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David Karvala, Marx21

En las manifestaciones de solidaridad con Palestina el grito de “¡Palestina libre, desde el río hasta el mar!” es ahora muy típico.

Supone defender la creación, en todo el territorio histórico de Palestina, de un solo Estado igualitario para los diferentes pueblos de ese pequeño territorio, sean estos palestinos —musulmanes o cristianos—, judíos, drusos… Supone reconocer que no habrá ni justicia ni paz sin acabar con el sistema de apartheid y colonialismo que representa el Estado sionista.

Pero esta exigencia del fin del colonialismo a menudo no se entiende, incluso se manipula su significado de manera interesada. Como se explicará más adelante, no supone en absoluto “echar a los judíos al mar”.

No obstante, durante décadas, entre muchos sectores progresistas e incluso muchos movimientos de solidaridad con Palestina, se ha hablado de la creación de un Estado palestino al lado de uno israelí, más que de un único Estado. Y claro, esta visión de Palestina discrepa fundamentalmente de las posiciones adoptadas por diferentes países incluso durante los últimos meses y semanas.

Varios dirigentes europeos ahora hablan de “reconocer un Estado palestino”, al lado del Estado israelí. Pero también se han apresurado a apoyar el último atropello colonial e imperialista de Trump, de imponer una administración bajo el control de Tony Blair para controlar una franja de Gaza convertida en zona de especulación.

Ante este panorama, ¿por qué es importante defender la creación de un solo Estado palestino? ¿Qué significa esto en términos de la lucha?

¿Quién decide?

Referente a esto, hay que aclarar un punto previo fundamental. Debería ser obvio que la decisión respecto a qué forma debería adoptar una solución en Palestina le corresponde al propio pueblo palestino y no a los movimientos de solidaridad, ni mucho menos a las potencias mundiales y a sus aliados.

Sin embargo, los movimientos sí se han posicionado al respecto. Por ejemplo, en 2007, para una acción ante el 40 aniversario de la ocupación de Cisjordania y Gaza, el manifiesto unitario en Catalunya declaraba como la “solución del conflicto”, un “Estado de Israel y [un] futuro Estado independiente palestino, uno junto al otro”. Seguro que muchos movimientos en diferentes países se han expresado a menudo en términos parecidos.

Por otro lado, no es fácil aclarar “lo que piensa el pueblo palestino”. La “Autoridad Palestina” (AP) —dominada por la OLP/Fatah y que administra Cisjordania— sí defiende la idea de dos Estados.

En enero de 2025 el presidente de la AP, Mahmud Abbás, felicitó al nuevamente elegido presidente estadunidense, Donald Trump, y se mostró dispuesto a cooperar con él para llegar a una “solución de dos Estados”. En septiembre de 2025, Abbas declaró que aceptaba el plan de Trump para Gaza.

Pero no se le debería escapar a nadie que Abbas no se presenta a elecciones desde 2005, y que su “AP” solo controla Cisjordania mediante la represión y la colaboración con las fuerzas israelíes. No representa ni tan siquiera a la población palestina de ese territorio, ni mucho menos al conjunto del pueblo palestino.

El Centro Palestino de Investigación Política y Encuestas llevó cabo una encuesta en Cisjordania y la Franja de Gaza en diciembre de 2022. Descubrieron que el apoyo a la “solución de dos Estados” había caído del 37% de su encuesta anterior, al 32%. El 69% pensaba que esta solución no era viable debido a la expansión de los asentamientos.

La visión de un solo Estado con igualdad de derechos solo tenía el apoyo del 26% de las personas encuestadas, pero es una cifra alta para una posición que no promueve ninguna organización fuerte. Es llamativo que la única opción que recibió el apoyo mayoritario fue la lucha armada.

En todo caso, cabe destacar dos cosas.

Primero, y por motivos que se explicarán abajo, la idea de “dos Estados” está cada vez más vacía de contenido, y esto lo reconoce una parte creciente de la población palestina.

