Cualquier persona medianamente humana está ya más que harta ante el estado actual del mundo.
Entre el auge del fascismo y el racismo, las guerras, la pandemia de machismo y transfobia, el colapso climático… nos sobran motivos.
Lo bueno es que tenemos una buena oportunidad para mostrar el rechazo hacia todo esto que tantas personas en todo el planeta compartimos. Este 28 de marzo, la red internacional de movimientos unitarios, “Un mundo contra el fascismo y el racismo” (WARAF en sus siglas en inglés) ha llamado a protestas por todo el planeta.
Se han convocado acciones en muchas ciudades de Europa. Las movilizaciones han empezado ya, con decenas de miles de personas que participaron en más de 100 protestas solo en Francia el 14 de marzo. El integrante francés de WARAF, Marche des Solidarités convocó estas acciones antes de la primera ronda de las elecciones municipales el 15 de marzo, donde se temía una subía de los fascistas.
Fuera de Europa, hay acciones inspiradas por WARAF en Sudáfrica, Malawi y Japón.
Lo más impresionante es que, siguiendo una agenda propia, la iniciativa No Kings en EEUU también ha convocado una jornada de acción para el 28M. Unos 5 millones de persones participaron en su anterior convocatoria, en octubre de 2025. Esta vez, tienen registradas unas 3.000 acciones por todo el país, con lo que prevén que “el 28 de marzo será la mayor protesta en la historia de Estados Unidos”.
Los movimientos unitarios —por ejemplo, Unitat Contra el Feixisme i el Racisme en Catalunya— siempre se han esforzado en basar sus acciones en unos puntos mínimos de consenso: el simple rechazo compartido contra el fascismo y el racismo. Esto ha sido clave en permitir la colaboración entre fuerzas que tienen visiones muy diferentes sobre muchas cosas, y en su capacidad de implicar y movilizar a gente de más allá de los “espacios de siempre”.
Pero ante la situación actual —fascismo, racismo, guerra, machismo, transfobia, etc.— mucha gente está viendo cómo estos temas están relacionados.
Por eso, en muchos países las protestas unitarias del 28M combinarán la oposición a la subida de la extrema derecha y la intensificación del racismo con, por ejemplo, el rechazo al genocidio en Gaza y a las otras agresiones de EEUU y del Estado israelí.
Ahora mismo, todos estos horrores —junto con las continuadas y terroríficas revelaciones de violencia sexista contra menores en el caso Epstein— tienen una figura en común, la de Donald Trump.
Amenaza global
Con sus amenazas continuas, sus declaraciones estrambóticas, sus repetidos insultos racistas y sexistas… Trump encarna las diferentes formas de odio que inundan el mundo. Esto es más que evidente para quienes quieran verlo.
Trump representa una amenaza global, a muchos niveles. Con sus intervenciones militares o amenazas de ellas contra países de todos los continentes, puede desatar la tercera guerra mundial.
Al anular las medidas (ya de por sí insuficientes) de las administraciones anteriores frente al cambio climático, desatando aún más el uso de combustibles fósiles, lleva al planeta más cerca de un cambio brusco, desastroso y sin vuelta a atrás.
Y no se conforma con alimentar a la extrema derecha dentro de EEUU, como hizo al indultar a los auténticos fascistas que asaltaron el Capitolio en 2021. Quiere reforzar a la extrema derecha en Europa, como ha anunciado en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), nada menos.
La NSS declara que EEUU va a fomentar “la celebración sin complejos del carácter y la historia propios de las naciones europeas”. Descodificado, están diciendo que los antiguos países coloniales se deben jactar de haber construido su riqueza mediante el robo, la esclavitud y el genocidio.
Celebran lo que llaman la “creciente influencia” de sus “aliados políticos”: los “partidos patrióticos europeos”. Como se ha señalado desde casi todo el espectro de la izquierda, menudo “patriotismo” y “defensa de la soberanía” de parte de los partidos ultras, al apoyar los aranceles y los bombardeos que utiliza Trump para intentar imponer su voluntad sobre otros países.
