ES CA

Natalia Boffa

El domingo 26 de octubre de 2025 se desarrollaron las elecciones legislativas nacionales en Argentina, para renovar 127 bancas de la cámara de Diputados y 24 en el Senado.

La elección será recordada por el debut del sistema de Boleta Única de Papel (BUP), que no es un dato menor, porque el conteo fue rápido, pero quedaron dudas sobre su inviolabilidad.

Los primeros resultados publicados en los medios de comunicación y anunciados en los bunkers partidarios estimaban que el partido oficial de ultra derecha La Libertad Avanza (LLA) había obtenido el 41% de los votos, superando en 7 puntos a Fuerza Patria, de origen peronista; la tercera fuerza fue el Frente de Izquierda Unidad, con alrededor del 4% de los votos.

Sin embargo, estos resultados estuvieron plagados de arbitrariedades. Fuerza Patria era solo una de las agrupaciones peronistas, porque en las distintas provincias el nombre de las alianzas podía variar. Así, los anuncios oficiales incumplieron lo reglamentado por la Justicia Electoral, que había dispuesto que los resultados se comunicasen por fuerza política y no por nombre de agrupación.

Además, el gobierno contrató a la empresa privada INDRA, de capitales españoles, para realizar el conteo de votos, lo que ha generado polémica en los últimos días.


INDRA: negocios electorales

Los problemas con INDRA son varios, por ejemplo, los pliegues de la licitación no son públicos; esto, sumado a que la empresa ya ha sido acusada de bajo nivel de transparencia porque trabaja con un software privado que no se puede auditar.

Además, JP Morgan es accionista de INDRA y mantiene conexiones directas con el oficialismo, al igual que Facundo Prado, el encargado de la licitación local, socio de Mario Lugones, Ministro de Salud.


De todos modos, los resultados nacionales mostraron el amplio apoyo que la ciudadanía sostiene para LLA —o al menos un voto no-peronista, incluso vergonzante— que confirmó que los esfuerzos del peronismo aún son insuficientes para recobrar la confianza del pueblo.

La tercera fuerza, el Frente de Izquierda, tuvo una elección superadora en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) al obtener el 9% de los votos, lo que le alcanzó para conseguir un escaño en el Congreso. Sin embargo, en la media nacional logró mantenerse más que avanzar.

Enajenación

Hay que destacar que la participación de votantes en general no alcanzó el 68% y los votos en blanco y nulos sumaron más del 5%. La baja participación fue relativamente esperable en este tipo de elecciones de medio término. Sin embargo, estas cifras fueron las más cercanas al clima electoral de 2001. Esto indica cierta disconformidad, enajenación y pérdida de expectativas en la democracia electoral.

No obstante, no dejamos de preguntarnos por qué el 41% del país sigue apoyando y creyendo en el proyecto de la ultra derecha; sobre todo, porque con estos resultados la oposición lo tendrá más complicada para superar los vetos del presidente hacia las leyes que el propio Congreso aprueba.

¿Cómo es esto posible en un país sumido en una crisis por los crecientes costos del nivel de vida y el ajuste en el nivel de los salarios, con un gobierno que ha tenido varios escándalos de corrupción como la estafa Libra, los narco-diputados, las coimas del 3% de Karina Milei con el menemismo, los recitales desafinados y los gritos, insultos y desbordes psicológicos del presidente?

¿Por qué apostar por un modelo que desfinancia instituciones públicas y sistemas completos que incluyen educación, salud, discapacidad, ciencia, género, agricultura familiar, industria nacional, desarrollo nuclear, que es un modelo racista, de desalojo territorial, que está intentando reprivatizar el agua mediante la licitación de cuatro represas de la cuenca del Comahue, y un largo etcétera?

Estos resultados no significaron solamente un “voto de castigo” para mostrar el disgusto por la corrupción y falta de proyecto peronista. Hay algo más.

Un análisis posible podría ser que la alta inflación del gobierno anterior generó mucho daño en las economías familiares de clase media y media baja, quedando por debajo de la línea de la pobreza. Los pequeños y medianos empresarios también se auto-compadecían por el descenso del consumo, los altos costos fiscales y las restricciones a las operaciones en moneda extranjera. Todo esto se sumó a los casos de corrupción que llegaban a la justicia y que los medios masivos se encargaron de moldear como formadores de opinión pública.

Así, la población comenzó a buscar otros horizontes, que encontró en una alternativa que contaba con apoyos internacionales y un ejército de bots.

El problema es que después de dos años de gobierno, la perspectiva no es mejor. Al contrario, las condiciones de precarización laboral, los recortes en las asistencias del estado, jubilaciones y el ajuste generalizado lo está padeciendo toda la población en general.

¿Entonces, qué pasó en estas elecciones?

El sueño americano

Quizás, una de las cuestiones estructurales es que “bajó” la inflación: en octubre estaría alrededor del 31% interanual. Aunque esta cifra sigue siendo alta, su descenso aportó cierto alivio para los proyectos de las familias trabajadoras y pequeños o medianos empresarios. Por supuesto, los grandes empresarios se encuentran en la mejor situación, con la exención de impuestos, la liberación del mercado y la especulación.

