Xavier Figuerola, Marx21
Eleanor Marx, hija de Karl Marx y conocida como “Tussy”, por su amor por los gatos, fue mucho más que la hija de un pensador revolucionario: fue una intelectual, activista y organizadora destacada del movimiento obrero y de las mujeres.
Nacida en Londres en un ambiente político e intelectual vibrante, participó desde joven en las discusiones sobre El Capital y trabajó como secretaria, traductora y colaboradora de su padre.
Como ha dicho la Rachel Holmes, autora de una monumental biografía sobre ella escrita por Rachel Holmes (por desgracia no traducida al castellano), “Tussy y El Capital crecieron juntos”. Tras la muerte de Karl Marx, Eleanor fue una difusora clave del marxismo en Inglaterra, contribuyendo a introducir este pensamiento en el movimiento obrero británico y, sobre todo, vinculando teoría y práctica.
Eleanor Marx entendió que el socialismo debía materializarse en acción concreta. Como militante de la Social Democratic Federation y posteriormente de la Socialist League —organizaciones revolucionarias de la época— trabajó en la formación política y la organización de la clase trabajadora. Estableció vínculos con movimientos obreros de Europa y Estados Unidos, defendiendo la idea de que la clase trabajadora es internacional.
Su participación en la histórica huelga portuaria de Londres de 1889 es un ejemplo claro. No solo brindó apoyo público, sino que organizó una recaudación de fondos y presencia activa en las calles, demostrando que las mujeres podían asumir responsabilidades centrales en la lucha obrera.
También impulsó sindicatos para trabajadoras en sectores especialmente precarizados, como el de las costureras y trabajadoras del gas, destacando cómo la explotación capitalista afectaba de manera diferenciada a las mujeres, con salarios más bajos, jornadas largas y doble carga laboral.
Más allá del sufragismo
Eleanor Marx criticó el feminismo burgués de su tiempo. Aunque defendía el derecho al voto y a la educación, consideraba que estas medidas eran insuficientes si no transformaban las bases económicas que sostienen la subordinación femenina.
Su artículo La cuestión de la mujer (1886) es un texto fundamental, aún hoy. Lo firmó con su compañero Edward Aveling, aunque este reconoció más adelante que el texto era de Eleanor. En él analiza la opresión de las mujeres desde una perspectiva materialista, vinculándola a la propiedad privada y a las formas de producción.
Para ella, la liberación real no podía limitarse a reformas legales; la incorporación al trabajo asalariado tampoco era garantía de emancipación si se mantenían las relaciones de explotación.
Eleanor defendía que la lucha por la liberación de las mujeres y la lucha de clases eran inseparables: un socialismo que ignorase la subordinación de las mujeres quedaba incompleto, y un feminismo que desatendiera la explotación económica era superficial.
Durmiendo con el diablo
La relación con Edward Aveling, compañero y colaborador político, fue compleja. Juntos escribieron textos, dieron conferencias y participaron en campañas obreras.
A pesar de confiar en su fidelidad, Eleanor sufrió tensiones económicas y personales debido a la conducta irresponsable de Aveling. Estas traiciones contribuyeron a su crisis personal y, finalmente, a su suicidio el 31 de marzo de 1898, a los 43 años.
Todo su entorno la había advertido de las oscuras intenciones de Aveling, de sus engaños constantes, del saqueo económico al que la sometió siempre, incluso endeudándose en su nombre.
El golpe final fue cuando se enteró de que se había casado, a sus espaldas, con una joven actriz. El dramaturgo progresista irlandés G. B. Shaw ya había descrito a Aveling como un “reptil”. Nadie dudaba, ni entonces ni hoy, de su responsabilidad directa en la muerte de Eleanor, que hoy puede verse como un caso claro de violencia de género ejercida por él contra ella.
Su muerte sacudió al movimiento socialista internacional y pone de relieve las tensiones entre teoría y práctica dentro de los movimientos revolucionarios, así como la persistencia de dinámicas machistas incluso en espacios de emancipación; un tema, por desgracia, de plena actualidad todavía hoy.
Emancipadora
Eleanor Marx también destacó como traductora y difusora cultural, introduciendo en Inglaterra la obra de Henrik Ibsen y valorando el potencial crítico de textos como Casa de muñecas para denunciar la subordinación femenina.
Consideraba que la cultura y la formación política eran claves para desarrollar conciencia de clase y capacidad de organización. Como oradora pública, rompió estereotipos de género y demostró que las mujeres podían ocupar espacios políticos centrales, inspirando a otras mujeres a implicarse en la política y el sindicalismo.
La trayectoria de Eleanor Marx recuerda que el marxismo es una práctica emancipadora que atraviesa todas las dimensiones de la vida. Su vida y obra subrayan que no hay liberación femenina sin transformación socialista, ni socialismo real sin igualdad plena de las mujeres trabajadoras.
En un contexto en el que el capitalismo sigue generando explotación de clase y violencias machistas, recuperar la figura de Eleanor Marx es una necesidad y un reto político.





