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Paco Priego

Uno de los caballos de batalla más cansinos de la “guerra cultural” de la ultraderecha es el de la representación de minorías en la ficción juvenil. Para ellos, cualquier representación de estas es una imposición por parte de la “agenda woke”.

Obviamente, consideran que esto es una conspiración actual y por ello, y también por cobardía, se abstienen mucho de criticar clásicos establecidos y respetados de la cultura popular.

Por eso, hoy quisiera analizar y recomendar una obra reciente, que probablemente sea la serie con mayor grado de representación LGTBI+ de la historia de la animación. O al menos, de la historia de la animación “mainstream”, The Owl House (Casa Buho en Latinoamérica), creada por Dana Terrace, y emitida por Disney entre 2020 y 2023.

The Owl House es lo que hoy día llamamos un isekai, un término importado del anime japonés, que significa literalmente otro mundo, para referirnos a esas historias en las que un personaje de nuestro mundo cotidiano es transportado a algún mundo de fantasía. Aunque historias de este tipo no son exclusivas del Japón, la popularidad (y la lamentable sobreexplotación, con productos cada vez más mediocres y cuestionables) de este tropo en la ficción japonesa ha hecho que el termino japonés pase al lenguaje cotidiano.

La protagonista de la historia es Luz Noceda, una adolescente latina hiperactiva, extravagante, rebelde y fan de la literatura de fantasía, cualidades que le causan numerosos problemas escolares. A sugerencia del director del instituto donde estudia, su madre, Camila, decide enviarla a un campamento de verano para “enderezar” su actitud.

Luz acepta a regañadientes, pero después de deshacerse de algunos libros y cómics para complacer a su madre, se arrepiente y decide rescatar uno de sus favoritos antes de viajar al campamento, para descubrir que un búho lo está robando del cubo de basura. Persiguiendo al ave para recuperar el libro, entra en una casa abandonada, atravesando sin darse cuenta un portal que la traslada a un mundo de fantasía, las Islas Hirvientes, poblado por brujas, demonios y toda clase de seres fantásticos.

Rebelde

Allí conoce a Eda (Edalyn Clawthorne), la bruja que había abierto el portal, quien lo usa para recolectar objetos humanos que vende como curiosidades en un bazar. Junto con Eda viven King y Hootie, dos demonios que la ayudan en sus aventuras.

Luz se siente de inmediato identificada con el espíritu rebelde de Eda, una inadaptada al sistema como ella misma. Así que, aprovechando que su madre piensa que está en el campamento, decide quedarse un tiempo en ese mundo fantástico para intentar cumplir su fantasía de convertirse ella misma en bruja y, con el lema de “los raros deben permanecer unidos”, acabará conformando junto con Eda, King y Hootie un cuarteto de “bichos raros” que se enfrentan al orden social de las Islas Hirvientes.

Al principio, sus aventuras serán apenas las de unos simples charlatanes de feria buscándose la vida, pero poco a poco se verán involucradas en asuntos más serios, que cuestionarán el mismo sistema político de ese mundo.

La construcción de este mundo fantástico es lo primero que llama la atención al ver la serie.

En la estética nos encontramos con una mezcla entre una portada de un disco de heavy metal con un cuadro de El Bosco, uno de los artistas favoritos de Dana Terrance.

Pero el verdadero punto fuerte, y la mayor fuente de polémica, es la construcción de la sociedad de este mundo de fantasía. Nos encontramos con una sociedad que, no solo es que sea abiertamente tolerante con las expresiones de sexualidad LGTBI+, sino en la cual directamente lo que es minoritario es la heterosexualidad.

Luz Noceda es, de hecho, el primer personaje protagonista abiertamente bisexual de Disney. Y no lo es simplemente como una anécdota decorativa, sino que su relación romántica con Amity Blight —siguiendo el tropo de enemigos a amigos, y de amigos a amantes— es parte fundamental en el desarrollo tanto de la trama como de los personajes.

Como apunte al margen, ese entorno social tan libre de tabúes homofóbicos, en mi opinión representa una contradicción con la historia de origen del villano principal, el Emperador Belos, soberano del lugar.

“La representación LGTBI+ ha envuelto a la serie en polémica desde su estreno.”

Lamentablemente, no me es posible explicar por qué digo esto, ni proponer teorías que salven dicha contradicción, sin incurrir en spoilers sobre uno de los giros de trama más impactantes de la serie. Lo cual es una pena, pues el villano de la historia es uno de los personajes más complejos e interesantes de la misma. No obstante, y por desgracia, es imposible analizar debidamente su arco sin caer, como ya he dicho, en spoilers mayores. Así que simplemente indicaré que en él se reflejan elementos de manipulación, abuso, autoritarismo y fanatismo religioso que tienen paralelismos bastante obvios con la vida real.

Esta representación LGTBI+ ha envuelto a la serie en polémica desde su estreno.

En su momento fue vetada en Chequia y Hungría por este motivo. Numerosos episodios sufrieron censuras parciales en diversos países, incluyendo el doblaje para Latinoamérica, donde se masculinizó a uno de los personajes secundarios más relevantes, Raine Whispers, quien en el original es una persona no binaria.

Este hecho desató una fuerte polémica entre los fans, que incluso llegó a conocimiento de Avi Roque, voz del personaje en el doblaje original y también persona no binaria, quien apoyó públicamente en redes sociales a los fans en sus quejas sobre este cambio de género en la traducción.

Aunque el hecho de desafiar tabúes homofóbicos es una de las señas de identidad de la serie, no es, ni de lejos, el mensaje principal de la misma.

Dicho mensaje es el de ser libre de elegir tu propio destino más allá de las expectativas ajenas. Este mensaje se ve reflejado en el arco de los principales personajes, todos son jóvenes que subvierten las expectativas que sus mayores tenían en ellos y el camino que les tenían marcado.

Cancelación

La serie es una constante oda a la rebeldía juvenil, donde el eslogan de “los raros deben permanecer unidos” se convierte en un grito de batalla. Se trata de una reivindicación del derecho a ser diferente, y mostrarlo en público con orgullo. También para ello se caricaturizan diversos clichés de la fantasía, especialmente el del elegido, tan común en este género.

Pero si hablamos de esta serie, no podemos obviar el aspecto que más enfureció a los fans, la abrupta cancelación de la misma. Se redujo la tercera temporada a tres episodios especiales, que cerraron los arcos principales, pero se perdió así la posibilidad de explorar con más detalle a diversos personajes secundarios muy interesantes.

Naturalmente, la principal teoría sobre dicha cancelación apunta al escándalo que causó entre el público conservador la abundancia de representación LGTBI+. Sin embargo, y sin negar que esto sin duda ayudó, personalmente me inclino más por la teoría que apunta a que la serie falló a la hora de alcanzar al público objetivo que Disney tenía en mente, las criaturas, teniendo en su lugar mayor éxito entre adolescentes y adultos jóvenes. Este último público es mucho menos rentable para Disney, pues no está tan predispuesto a comprar y lucir en público merchandising de una serie de dibujos animados presuntamente infantil.

Por todo ello, creo que esta serie es un clásico moderno que merece los elogios que los fans le dedican. Una historia que, más allá de su excelente representación LGTBI+, nos transmite un mensaje poderoso y, en estos tiempos de regresión que corren, cada vez más necesario.