrededor de 26.000 euros anuales.

Cuando un representante público, que no ha tenido problemas jamás para pagar el alquiler o comprar una vivienda o que no ha sufrido trabajos precarios, pretende representar a las personas de abajo, solo puede sonar a un mal chiste.

Pero Juanma Moreno tiene buenos asesores. Jamás hubiera ganado en Andalucía sin desprenderse de la imagen facha que tenía Javier Arenas, candidato durante muchos años del PP andaluz. Porque Andalucía sufrió en primer lugar una fuerte represión fascista durante la guerra civil y después una miseria que ha mantenido a nuestra tierra en la cola de Europa durante décadas.

Por eso, Juanma Moreno se presenta como un político moderado, centrista —si es que existe el centro en la política— aunque sea de derechas, como demuestra con los hechos.

De ahí el apodo de suavón, palabra que en andaluz define a personas que tienen una doble cara, que parecen buena gente pero que después son mezquinos. Por los hechos los conoceréis. Y los gobiernos de Juanma Moreno desde 2019 han recortado en sanidad y educación, mientras han reducido impuestos a los más ricos.

Ha seguido profundizando en el modelo de Andalucía como paraíso turístico para los visitantes de alto poder adquisitivo del norte de Europa mientras los habitantes de esas zonas —con la Costa del Sol malagueña como caso paradigmático— no pueden comprar o alquilar una vivienda.

La apparatchik María Jesús Montero

Y si Juanma Moreno jamás podrá identificarse con la gente corriente de Andalucía, la candidata del PSOE compite en su misma liga.

Doctora de profesión, desde hace décadas ha tenido altos cargos en la Junta de Andalucía, y más recientemente en el gobierno central.

Tras el batacazo en Aragón, la idea de lanzar a sus ministros como candidatos en las autonomías no parece jugar a favor de las perspectivas socialistas. No solo porque mucha gente va a votar para castigar al gobierno de Pedro Sánchez por cuestiones que también atañen al gobierno de la Junta de Andalucía, sino porque Montero es más de lo mismo, del PSOE andaluz de siempre.

Como Susana Díaz, la anterior presidenta socialista de la Junta, Montero ofrece la imagen del PSOE andaluz que produce más rechazo. Treinta y seis años de gobierno que no resolvieron los problemas estructurales del pueblo andaluz, durante los cuales los casos de corrupción florecieron.

Además de la imagen moderada que ofrece, Juanma Moreno jamás habría ganado si el PSOE andaluz, además de la corrupción o el caciquismo, no hubiera defendido las tradiciones más reaccionarias, como es el caso de la tauromaquia o un fuerte españolismo.

La extrema derecha contra Andalucía

El parlamento de Andalucía fue la primera institución autonómica a la que accedió VOX en 2018. Desde entonces ha crecido electoralmente y se han normalizado sus ideas reaccionarias en la sociedad española cada vez más.

VOX no es un elemento extraño dentro de la derecha andaluza. Tras la Transición, muchos cuadros del Movimiento Nacional franquista pasaron a formar parte de Alianza Popular, lo que sería más tarde el PP.

En Andalucía, sobre todo en las zonas rurales, no ha existido una derecha liberal “moderna”, por lo que el gran partido de la derecha española siempre tuvo una facción netamente franquista, representante de los terratenientes y señoritos.

Hasta hace apenas 15 años, estos sectores —más allá de la militancia de las distintas Falanges o de otros partidos claramente fascistas, como Democracia Nacional o España 2000— han tratado de disfrazarse de demócratas dentro del PP.

El partido neofranquista VOX y su base social siempre han sido los representantes de la oligarquía rural y más tarde de los empresarios más explotadores que se aprovecharon del pelotazo urbanístico de los 90 y primeros años de los 2000. Estos son los responsables del subdesarrollo andaluz, del encabezamiento de Andalucía en niveles de desempleo o pobreza, una tierra exportadora de mano de obra barata y materia prima al resto del Estado y a Europa.

Por eso VOX y su prioridad nacional solo puede engañar cuando existen sectores populares totalmente alienados y decepcionados con la izquierda institucional.

Una ultraderecha que pone en entredicho la figura de Blas Infante —asesinado por los fascistas en la guerra civil—, el padre de la patria andaluza, el de nuestro himno que habla de que los andaluces nos levantemos contra las desigualdades y quienes las provocan. Unos neofranquistas que ni siquiera creen en la existencia histórica de nuestra tierra —cuya bandera se basa en una insignia de la época musulmana de Almería de hace casi 1.000 años— que ven como una zona de recreo de su España excluyente.

¿Y la izquierda?

Al igual que en la última convocatoria electoral andaluza, son dos candidaturas las que tenemos a la izquierda del PSOE: Por Andalucía y Adelante Andalucía.

Por Andalucía sería de nuevo el resultado del pacto entre IU, Más País y otras pequeñas organizaciones con Podemos. De nuevo un pacto de última hora motivado entre otras cosas por los pésimos resultados de la izquierda estatal en las últimas elecciones de Castilla y León y Aragón.

Con Antonio Maíllo —con una amplia experiencia a nivel institucional— a la cabeza, se trata de una coalición liderada por IU —con el PCE a la cabeza— cuya apuesta es la repetición a nivel andaluz del pacto con el PSOE a nivel estatal.

Por otro lado, tenemos a Adelante Andalucía, impulsado por Anticapitalistas tras su ruptura con Podemos a propósito de la entrada del mismo en el gobierno estatal junto al PSOE en 2019.

Tienen esta diferencia estratégica con Por Andalucía, junto con el análisis de la cuestión nacional andaluza —a mi juicio acertado— como resultado de la división del trabajo en el Estado español, como tierra desindustrializada y exportadora de mano de obra y materias primas.

Su candidato, José Ignacio García Sánchez, comenzó militando en el movimiento estudiantil y en la organización En Lucha —varios integrantes de la misma fundamos Marx21 en 2016— antes de recalar en Anticapitalistas, siendo orientador educativo de profesión.

De entre los candidatos con posibilidades de representación, es el único que no es un político profesional y con una sólida trayectoria y compromiso con los movimientos sociales.

Las perspectivas electorales de Adelante Andalucía son bastantes positivas. Parece que podrían duplicar su representación e incluso ser la primera fuerza a la izquierda del PSOE, tanto por la popularidad de su candidato, como por la búsqueda de una izquierda que no sea simplemente subalterna al PSOE, así como por su sentimiento andalucista que siempre está presente.

¿Qué se espera de estas elecciones?

Por desgracia, la principal disyuntiva es si el PP saca mayoría absoluta o precisa de VOX para gobernar.

Aunque Juanma Moreno se aleja públicamente de la formación neofranquista, no podemos olvidar el perfil de María Guardiola en Extremadura que ha acabado gobernando con los de Abascal. Desde la izquierda deberíamos abordar cómo frenar a VOX, cuestión que simplemente es ignorada.

Cuando los partidos son apelados sobre esta cuestión, absolutamente todas las organizaciones apelan a votarles u organizarse bajo sus siglas para frenar a los neofranquistas. No es nuevo: el argumento que se suele dar es que solo un programa de izquierdas —aún peor ¿de cuál partido?— frenará a la ultraderecha.

Por desgracia, ninguna organización de izquierdas con posibilidades de representación plantea la lucha unitaria contra VOX.

En cualquier caso, desde aquí mis mejores deseos para el avance de la izquierda institucional —en especial para Adelante Andalucía— y que el suavón Moreno se encuentre con unos resultados adversos que no espera.