Segundo, en la izquierda internacional y los movimientos de solidaridad, tenemos todo el derecho de desarrollar nuestros propios análisis, siempre en el contexto de promover la solidaridad con el pueblo palestino. Esto incluye la defensa de la visión de un solo Estado democrático, si nuestro análisis de la realidad demuestra que es la única solución real.

Sea como sea, ya es totalmente inaceptable que un movimiento de solidaridad presente como visión de consenso la permanencia de un Estado sionista de apartheid al lado de un futuro Estado palestino, como han hecho durante muchos años.

Un solo Estado… ¿sionista?

La propuesta de un solo Estado en toda la Palestina histórica levanta un fuerte rechazo entre muchos defensores de Israel, pero es un rechazo hipócrita.

La “derecha sionista” siempre ha expresado su deseo de ocupar todo ese territorio, expulsando a toda la población palestina. La “izquierda” sionista en realidad compartía ese objetivo, pero solía ser más cuidadosa en sus declaraciones. El genocidio actual en Gaza es una expresión de esa visión; el proyecto de “completar” el Nakba —la expulsión del pueblo palestino— de 1948. Quieren un solo Estado, pero basado en el supremacismo sionista.

Benyamín Netanyahu volvió a insistir recientemente: “No habrá un Estado palestino”. Está diciendo que quiere un solo Estado, Israel, entre el río y el mar.

La derecha más extrema —dentro de la extrema derecha que gobierna Israel— logró la aprobación en el parlamento israelí de una propuesta para la anexión de Cisjordania como una “parte inseparable” del Estado israelí.

No obstante, con su “reconocimiento del Estado palestino”, los dirigentes europeos siguen presentando la idea de dos Estados como solución, pero es puro cinismo. Es solo un intento de fingir que están respondiendo a las protestas en sus países a favor de Palestina.

Nunca explican cómo y dónde se va a crear este Estado palestino. Entre los asentamientos de colonos, las carreteras que los conectan con el Estado sionista, los checkpoints… ya no queda territorio palestino libre en Cisjordania. Esta anexión y el “plan Trump” para Gaza realmente suponen la liquidación definitiva de la ficción de “un Estado palestino al lado de uno israelí”.

¿Echar al mar?

Como se ha comentado al principio, a menudo se argumenta que la llamada a un Estado palestino desde el río hasta el mar implica “echar a los judíos al mar”. Ninguno de los actores importantes políticos palestinos tiene la intención de hacer nada parecido.

Eso sí, la propuesta es eliminar el Estado del apartheid israelí, de la misma manera que se eliminó el Estado del apartheid en Sudáfrica.

Allá, algunos blancos se fueron del país al caer el régimen racista, pero la gran mayoría se quedó. Nunca existió el planteamiento de echarlos al mar: ni siquiera se castigaron a los asesinos y torturadores, lo que es otro debate.

Varias personas que han visitado la Sudáfrica post-apartheid han bromeado acerca de que todas las personas blancas que conocieron allá odiaban el sistema de apartheid y celebraban su caída… lo que convierte en un gran misterio la capacidad del sistema racista de sobrevivir tantos años.

Un caso especial podrían ser los colonos en los asentamientos de Cisjordania. Aquí, podría ser una situación más parecida a lo que pasó con una parte de la población francesa en la descolonización de Argelia. Se trata de una población de extrema derecha que solo quiere vivir en un territorio sobre la base del supremacismo.

De Argelia, muchos de estos colonos, los llamados pieds noirs, volvieron a Francia. Aún hoy, los pieds noirs son un factor de peso en el Front National francés (ahora llamado “Rassemblement National”). Recordemos que las experiencias de Jean-Marie Le Pen en Argelia —como militar y torturador— fueron una influencia muy importante para este dirigente fascista francés.

