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Clare Fester, compañera destacada de nuestro grupo hermano en EEUU, Marx21 USA, analiza la lucha y sus retos.

Tal como Trump 2.0 prometió, durante su segundo año en el poder se ha producido una avalancha de acciones y políticas antimigrantes.

Como parte de la One Big Beautiful Bill Act (la “Gran y Hermosa Ley”) de Trump, el presupuesto del ICE es ahora mayor que el de la mayoría de los ejércitos: ha pasado de 8.700 millones de dólares a 27.600 millones.

En la campaña electoral, Trump prometió deportar a “los peores de los peores”. Sin embargo, tres cuartas partes de las cerca de 70.000 personas en situación de detención migratoria, en diciembre de 2025, no tenían condenas penales.

Ya está claro que muchas de las personas deportadas han sido devueltas a situaciones de peligro. Cuatro mujeres haitianas deportadas desde Puerto Rico —colonia de EEUU— el año pasado fueron encontradas decapitadas en el río al otro lado de la frontera, en la República Dominicana.

Minneapolis

Mientras las redadas del ICE continúan en ciudades y pueblos de todo el país, a finales del año pasado el epicentro de la guerra de Trump contra las personas migrantes se trasladó a Minneapolis, Minnesota, bajo el nombre de “Operación Metro Surge”.

Aunque el movimiento local ya estaba respondiendo a las redadas del ICE, todo se intensificó después de que el agente del ICE, Jonathan Ross, ejecutara a Renée Nicole Good, el 7 de enero.

Good y su esposa Becca actuaban como observadoras legales ciudadanas durante una operación del ICE. Cuando ella empezó a marcharse en su coche, Ross le disparó cuatro veces. Después, el ICE negó el acceso a los servicios médicos antes de que Good muriera. Acababa de dejar a su hijo de seis años en el colegio.

Se convocaron grandes protestas y un “apagón económico” para el 23 de enero. Las protestas sacaron a miles de personas a las calles de Minneapolis con temperaturas bajo cero. Al día siguiente, agentes federales ejecutaron a otro observador legal ciudadano, al enfermero de la UCI y afiliado a un sindicato del sector público, Alex Pretti.

Las grabaciones muestran claramente a Pretti filmando cómo el ICE trataba violentamente a una mujer e interviniendo cuando los agentes le rociaron gas pimienta. Las imágenes también muestran que el arma que Pretti llevaba legalmente ya había sido retirada de su cuerpo antes de que los agentes le dispararan diez veces.

En ambos casos, la campaña de difamación de la administración Trump fue inmediata.

Trump afirmó que Good “atropelló brutalmente” al agente que la mató. El vicepresidente JD Vance dijo que fue “una tragedia causada por ella misma”. Algunos informes afirmaron que embistió al agente con su coche y que este sufrió hemorragias internas, una afirmación claramente absurda para cualquiera que haya visto las imágenes.

Pretti recibió el mismo trato: fue etiquetado de inmediato como “terrorista doméstico” cuya intención era “masacrar a las fuerzas del orden”.

Clase trabajadora

La huelga general convocada en los días entre los asesinatos de Good y Pretti (viernes 23 de enero), y el posterior principalmente paro estudiantil del 30 de enero, supusieron enormes avances para el movimiento por los derechos de las personas migrantes en Estados Unidos.

La gente activista ve en la huelga un arma capaz de interrumpir el sistema y atacar los beneficios para presionar a la clase dirigente para que ceda en materia migratoria. Esto eleva de forma dramática el horizonte político del movimiento.

Varios grandes sindicatos, entre ellos Amalgamated Transit Union (ATU) Local 1005, SEIU Local 26 (trabajadores de servicios), UNITE HERE Local 17 (hostelería), Communication Workers of America Local 7250 y St. Paul Federation of Educators Local 28 —así como la AFL-CIO de Minnesota (central sindical estatal)— respaldaron las convocatorias de huelga general del 23 de enero. Cientos de negocios en Minneapolis cerraron ese día.

Para la jornada de acción del 30 de enero, el movimiento ya se había extendido a nivel nacional, con miles de personas en las calles. En Aurora, Colorado, todo el distrito escolar cerró porque las autoridades sabían cuántos trabajadores y estudiantes planeaban abandonar sus puestos.

Existe mucha discusión sobre si las acciones del 23 y el 30 de enero pueden considerarse realmente huelgas generales. Aunque varios sindicatos apoyaron públicamente la convocatoria, todos se cuidaron de señalar que no estaban llamando a su afiliación a una huelga política, que sería ilegal. Algo así requeriría una preparación muy seria dentro del movimiento sindical organizado.

También hay una confusión de tácticas en estas convocatorias, ya que muchas personas las describen como un “apagón económico” que anima a no salir ni comprar nada ese día. Pero no tenemos más poder como consumidores que se quedan en casa. Cuando tenemos más fuerza es cuando salimos a la calle como las personas trabajadoras que hacemos funcionar el sistema, y que tenemos el poder de detenerlo.

Aun así, este ha sido el paro laboral más significativo por los derechos de las personas migrantes en Estados Unidos desde al menos 2006, durante las huelgas y protestas del Día sin Inmigrantes.

Ahora hay mucho trabajo por delante para las y los sindicalistas de base, con el fin de construir los cimientos para realizar huelgas más coordinadas en el futuro. Una combinación de protestas masivas y paros laborales tiene el poder de detener al ICE. Todas las miradas están puestas ahora en el Primero de Mayo, que marcará el 20º aniversario del movimiento de 2006.

Bipartidismo

Es positivo que cada vez más gente se dé cuenta de que solo nuestro propio poder puede poner fin a esta maquinaria de deportación criminalmente racista, porque los demócratas han ofrecido una defensa bastante débil. Evitan respaldar las llamadas para abolir completamente el ICE.

En su lugar, a menudo piden más dinero para que los agentes del ICE estén mejor formados. Pero el asesino de Good era el sicario mejor y más entrenado —de manera “bipartidista”— del mundo: primero por la guerra de Irak, luego por el Departamento de Seguridad Nacional de Obama, el ICE de Trump, el ICE de Biden y de nuevo el ICE de Trump.

Los demócratas en ciudades liberales se cuidan de proyectar una imagen de apoyo al movimiento: sería una imprudencia despreciar por completo a decenas de miles de personas en las calles, especialmente de cara a las elecciones de mitad de mandato (programadas para el próximo noviembre, son lo único que realmente les importa).

Pero son alcaldes demócratas quienes envían a las policías locales para disolver las protestas. No tienen problema con la aplicación de las leyes migratorias, la separación de familias o las deportaciones; simplemente las llevan a cabo de forma diferente a los republicanos.

Durante el primer año de cada uno en el cargo, Obama registró 973.937 expulsiones, Trump 387.340 y Biden 1,3 millones. En el primer año del segundo mandato de Trump, se deportó a 777.580 personas.

Es muy positivo que cada vez más gente esté recurriendo a la huelga general como estrategia del movimiento, porque no hay ningún político que vaya a abolir el ICE por nosotros.

Cada persona que cogió un día de baja o vacaciones, o que organizó a suficientes compañeros como para que su centro de trabajo no tuviera más remedio que cerrar, cada resolución sindical de santuario y cada conversación junto a la máquina de café sobre qué hacer a continuación están allanando el camino para el tipo de resistencia que necesitamos.