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El papel del movimiento sindical en la resistencia de Minnesota contra el ICE. Entrevista a Kieran Knutson, presidente de CWA Local 7250 en Minneapolis, por Chris Mills Rodrigo del portal Inequality.org.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) y la Patrulla Fronteriza iniciaron hace casi dos meses la llamada “Operación Metro Surge”, dirigida contra las Ciudades Gemelas [Minneapolis y la ciudad colindante, Saint Paul]. Desde entonces, han causado la muerte de Renée Good y Alex Pretti, mientras sembraban el terror en las comunidades migrantes de Minnesota.

El despliegue masivo de agentes migratorios en Minneapolis y Saint Paul ha sido recibido con una respuesta comunitaria extraordinaria. Vecinos y vecinas se han organizado para crear complejas redes de respuesta rápida que rastrean la presencia del ICE y alertan a las personas vulnerables; mantienen a las familias migrantes alimentadas y protegidas mediante sólidas redes de apoyo mutuo; y hacen visible su oposición a lo que, en la práctica, equivale a una invasión federal a gran escala.

Este pasado viernes, 23/01/26, sindicatos, líderes religiosos y organizaciones comunitarias organizaron una jornada de protesta masiva y de parada económica, culminada con un mitin y una manifestación celebrados con temperaturas muy por debajo de los cero grados, a las que asistieron decenas de miles de personas.

¿Qué viene ahora para la resistencia organizada en las Ciudades Gemelas?

Chris Mills Rodrigo (CMR): ¿Cómo ha sido tu experiencia sobre el terreno en Minneapolis durante los últimos dos meses?

Kieran Knutson (KK): Es algo que nunca antes había vivido. Hay 3.000 agentes del ICE en el área metropolitana de las Ciudades Gemelas; por comparar, el Departamento de Policía de Minneapolis tiene entre 800 y 900 agentes.

Ves a los agentes del ICE con frecuencia y están constantemente activos: ya sea en redadas de secuestro, operaciones en las que tienen el nombre de alguien a quien buscan específicamente, o simplemente haciendo perfiles raciales y arrancando a la gente de las gasolineras o cuando van a recoger a las criaturas de la guardería o de la escuela.

Y los enfrentamientos con el ICE han sido intensos. Están desplegando gas lacrimógeno, balas de goma, granadas aturdidoras. Brutalizando a la gente. Es difícil de describir; a mí me parece literalmente una fuerza paramilitar fascista, una fuerza de ocupación.

CMR: ¿Cómo ha afectado esa presencia a la comunidad en la que vives?

KK: Por un lado, enormes cantidades de personas trabajadoras latinas, en particular, se han encerrado en casa. La gente ha dejado de salir del todo. Imagina estar atrapado dentro, sin poder ir al bar, ver a tus amigos, hacer recados, nada de eso. Creo que hay un nivel de terror tal que, incluso si nunca te cruzas con el ICE, lo temes.

Pero, por el lado positivo, en el barrio donde vivimos mi esposa y yo, por ejemplo, hay 700 personas en la red de respuesta rápida. Y tengo entendido que hay unas ochenta redes vecinales similares en las Ciudades Gemelas, lo que significa que miles de personas participan en este movimiento. Muchísima gente aquí está indignada; prácticamente toda la sociedad odia al ICE, y eso da esperanza.

CMR: ¿Cuál ha sido el papel del movimiento sindical en la respuesta comunitaria?

KK: Lo primero que hay que decir es que los sectores migrantes de la clase trabajadora son una parte increíblemente importante de la clase trabajadora en las Ciudades Gemelas y la han fortalecido, haciéndola mucho más pro-sindical y más combativa.

Algunos sindicatos tienen una gran presencia de personas migrantes, así que lo que está pasando no puede dejar de afectarles. En nuestro sindicato hay menos personas migradas, pero a lo largo de los años, hemos cultivado ese espíritu de que una agresión contra una persona es una agresión contra todas.

Vemos esto como una lucha extremadamente importante, y los sindicatos han participado en la ampliación de las redes de respuesta rápida y en la planificación de acciones como la gran jornada de movilización del viernes, 23 de enero.

CMR: ¿Puedes contarme más sobre cómo participó el movimiento sindical en la organización de esa jornada?