Del Estado sionista, muchos colonos fascistas quizá volverían a sus países de origen en Europa o norte América y se convertirían en un problema para la democracia allá. Pero esto no implica en absoluto “echar a los judíos al mar”.

¿Por qué un solo Estado palestino?

Un argumento se basa en otro ejemplo ya citado. La solución frente al apartheid en Sudáfrica no fue un “Estado negro” junto al Estado racista blanco.

De hecho, el propio régimen blanco promovió la creación de “bantustanes”, seudo-Estados negros controlados por sus colaboradores. Lo que se ofreció en los “acuerdos de Oslo” de los años 90 fue precisamente esto: territorios “palestinos” sometidos al Estado sionista. Los gobernantes de Israel ni siquiera permitieron que se cumpliesen estos acuerdos.

Unos “bantustanes” palestinos nunca fueron una solución y no lo son ahora.

El 20% de la población de Israel son personas palestinas. Esta población —personas que lograron no ser expulsadas en el Nakba de 1948, y sus descendientes— vive bajo una discriminación sistémica: no tienen igualdad de derechos oficialmente ni mucho menos en la práctica. Diversas entidades de prestigio han definido esto de apartheid, como hizo Amnistía Internacional en 2022 tras un estudio detallado.

La creación de un “Estado palestino” junto a uno israelí no les solucionaría nada. Seguirían bajo estas condiciones de desigualdad o bien —muy posiblemente, tal y como está el patio— el régimen sionista intentaría aprovechar el momento para expulsarlos a esos pequeños bantustanes.

Segundo, en 1948, la ONU aprobó la resolución 194, que obliga a Israel a permitir a las personas refugiadas palestinas que así lo deseen volver a sus casas.

La “solución” de dos Estados —incluso si Israel se retirase a las fronteras de antes de 1967, lo que parece muy improbable— implicaría olvidar definitivamente este principio y negar el derecho de regreso a los refugiados al 78% del territorio de Palestina. Las estimaciones varían, pero se calcula que la población palestina refugiada supera los 7 millones. Estas personas no cabrían en el hipotético Estado palestino de Cisjordania y Gaza. Se quedarían sin futuro para siempre.

Por último, y como se ha comentado, el Estado israelí ha dejado claro a lo largo de los años que no permitirá la creación de una Palestina independiente.

Establecer algún tipo de Estado palestino sería imposible sin derrotar al régimen actual israelí. Pero si se logra derrotar al sionismo, no hay razón para dejar en pie el Estado del apartheid. Se trataría más bien de establecer un nuevo Estado para toda la población que quisiera vivir en condiciones de igualdad, ya sean personas palestinas, de la población judía de Israel, o de los otros grupos étnicos de la zona, como la gente drusa.

¿Derecho a la autodeterminación?

Un argumento típico es que el sionismo simplemente representa reconocer los derechos nacionales del pueblo judío.

Según esta visión, rechazar la existencia de Israel supone una discriminación, dejando a las personas judías sin esa posibilidad de autodeterminación.

Pero este argumento confunde muchas cosas.

Primero, porque no existe una “nación judía”. Hay mucho debate al respecto, pero se puede afirmar que existe un pueblo judío, que combina aspectos religiosos y también culturales. Pero el islam también combina lo religioso y lo cultural. Sin embargo, ni las personas judías ni las musulmanas constituyen una nación, como sí lo son el pueblo kurdo, Escocia, Catalunya, etc.

El judaísmo nació en lo que llegó a ser Palestina, pero el cristianismo también. No significa que las personas cristianas del mundo deban “volver” a Belén, Nazaret o Jerusalén para establecer un Estado cristiano. El cristianismo creció a lo largo de los años mediante la conversión; los y las cristianas forman parte de muchas nacionalidades diferentes, no son en absoluto descendientes de esas primeras personas cristianas en Palestina. Lo mismo pasa con el judaísmo.

“Las personas judías deberían tener plenos derechos civiles y humanos allá donde vivan.”

