ES CA

La celebración de la Copa Mundial levantó, como suele pasar, pasiones que iban mucho más allá del fútbol. Manuel Izquierdo comenta las declaraciones racistas de Rajoy y las contradicciones del “patriotismo de izquierdas”, así como la demonización de todo lo argentino que se desató alrededor de la final.

El ex presidente del gobierno español, Mariano Rajoy —también conocido como M. Rajoy— expresó unos comentarios racistas en la previa al partido de semifinales entre España y Francia del Mundial de Fútbol de este verano.

En una columna, señaló que Francia no contaba con jugadores franceses, hecho que su propio partido justificó como una broma. Sin embargo, las palabras del dirigente derechista expresan ideas sumamente reaccionarias.

¿Francia sin franceses?

La ultraderecha lleva años hablando de un supuesto reemplazo llevado a cabo por las élites “globalistas” —un término que esconde alusiones a la visión antisemita de la “conspiración judía”— para sustituir a la población blanca europea por personas africanas y musulmanas.

Por eso, las palabras de Rajoy conectan con este imaginario. Considera que, aunque los jugadores de Francia —23 de los 26 seleccionados— hayan nacido en el país galo, no son franceses porque son negros y/o árabes.

La composición de la selección de fútbol de Francia es reflejo de la propia historia del imperialismo francés en África u otros territorios.

Aún hoy, Francia mantiene territorios a los que llama de ultramar —en las Américas, la Guayana francesa y varias islas; en el continente africano, Mayotte, entre otros; y en Oceanía, incluyendo “Nueva Caledonia”, Kanaky— cuyo origen es colonial.

Muchos abuelos o padres de los actuales jugadores salieron de estos territorios subyugados por París para buscar una vida mejor en la metrópoli, contribuyendo al desarrollo económico y social del país.

Aun así, a los descendientes de estas personas que no tuvieron más opciones que dejar sus territorios se les considera menos franceses por no ser blancos.

España “antirracista”

Tras las repugnantes palabras del dirigente gallego, los miembros del gobierno de coalición y la presidencia del Gobierno han condenado tales exabruptos.

Sin embargo, se han de resaltar varias cuestiones. El propio Gobierno de Sánchez dio el visto bueno a la acción de Marruecos en la que asesinó a decenas de personas en la frontera con Melilla en 2022. Asimismo, no ayuda a la resolución del conflicto colonial en la ex colonia española del Sáhara Occidental, mientras que apoya a las grandes empresas españolas en sus negocios en Latinoamérica.

España hunde sus raíces en el imperialismo así como en el racismo y a día de hoy forma parte de una estructura imperialista supranacional, la Unión Europea.

Resignificando símbolos

Cada vez que acontecen eventos deportivos —en especial relacionados con el fútbol— aparecen debates relacionados con la cuestión nacional española, como los relacionados con la aceptación por parte de la izquierda de símbolos como la bandera rojigualda.

Sectores de la izquierda que han llegado a tener cierta influencia en la izquierda institucional —los nacional-populares, inspirados en ciertos procesos de América Latina, como el peronismo— han planteado la apropiación de estos símbolos. Lo ven como una cuestión en disputa, donde la izquierda debería apropiarse de dichos símbolos para ganarse a más gente a su causa.

Sin embargo, aunque ni mucho menos la gente que se identifica con la actual bandera oficial estatal es automáticamente de derechas, dicho símbolo sí lo es.

¿Cómo se puede resignificar un símbolo monárquico o de los vencedores de la Guerra Civil?

Asimismo, aunque resignificáramos dichos símbolos, ¿qué interés tiene la izquierda en unir a toda la “nación” bajo una sola bandera?

Aunque sobre el papel “todos somos españoles”, los intereses como clase de las personas trabajadoras españolas tienen más que ver con sus vecinos de piso marroquíes o senegaleses que con los intereses de Juan Roig o Ana Patricia Botín, aunque ambos tengan el DNI español.

A pesar de lo comentado, resulta gratificante ver como el facherío patrio no sabe si animar o no a una selección española que refleja mejor la demografía social y racial española, con jugadores hijos de migrantes —como Lamine Yamal o Nico Williams— y/o con ideas progresistas —como Borja Iglesias— a diferencia de anteriores convocatorias.

Así que el apoyo de mucha gente de izquierdas a la selección española no ha sido por “patriotismo” sino por la diversidad que presentaba este grupo. Asimismo, el despliegue futbolístico colectivo y no centrado en una o pocas individuales ha hecho que la misma tenga más seguidores dentro y fuera del Estado español.

Sin embargo, las buenas intenciones que pueden inspirar este apoyo no eliminan el problema que representa el nacionalismo español.

Una muestra de esto es la repugnante e hipócrita demonización de Argentina. Más allá de consideraciones de índole deportivo, es preciso señalar varios aspectos.

Contra la campaña anti-Argentina

Argentina ha sido un país que acogió a migrantes pobres sobre todo de Europa, pero también de otros lugares.

Aunque también tuvo su exterminio indígena, eso no se puede achacar a la gente corriente que llegó desde otros lugares, sino a la colonización española primero y a la élite criolla después. Estamos ante un país plural que, por supuesto, tiene elementos racistas, como todas las sociedades latinoamericanas y europeas.

Después se ha mezclado a la selección nacional con sus dirigentes.

Que Milei sea sionista y lacayo de Trump no significa que la selección argentina y su pueblo lo sean. De hecho, ha habido numerosas luchas contra los recortes del lunático presidente ultracapitalista y Argentina en el pasado ha sido ejemplo de luchas y avances progresistas como la rebelión de 2001 que echó a varios presidentes neoliberales. Luego está la condena real, más profunda que en las transiciones europeas —como la española—, de los militares contra su dictadura.

Por otra parte, si Argentina es Milei, España sería Felipe VI. El monarca español, al cual nadie hemos podido elegir, protagonizó el spot de la selección española y en la celebración estuvo en el centro de la foto; parece que marcó algún gol en el torneo y no nos hemos enterado.

Por último, está la cuestión colonial. Argentina es un país latinoamericano y como tantos países de la región ha estado y está sometido al saqueo de sus recursos naturales y humanos, acelerado por la acción de su actual presiente.

Una de las imágenes más potentes del Mundial fue la pancarta que los jugadores argentinos desplegaron tras ganar a Inglaterra reclamando la soberanía sobre las Islas Malvinas, ocupadas como otras islas de la región por Reino Unido. No vimos nada parecido en ninguna otra selección y es algo digno de aplaudir.