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Xoán Vázquez, Marx21

El pasado 7 de abril, los trabajadores Manuel Balber y Jesús Galván se subieron a una de las grúas de la empresa Navantia San Fernando.

Denunciaban el veto que sufren desde hace seis años para ser contratados en el sector del metal en la provincia de Cádiz, veto que atribuyen a su condición de representantes de la coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM).

Los trabajadores descolgaron una enorme pancarta denunciando “las listas negras” en la industria de la bahía de Cádiz. Y cuando hablamos de “listas negras” en el mundo del trabajo hablamos de una persecución laboral que condena a personas trabajadoras capacitadas a ser apartadas del trabajo por razones sindicales y, en muchos casos, obligadas a marcharse lejos de su familia para ganarse la vida.

28 días después, durante los cuales recibieron cientos de muestras de apoyo y solidaridad, la policía se personó debajo de la grúa con una orden judicial y, por indicaciones de su abogada, decidieron bajar sin resistencia, pero con la advertencia de “esto no va a quedar así”, pues la decisión de los dos trabajadores no frena las movilizaciones previstas.

La estrategia de desgaste y la negación de las “listas negras” por parte de Navantia, Dragados y el PSOE ante una realidad abrumadora, han sido y son despreciables. Mención especial merece el posicionamiento deplorable y pro-patronal de los comités de empresa.

Las “listas negras” son una forma de violencia laboral que busca castigar, aislar, disciplinar, vetar y sembrar el miedo en el conjunto de la clase trabajadora. Se utilizan para castigar a las y los trabajadores por ejercer sus derechos legales, como presentar denuncias por acoso o discriminación y para a desalentar la organización sindical o la participación en actividades de defensa laboral legítimas. Por eso la lucha y la organización son el único camino.