Esto sumado a la influencia norteamericana, que no es más que el “sueño americano” con condiciones, pero que promete un horizonte atractivo en cuanto a consumo y estilo de vida. El problema es que todo esto es una nube de humo, que al desvanecerse va a mostrar la verdadera crisis en la que se está sumiendo el país.

Por un lado, la inflación está siendo frenada con la toma de deuda externa, especialmente a través de los acuerdos con el FMI. Como si fuera poco, antes de las elecciones, se tomó un préstamo directamente del Tesoro Nacional de Estados Unidos.

Este respaldo del presidente Donald Trump a Milei fue crucial para la decisión electoral. Sin embargo, vino acompañado de la amenaza de que si no ganaba las elecciones, no sería desembolsado el préstamo.

Este anuncio extorsivo —que supieron replicar los bots— fue acompañado de la amenaza de devaluación del peso (moneda de los salarios argentinos) por la inestabilidad de los mercados en caso de resultados adversos para el oficialismo. En este punto, el propio Trump ha recibido críticas por la contradicción de esta decisión con su política de “America first”, que debería apuntar a solucionar problemas internos como las condiciones deficientes del sistema de salud.

En realidad, Trump no se contradice. Si sumamos la intromisión del ejército norteamericano en la Patagonia, los dichos de su ministra de defensa acerca de la potestad de EEUU sobre los recursos naturales latinoamericanos, la injerencia del FMI en las decisiones políticas y soberanas del país, podemos anticipar que somos el experimento de un neo-colonialismo norteamericano que lleva el espíritu del Destino Manifiesto y la reedición de la Doctrina Monroe, que dicta “América para los americanos [léase estadounidenses]”.

Por otro lado, la creciente informalización laboral ha generado el debilitamiento de la presencia sindical y su poder de negociación. A su vez, el gobierno neutralizó los acuerdos con los sindicatos más combativos al dejar de convocar a paritarias e implementar sanciones laborales a los huelguistas.

Además, el sindicato mayoritario, la CGT, de inspiración peronista, no ha mostrado más que tibieza en sus pronunciamientos y muy pocas acciones. Pero esto no quiere decir que la gente, sobre todo la clase trabajadora, no esté comprendiendo las contradicciones del proyecto.

Las movilizaciones en defensa de la educación pública, la salud, en especial en defensa del Hospital Garrahan, los discapacitados y jubilados, la defensa del agua y los territorios comunitarios, han sido constantes, por momentos muy masivas y han estado presentes en todo el territorio nacional. Sin embargo, no han logrado romper la agenda nacional anti-estatal y el avance de las privatizaciones.

“Libertad”

Una explicación posible se relaciona con el eslogan de campaña “la libertad avanza o Argentina retrocede”. Esto construyó un horizonte posible con la palabra “libertad” como referente.

Pero para el neoliberalismo la única libertad que importa es la libertad de mercado, de acumulación y de especulación. Sus referentes políticos ya ni siquiera se excusan con pretextos como el “efecto cascada”. Ya no hay necesidad de prometer que algún día le llegará a la gente, a los y las trabajadoras, algo de esas ganancias extraordinarias acumuladas por mega-corporaciones y empresarios multimillonarios.

No es necesario porque últimamente se ha impuesto en el sentido común que esas ganancias son “bien merecidas”, por esfuerzo, ingenio o golpe de suerte. Y como todas las personas trabajadoras hacen esfuerzos, tienen ingenio (sobre todo para llegar a fin de mes) y anhelan un golpe de suerte, entonces esto, que es la meritocracia, caló hondo en una buena parte de la población argentina.

No obstante, esto no es así para otra gran parte de la población. En los lugares de trabajo nos estamos preguntando por qué esperar a que se activen los sindicatos, ¿acaso no somos los y las trabajadoras quienes movemos el país? En este horizonte, ¿podría ser la salida la “huelga general”, parar el país, paralizar el modelo de especulación y así desvanecer la nube de humo? ¿Con qué propósito?

¿Qué pasará después de la huelga general? Si no lo definimos pronto, corremos el riesgo de que pierda sentido el esfuerzo, generar mayor crisis por la paralización de lo poco que funciona y lamentar costos sociales y humanos.

Algo de memoria. No olvidemos que en 2001 muchas empresas que cayeron por la crisis neoliberal fueron recuperadas por los y las trabajadoras. Somos quienes sostenemos, cuidamos, educamos y defendemos la soberanía. No estamos en un período de estabilidad, al contrario, tenemos que replantearnos y repensarnos estratégicamente en este nuevo escenario de crisis, para salir con una alternativa consistente y humana.

 

Nota de la autora: Agradezco a Heike Schaumberg por las ideas sugeridas y a Liam Winning por abrir el debate.

Natalia Boffa es simpatizante de Marx21 en Argentina.