En 2016, Barak Obama anunció que el rostro de Harriet Tubman sustituiría al del presidente Andrew Jackson en los billetes de 20 dólares. Esta iniciativa sería posteriormente cancelada, al llegar a la presidencia por primera vez Donald Trump.
Pero ¿quién era esta mujer? Harriet Tubman es una leyenda en la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos. Activista, espía, líder militar, su vida es digna de una película de acción.
Harriet Tubman nació con el nombre de Araminta Ross, se cree que entre 1820 y 1822 en Dorchester, Maryland, hija de una familia de esclavos y, por tanto, destinada ella misma a la esclavitud, destino al que nunca se rindió nunca.
A los doce años de edad fue herida en la cabeza, durante el intento de fuga de un esclavo en cuya detención se negó a colaborar. De resultas de esta herida padecería secuelas durante el resto de su vida, en forma de migrañas y episodios alucinatorios que Tubman, persona profundamente religiosa, interpretó como visiones místicas que la impulsaban a liberar a las personas afroamericanas de la esclavitud, igual que Moisés había hecho con los hebreos en Egipto.
En 1844, adoptó el nombre de Harriet Tubman tras casarse con un hombre negro libre.
Sin embargo, su matrimonio no fue un freno a sus ansias de libertad, más
bien fue un acicate, ya que su esposo no hizo nada por liberarla, y la veía más como una sirvienta que como una compañera. Así que en 1849 protagonizó su primer intento de fuga, acompañada de dos de sus hermanos. Pero estos, acobardados al enterarse de que se ofrecía una recompensa por su captura, decidieron entregarse, no dejando a Harriet más opción que rendirse junto a ellos.
No tardó mucho en volver a fugarse, pero esta vez sola y con éxito, consiguiendo llegar al territorio abolicionista de Pennsylvania. En este segundo intento fue ayudada por activistas de la red conocida como el Ferrocarril Subterráneo. Por ello, no se conocen demasiados detalles de la fuga, ya que Harriet jamás reveló nada que pudiera comprometer a los activistas implicados, ni siquiera décadas después de la abolición oficial de la esclavitud.
Pero Tubman no se conformó con obtener su propia libertad. Firmemente convencida, como ya se ha dicho, de tener el mandato divino de liberar a su pueblo, se implicó en el Ferrocarril Subterráneo.
Regresó a Maryland de incógnito a fines de 1850 para rescatar a su hermana y a sus dos hijos. Fue la primera de muchas incursiones con éxito en territorio esclavista.
Se estima que Tubman en persona, actuando como “maquinista” habría conducido a la libertad a unas 70 personas fugitivas, aparte de dar instrucciones precisas a muchas otras para emprender la fuga por su cuenta, a lo largo de una red de casas seguras que llegaba hasta Canadá.
Se ganó una merecida fama de líder audaz, hábil en el disfraz y conocedora del terreno. Era capaz de internarse profundamente en territorio hostil de ser necesario, a fin de evitar las rutas más fáciles que sabía que estarían vigiladas. Pero también fue dura, ya que acostumbraba a ir armada, y no dudaba en “convencer” a punta de pistola a cualquiera que flaqueara ante la dureza del camino, y pusiera en riesgo la misión.
Se dice que en los estados esclavistas sureños se puso precio a su cabeza, 40.000 dólares, aunque es muy probable que esto sea solo propaganda del bando unionista tras la Guerra Civil Americana.
Al estallar en 1861 la Guerra Civil Americana, Tubman se unió al ejercito unionista, enfrentándose al sur confederado, esclavista. Primero trabajó de cocinera y enfermera, pero pronto sus habilidades para la infiltración la hicieron más valiosa en el campo del espionaje.
Harriet Tubman convirtió Fort Monroe, en Virginia, en un polo de atracción de personas esclavas fugitivas, muchas de las cuales acabaron enrolándose en las filas unionistas, y en la base de una eficiente red de exploradores y espías.
Su conocimiento del terreno y sus redes de contactos, que se extendían por territorio confederado mucho más allá de la línea del frente, llegando hasta Florida, la hicieron una pieza valiosa en operaciones de infiltración y sabotaje.
Un ejemplo fue la operación en el río Combahee, que ayudó a organizar. Allí se liberaron a cerca de 700 personas esclavas de diversas plantaciones, además de destruir infraestructuras y capturar gran cantidad de suministros del ejército confederado.
Así, Tubman se convirtió en la primera mujer en organizar una operación militar para el ejército de Estados Unidos. Durante esta época, se ganó el apodo de “General Tubman”.
Tras la guerra, Harriet Tubman siguió luchando por los derechos de la comunidad afroamericana, así como por los de las mujeres.
Se involucró en el movimiento sufragista, y pronunció conferencias en diversas ciudades. En estas solía poner sus propias acciones como prueba de que las mujeres podían y debían tener responsabilidades políticas.
Cuando se fundó la Asociación Nacional de Mujeres de Color, Tubman se unió a sus filas.
En 1869 Sarah Bradford escribió su biografía, titulada Escenas de la vida de Harriet Tubman. Con los beneficios del libro fundó un asilo para ancianos afroamericanos en 1898. A ese mismo lugar sería trasladada Harriet en 1911 debido al empeoramiento de su salud. Hasta ese momento había seguido participando en el movimiento sufragista.
Finalmente, Harriet Tubman murió en 1913.
El ejército de Estados Unidos, que en vida se había negado a concederle una pensión hasta 1899, y aún entonces solo reconoció sus servicios como enfermera, pero no los de exploradora y espía, le rindió honores militares en su entierro.
Su nombre ha pasado a la historia como un símbolo de lucha y compromiso, de alguien que no se conformó con el destino de sumisión que otros con poder querían imponerle, y luchó para cambiarlo, para ella y para los demás.