Por posicionamientos así, VOX ha quedado en evidencia. Ha sufrido divisiones internas, dado que tenían militantes que debían creer sus declaraciones y promesas: no entendían que a fin de cuentas lo que primara fueran los intereses de los de siempre.
En Catalunya, pasa lo mismo con “Aliança Catalana” (AC), que ha dejado claro que su defensa de la independencia realmente consiste en alabar al dirigente de la que sigue siendo —por ahora— la mayor potencia imperialista del planeta.
¿Soluciones desde arriba?
Como se ha dicho, mucha gente ve que estamos ante una situación muy grave, y que hace falta una respuesta. Dado que tenemos un Gobierno de izquierdas, vitoreado por todo lo alto por las fuerzas progresistas de toda Europa, ¿podemos confiar en las instituciones para solucionar el problema?
Tristemente, no, por dos motivos.
Primero, porque las declaraciones —contra el racismo y la extrema derecha, contra la guerra, etc.— son una cosa, la realidad es otra.
El Gobierno español puede ser ahora mismo el más de izquierdas de Europa. Pero también es cierto que pactaron la nueva política europea de migración con la fascista Giorgia Meloni, y esta política se expresará en medidas no muy diferentes a las de ICE en EEUU. Tampoco podemos olvidar la masacre de Melilla de junio de 2022 —bajo un Gobierno del PSOE y Unidas Podemos— cuando las fuerzas policiales españolas y marroquíes fueron responsables de la muerte de muchas personas.
Estos días, Pedro Sánchez ha pronunciado el lema de “No a la Guerra” que llenó las calles del Estado en 2003. Con esto, ha criticado el ataque de Trump a Irán.
Pero también ha enviado un buque de guerra para “defender Chipre”. En realidad, los ataques atribuidos a Irán no tenían Chipre como tal como objetivo, sino una base militar británica implicada en los brutales bombardeos contra Irán. El buque español se une a una fuerza militar europea que defiende a los agresores, mientras no hacen nada para apoyar al pueblo palestino, cuando tienen Gaza al lado.
Bajo los dos Gobiernos de coalición desde 2019 —del PSOE con Unidas Podemos, luego con Sumar— el gasto militar del Estado español ha aumentado en más del 140%, siempre según las cifras de la OTAN. Como porcentaje del PIB, ha subido del 0,9% al 2%. Huelga decir que cada euro que se gasta en la guerra es un euro menos para salud, educación, vivienda…
El segundo motivo es que incluso si quieren mejorar las cosas, la política institucional tiene muchas limitaciones.
Nos amenaza una extrema derecha que busca convertir las frustraciones de las personas corrientes —ante problemas de vivienda, largas listas de espera en los hospitales, pobreza en general…— en odio hacia las personas migradas, las personas trans, etc., cuando los culpables reales son los superricos y el sistema en general.
Pero las instituciones no pueden señalar a los culpables de verdad. Por eso, incluso cuando llevan a cabo campañas antirracistas, suelen centrarse en las actitudes individuales, con apelaciones moralistas a que seamos mejores personas.
Si toman medidas serias contra la extrema derecha, por ejemplo, con prohibiciones legales, es bastante fácil para los ultras presentarse (de manera hipócrita) como las víctimas del sistema.
En cambio, una movilización amplia vecinal sí puede denunciar el racismo a la vez de señalar (en términos generales, ¡no mediante teorías marxistas!) a los culpables. Y si las y los potenciales votantes de VOX o AC oyen como la gente de su propio barrio les advierte del peligro que estos representan, es más probable que escuchen.
El problema de fondo es que el reformismo consiste en gestionar el sistema actual, no en derribarlo. Por supuesto, los gobiernos reformistas podrían hacer mucho más de lo que realmente hacen: suelen ser los gobiernos de la extrema derecha los que fuerzan los límites de lo constitucional (en beneficio de los ricos), no los de izquierdas.
Pero su orientación política impide a las administraciones reformistas tomar las medidas necesarias para realmente tener un impacto real contra el racismo, el fascismo, o los demás problemas.
Lucha unitaria
Entonces ¿cuál es la alternativa? En Marx21 pensamos que hace falta una revolución socialista desde abajo, pero ahora mismo solo una minoría muy pequeña de la clase trabajadora respalda esta opción.