KK: La idea surgió del propio movimiento sindical. Desde hace tiempo se viene hablando de cómo los sindicatos tienen que tomarse más en serio la capacidad de convocar huelgas, y huelgas políticas en particular. Existe este problema en la legislación laboral estadounidense: casi todos los convenios colectivos incluyen cláusulas que prohíben la huelga. Y aunque esta acción no pudo esquivar eso, sí logró crear una situación en la que decenas, quizá cientos de miles de personas faltaron al trabajo, casi como una baja masiva por enfermedad.

Los sindicatos construyeron la coalición, que incluye a muchos grupos religiosos y organizaciones comunitarias, entre ellas las que representan a la comunidad somalí, la comunidad latina y grupos nativos americanos.

Además, desde el levantamiento por George Floyd ha habido luchas laborales significativas en el área de las Ciudades Gemelas: aquí el profesorado fue a la huelga, el personal de enfermería también. Creo que eso ha dado más confianza a la gente. No subestimaría la importancia de la experiencia y de las redes que surgieron del levantamiento en la respuesta actual contra el ICE.

Queríamos de verdad que esta acción fuera masiva, así que incluimos “no vayas a la escuela” y “no compres”, para que pudiera convertirse en un esfuerzo de toda la sociedad. Hubo un enorme apoyo de los pequeños comercios; creo que unos 700 acabaron cerrando.

CMR: ¿Cuál era el mensaje que se pretendía transmitir con la acción?

KK: Algunos organizadores sindicales señalaron que, al principio de su mandato, cuando Trump estaba enumerando las ciudades a las que iba a enviar al ICE, San Francisco estaba en la lista. Pero Trump dio marcha atrás, diciendo que ejecutivos del sector tecnológico le habían llamado para explicarle que el despliegue no era necesario.

Así que parte del razonamiento fue que aquí en Minnesota hay un montón de directores ejecutivos y multimillonarios con sedes corporativas que han guardado silencio ante este reinado de terror en nuestras comunidades; deberíamos empezar a presionarlos para que hablen.

Y funcionó en cierto modo. El domingo después del paro salió una carta de la Cámara de Comercio de Minnesota con la firma de más de 60 grandes directores ejecutivos. Eso mostró que la clase empresarial está dispuesta a decirle algo al régimen de Trump sobre el caos que está provocando.

CMR: Al día siguiente de esta increíble muestra de solidaridad, agentes del ICE dispararon y mataron a Alex Pretti, afiliado a un sindicato. ¿Cuál fue y es la siguiente escalada de acción para el movimiento sindical?

KK: El lunes, el primer día de vuelta al trabajo después de la acción, los y las compañeras con las que hablé se sentían muy entusiasmadas por el viernes. Vieron la cobertura nacional, lo grande que fue la marcha pese a los -20ºC, cómo figuras públicas la apoyaron. Y luego, para ellos, el sábado se sintió como una represalia.

Hay gente que está pidiendo continuar la huelga, o una huelga real. Nuestra afiliación aún no ha tenido ocasión de debatir los próximos pasos, pero hablando con otros activistas sindicales, lo que me parece más sensato es organizar una gran asamblea de grupos de respuesta rápida, sindicatos, activistas y organizaciones comunitarias para debatir qué y cómo seguir luchando ahora.

CMR: ¿Qué hace del ICE y de la ocupación de las Ciudades Gemelas un asunto laboral?

KK: Es un ataque contra sectores oprimidos de la clase trabajadora, algunos de los peor pagados y con menos derechos.

Creo que la administración también apunta a las Ciudades Gemelas por el levantamiento de George Floyd, como una forma de disciplinar a una población que jugó un papel importante en aquello.

Pienso que los sindicatos que quieren ser luchadores por la clase trabajadora tienen que formar parte de esta batalla. Este ejército que se está construyendo podría desplegarse igual de fácilmente contra sindicalistas que se están organizando o están en huelga, o contra movimientos sociales.

Es una fuerza peligrosa, muy peligrosa, que tiene que ser derrotada. Dejar intacta esta fuerza significa y significará un peligro constante para todos y todas nosotras.

Chris Mills Rodrigo es el editor jefe de Inequality.org, la web donde se publicó esta entrevista en inglés.