Eso sí, las personas judías sí deberían tener plenos derechos civiles y humanos allá donde vivan, sin la opresión que representa el antisemitismo, el racismo contra las personas judías. La izquierda —y de hecho cualquier demócrata— debe tomar muy en serio la lucha contra el antisemitismo.

Pero eso es exactamente lo que el sionismo no hace. Más bien, el sionismo representa la aceptación del antisemitismo, incluso la colaboración con quienes promueven esta forma del racismo. El sionismo reemplaza la lucha por plenos derechos democráticos de las personas judías allá donde vivan por el falso “derecho” de construir una colonia europea en Palestina.

Oponerse a la existencia de esta colonia no supone negar ningún derecho de autodeterminación.

Cómo conseguirlo

El objetivo de la lucha y los métodos necesarios para conseguirlo van muy relacionados.

Si el objetivo es establecer un mini-Estado palestino al lado de Israel —creando un territorio gestionado por la burguesía palestina, bajo las mismas reglas neoliberales y con la misma tendencia represiva que otros Estados de la región— entonces la estrategia de colaborar con esos regímenes arabo-musulmanes, en búsqueda del espejismo de un acuerdo con el Estado sionismo, puede parecer lógica.

Pero si se busca un nuevo Estado que realmente sea democrático, socialmente justo, y no regido en base a divisiones étnico-religiosas, entonces hace falta una estrategia muy diferente.

En este caso, se debe reconocer el papel de la lucha palestina como un eje clave de la lucha de clases en toda la región. Los gobiernos y las clases dirigentes de los Estados que rodean Israel, a pesar de sus declaraciones de “solidaridad eterna con el pueblo palestino”, en realidad siempre han colaborado más o menos abiertamente con el régimen sionista.

La corriente política de la que Marx21 forma parte defiende desde sus inicios una visión internacionalista y de clase de la cuestión palestina. Por supuesto que hay que apoyar a la propia resistencia palestina, por todos los medios necesarios. Pero el pueblo palestino por sí solo no tiene la fuerza, ni económica ni militar, para derrotar al Estado israelí. La campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) también es importante, pero por si sola tampoco podrá acabar con un régimen sionista respaldado por las clases dirigentes del mundo.

Un grupo revolucionario palestino declaró en 1947 que “solo hay un camino: la guerra de clases común con nuestros hermanos árabes; una guerra que es un eslabón inseparable de la guerra antiimperialista de las masas oprimidas en todo el Oriente árabe y en todo el mundo.”

Una persona clave de este grupo, un palestino judío, más tarde llegó a conocerse como Tony Cliff, miembro fundador de la corriente socialismo internacional (IST). La IST ha defendido desde siempre que se debía acabar con el sionismo y establecer un solo Estado palestino, mediante la sublevación de las clases trabajadoras de la región, contra sus propios jefes, contra sus propios Estados autoritarios, y contra el Estado sionista.

Durante décadas, esa podría parecer una visión poco realista, frente al “realismo” de aclamar los acuerdos de Oslo y la idea de dos Estados. Pero ante la clara incapacidad de esos acuerdos de ofrecer nada a la gente pobre y trabajadora palestina, y sobre todo con la experiencia de las revoluciones de 2011, la visión de la IST gana aún más vigencia.

Bajo esta orientación, se combina la lucha de clases y la lucha nacional. Implica romper con un elemento central en la estrategia de casi todas las fuerzas políticas palestinas: la búsqueda de aliados entre las clases dirigentes de la región… que siempre acaban en traición. Pero a pesar de la represión, y las políticas a menudo desastrosas de las izquierdas, las clases trabajadoras y la gente pobre de la región han demostrado repetidamente su solidaridad activa con la causa palestina.

De esta manera, se puede ofrecer una alternativa real para todos los pueblos de la región, muy lejos de la creación de un bantustán corrupto al lado del Estado sionista de apartheid. Una Palestina libre, en el contexto de un cambio regional… e idealmente global.