Aquí debemos volver al principio, a la importancia de las luchas amplias y unitarias por demandas concretas compartidas. Como se ha comentado, es posible abarcar más temas ahora que hace unos años, pero aún hoy estas luchas no se basarán en toda una visión ideológica desarrollada, en el programa de un u otro partido político.
La manifestación unitaria contra el fascismo y el racismo del 28M en Barcelona tiene como uno de sus lemas “Derechos para todo el mundo”. Aun con su simplicidad, potencialmente corta directamente con muchos debates incluso dentro de las izquierdas.
¿Una nueva Ley de extranjería? El lema no entra en detalles, pero se exigen derechos para cada persona, sin condiciones, esto no cuadra con ninguna “ley de extranjería”. ¿Debates rebuscados sobre si se reconocen o no a las mujeres trans? No compliquemos las cosas: las mujeres trans deben tener los mismos derechos que cualquier otra persona, sin discriminaciones. ¿El conflicto en Oriente Medio es muy complicado? No tanto, defendemos los derechos de las personas, vivan donde vivan, sean niñas de una escuela primaria del sur de Irán, o residentes de Gaza, Líbano, Congo o Sudán…
Un movimiento unitario desde abajo no se puede crear con un alto listón ideológico pero, por otro lado, no tiene un techo impuesto por los límites de la política institucional. Las personas corrientes suelen ser mucho más prácticas que los dirigentes de los partidos, una vez que están en una lucha.
Toda la experiencia demuestra que las revoluciones desde abajo empiezan con personas corrientes luchando por demandas sencillas —pan, paz y tierra; contra un golpe militar fascista;…— pero pueden ir mucho más lejos.
El tema sobrepasa por mucho el ámbito de este texto, pero la revolución de 1936 —que este verano cumplirá 90 años— ofrece importantes lecciones. Ante el golpe franquista, la gente trabajadora —tanto hombres como mujeres— se levantó en armas. Tomaron muchas empresas bajo el control obrero. En el campo, ocuparon y colectivizaron las tierras de los terratenientes.
Todo esto lo hizo la gente corriente, por su cuenta.
Pero el gobierno del frente popular hizo lo posible por frenar estos pasos revolucionarios, anulando el control obrero, desarmando a las mujeres, etc. La película de Ken Loach, Tierra y Libertad, muestra de manera genial experiencias en este sentido.
La lección es que la lucha unitaria, sobre puntos compartidos de mínimos, puede llegar muy lejos. Pero tarde o temprano topa con problemas, y no solo por parte de la clase dirigente.
Siempre habrá sectores de la propia izquierda que se oponen a la construcción de tales movimientos amplios, desde abajo, fuera del control de un u otro partido. Siempre hay intentos de canalizarlo todo a través de vías institucionales, o bien de convertir un movimiento en el coto privado de un partido.
Por eso, para que haya más posibilidad de establecer tales movimientos amplios, y poder llevar a cabo las luchas unitarias, hace falta que haya personas que trabajen en este sentido, que sepan dar respuestas a los intentos de debilitar estos procesos.
Ante la situación actual, supone seguir apostando por los movimientos amplios contra el racismo y el fascismo, en solidaridad con Palestina, sobre la vivienda, contra las opresiones de género… a la vez de reconocer —como se ha argumentado aquí— que ahora existen nuevas posibilidades de conectar estas luchas. Pero, como siempre, este proceso no se puede dictar mediante la imposición de un programa completo y precocinado: un “movimiento” con una ideología muy elaborada que no comparte nadie no va a conseguir nada.
Uno de los objetivos del grupo Marx21 es coordinarnos entre las personas que buscamos un cambio fundamental desde abajo —¡una revolución socialista, vamos!— a la vez que contribuimos a la construcción de esos movimientos amplios.
Ahora mismo, son nuestra mejor arma para frenar a la extrema derecha y al racismo, para hacer frente a la guerra y el militarismo, y en las demás luchas. Pero también tienen el potencial de llegar mucho más lejos.
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Manifestación unitaria del 28M2026 en Barcelona:






