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Judy Cox

Karl Marx denominó “pequeña burguesía” a la capa intermedia entre la clase capitalista y la clase trabajadora.

El marxismo es la teoría y la práctica de la autoemancipación de la clase trabajadora.

Pero, ¿qué pasa con los millones de personas que no son ni trabajadoras ni patrones? Karl Marx predijo en su día que la sociedad se polarizaría cada vez más entre las personas capitalistas y las trabajadoras.

Hoy en día existen capas sociales amplias e influyentes entre las dos clases principales. Marx se refería a estas capas como la “pequeña burguesía”: pequeños empresarios, comerciantes y artesanos. A medida que se desarrollaba el capitalismo, la naturaleza de estas clases intermedias cambió.

Las empresas se convirtieron en grandes corporaciones. Los patrones necesitaban una burocracia de administradores y gerentes para dirigirlas. Las clases medias se diferenciaron entre estos profesionales de la gestión y la pequeña burguesía tradicional.

Existe la opinión generalizada de que la clase social se define por la educación, la cultura o el acento. Es cierto que las diferencias culturales se utilizan para reforzar la desigualdad social.

Pero, para los marxistas, la clase social no se define por la cultura. Y tampoco se define realmente por los ingresos. Algunas personas trabajadoras cobran más que los directivos de nivel inferior o los propietarios de pequeñas empresas. Hay otras realidades económicas importantes que determinan la clase social.

De esta manera, las y los trabajadores no son propietarios de los medios de producción de la riqueza. No tienen más remedio que trabajar para quienes sí lo son. Pero los gerentes y profesionales de clase media también trabajan para pagar la hipoteca. Y no son propietarios de tiendas artesanales o de barrio. Para la comprensión marxista de la clase es fundamental considerarla como una relación social con los medios de producción de riqueza y cómo se relaciona con otras clases.

Las personas de clase trabajadora tienen poco o ningún control sobre cómo realizan su trabajo. Se les presiona para que cumplan objetivos y plazos. Por eso los jefes odian la idea de que la gente trabaje desde casa. No se trata de hacer el trabajo, se trata de controlar.

Los directivos ascienden intimidando a sus subordinados para que trabajen más duro.

Ante esto, la clase trabajadora no tiene más remedio que organizarse colectivamente para defender o mejorar sus condiciones laborales.

La crisis económica puede afectar duramente a las clases medias

Muchas profesiones que antes se consideraban de clase media, como los profesores universitarios, se han “proletarizado”. Los contratos precarios y los lugares de trabajo más disciplinados han llevado a muchos a afiliarse a sindicatos y a ponerse en huelga.

Por otra parte, tras la crisis económica de 2008, la gente, desesperada, se dedicó a crear pequeñas empresas: salones de manicura y peluquerías, conductores de Uber y diversos comercios. Sin embargo, la fantasía de “ser tu propio jefe” es más probable que se convierta en una pesadilla de pobreza e inseguridad. Algunas personas “autónomas” trabajan en realidad con contratos de cero horas. Las clases medias suelen sentirse superiores a la clase trabajadora: más educadas, más sofisticadas y con más control sobre sus vidas.

Pero la crisis económica puede afectar duramente a las clases medias. Se ven aplastadas por las quiebras y exprimidas entre las exigencias de los jefes y la resistencia de los trabajadores. La pequeña burguesía, en particular, se debate entre el potencial del movimiento obrero y las fuerzas reaccionarias que prometen restaurar su seguridad.

Vladimir Lenin describió cómo “la pequeña burguesía se ve empujada al frenesí por los horrores del capitalismo”. El “agudo y rápido deterioro de sus condiciones de vida” puede llevarlos a extremos revolucionarios. Pero, advirtió Lenin, este fervor revolucionario puede “convertirse rápidamente en sumisión, apatía, fantasías y un enamoramiento frenético por una u otra moda burguesa”.

Por lo tanto, la pequeña burguesía es vulnerable a la atracción del fascismo, a la búsqueda de chivos expiatorios entre los grupos marginados y a las promesas de aplastar la resistencia de la clase trabajadora.

Sin embargo, un movimiento obrero fuerte, que exija el control de los alquileres y limite el poder de los bancos, puede ganarse a algunos miembros de la clase media. La clase obrera solo puede ganar aboliendo todo el sistema de clases. Por eso Marx la llamó la clase universal.