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El cambio climático provoca incendios forestales, que a su vez provocan más cambio climático.

David Leiva

El mundo está perdiendo más bosques que nunca, y por primera vez los incendios han superado a la agricultura y la tala como causa principal.

Según un informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), solo el año pasado se destruyeron 6,7 millones de hectáreas de bosques tropicales. Es una superficie casi del tamaño de Panamá.

Existe una clara relación con el cambio climático, ya que el año pasado fue el más caluroso jamás registrado. Las condiciones secas y calurosas —combinadas con el patrón climático de El Niño y el efecto del cambio en el uso de la tierra— hicieron que los incendios fueran más intensos y difíciles de controlar.

Los incendios también provocan más cambio climático. La quema de bosques liberó más de cuatro veces las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el transporte aéreo en 2023. Los incendios forestales están empujando a especies únicas hacia la extinción y obligando a los pueblos indígenas a abandonar sus hogares. Dañan la salud de las personas, sobrecargan el suministro de agua y amenazan los medios de subsistencia.

El informe también destaca cómo la pobreza y los conflictos empeoran la situación. En la República Democrática del Congo, los índices de pérdida de bosques se han disparado. Las condiciones han sido inusualmente calurosas y secas. Y el conflicto en curso con grupos rebeldes respaldados por la vecina Ruanda ha provocado más inestabilidad y más tala de bosques.

Alerta roja

En Brasil, el expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro entregó la selva tropical a los grandes productores de carne de vacuno y soja. Las cosas han mejorado algo desde que el presidente Lula, del socialdemócrata Partido de los Trabajadores (PT), volvió al poder en 2022.

Pero los incendios representan ahora el 66 por ciento de la pérdida forestal. Esta cifra se ha multiplicado por seis desde 2023.

Elizabeth Goldman, codirectora de la plataforma Global Forest Watch del WRI, dijo: “Este nivel de pérdida de bosques no se parece a nada que hayamos visto en más de 20 años de datos. Es una alerta roja mundial. Nuestras economías, nuestras comunidades, nuestra salud… nada de ello puede sobrevivir sin bosques”.

Los datos deberían hacer sonar las alarmas sobre el impacto del cambio climático en la fauna y la flora del planeta y en las personas. Pero los gigantes de los combustibles fósiles siguen extrayendo carbón, petróleo y gas que saben que amenazarán nuestra supervivencia. Y los líderes mundiales trabajan mano a mano con los capitalistas de los combustibles fósiles.

En noviembre, los líderes mundiales se reunirán en Belem, Brasil, para las conversaciones de la COP sobre el clima en la selva amazónica. No podemos confiar en que los delegados en estas conversaciones realicen los cambios sistémicos en la sociedad necesarios para detener el colapso climático.

Paradójicamente, los preparativos para las conversaciones han implicado el aumento de la capacidad aeroportuaria y la construcción de nuevas carreteras. Por todo ello, las negociaciones deberían ser el centro de las protestas masivas en Brasil y en todo el mundo.

Podríamos detener la catástrofe climática si viviéramos en un mundo que controlásemos democráticamente.

Necesitamos reemplazar el capitalismo, un sistema impulsado por la competencia, por el socialismo, un sistema organizado colectivamente desde abajo, para satisfacer las necesidades de todas las personas. Y pronto.