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Ira Vent

“Lo que tiene que mandar es a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a las fronteras españolas para asegurar la seguridad de los españoles y de los ciudadanos que viven en nuestro país”. Alberto Núñez Feijóo, 31/08/2025, ante la exigencia de que las comunidades autónomas cumplan su obligación de acoger dignamente a niños y niñas migrantes.

La peste que vuelve a recorrer hoy día las venas del viejo continente no parece haber necesitado nuevas maneras, ni siquiera nuevas dialécticas para propagarse entre la población. La diferencia con respecto a siglos pasados es que tanto los afectados, que creen no serlo, como los que tienen configurada la alarma diaria para tomar el antídoto, saben y conocen los resultados catastróficos de la enfermedad.

No hace falta descifrar la temática que aquí trataremos, basta leer algunas de las frases más “brillantes” de la comedida y muy centrista derecha madrileña y nacional, y es que la realidad es mucho más terrorífica de lo que las palabras las y denuncias pueden mostrar.

El ciclo político terminó y comenzó con la “polémica” política del reparto de niños y niñas migrantes no acompañados.

En Madrid, además, desgraciadamente hemos tenido que soportar el racismo institucional que convierte a menores en problemas, construye centros de aislamiento —marcando las diferencias, insistiendo en señalar al “otro”—, una forma absolutamente deshumanizada y más cuando estamos hablando de niños y niñas cuyas vidas ya fueron sentenciadas una vez.

No siendo suficiente el comportamiento de las instituciones madrileñas, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha lanzado el tercer recurso institucional frente a los tribunales como medida de combate contra la política de reparto de menores migrantes.

Por su parte, los acontecimientos ocurridos en las inmediaciones del centro de menores de Hortaleza sirvieron de base para que la derecha madrileña pusiese a hervir de nuevo y con más saña el racismo que se respira en esta ciudad, buscando provocar un segundo Torre Pacheco, y así fue, cuando tras ello unos encapuchados agredieron sin razón alguna a varios menores en las inmediaciones del centro. Uno incluso tuvo que ser hospitalizado.

Así pues, las declaraciones de Ayuso en X, volvieron a confirmar que la lucha entre las derechas españolas es y sigue siendo el liderazgo por el racismo español más criminal.

Pero, más allá de lo que podemos esperar o no del PP, al otro lado del tablero político parece haber un espejo. Es que nada más saberse que en la localidad madrileña de Fuenlabrada estaba previsto el alojamiento de un nuevo centro de menores no acompañados, el gobierno local dirigido por el PSOE colocó el grito en el cielo. Llegaron incluso a situaciones tan dignas de una película de Berlanga, como el hecho de dedicar un pleno para discernir y votar que el nuevo macrocentro llevase el nombre de la presidenta de la comunidad. Desde luego, lo que merecen estos niños y niñas no son más centros de aislamiento, marginación y exclusión, que es lo que significan y representan.

Pero la criminalización que están aplicando sobre estos niños y niñas no es algo nuevo. Como hemos dicho, por desgracia son caminos ya recorridos.

Lo verdaderamente preocupante es que hoy los antídotos para no sufrir de la enfermedad están al alcance de la mayoría. No hace falta ir más lejos que revisar cualquiera de las últimas noticias sobre datos de criminalidad e inmigración, basados todos ellos en estadísticas de instituciones tan poco sospechosas como el INE y los informes anuales de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado español.

Los datos muestran que este país se encuentra en sus mínimos históricos de índices de criminalidad (uno de los países más seguros del mundo) y esto con sus índices de máximos históricos de llegada y acogida de personas migradas. No, más migración no es sinónimo de más criminalidad, y sí, hay que decirlo, una y otra vez, porque este es el discurso más peligroso y que mejor cala en la sociedad: el miedo al “otro”.

Enfrentarse al racismo y la xenofobia, venga de donde venga, es ya una obligación. Porque los que nos tomamos muy en serio nuestra salud, también nos tomamos en serio la salud de la sociedad que queremos construir.

Sabemos que hay enfermedades para las que no sirve un calmante, sino un escalpelo que extirpe de nuestra sociedad las ideas de aquellos que siempre acaban señalado, culpabilizando y criminalizando a las clases y estratos más desfavorecidos de nuestra sociedad.


Llamamiento por un movimiento unitario contra el racismo y la extrema derecha: