Héctor Puente Sierra habló con Andy Brown sobre la revolución y la contrarrevolución en la Guerra Civil Española.
Andy Brown (AB): ¿Por qué es tan significativa la Guerra Civil Española para la izquierda?
Héctor Puente Sierra (HSP): La década de 1930 tuvo muchas similitudes con la actualidad. Fue una década de crisis y polarización social, una década en la que los fascistas llegaron al poder.
Pero esa es solo una parte de la historia. También fue una década de lucha obrera y revolución.
El resultado —la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, el terror del estalinismo— fue consecuencia de la derrota de la izquierda.
Y, fundamentalmente, de la derrota de la Revolución española, que fue la revolución social más profunda desde la Revolución Rusa de 1917.
Mientras que la contrarrevolución en Rusia sofocó las aspiraciones que allí habían surgido, la Revolución española planteó la posibilidad de un nuevo auge revolucionario. Fue increíblemente significativa.
AB: ¿Por qué la clase dirigente consideraba tan amenazante al Gobierno republicano?
HSP: El primer Gobierno republicano de 1931 fue una coalición de la clase media, los republicanos liberales y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), un partido socialdemócrata. Su objetivo no era instaurar el socialismo, sino reformar el Estado para que el capitalismo español fuera funcional. Si bien introdujo algunas reformas de izquierdas, el Gobierno esperaba lograrlo tranquilizando a la clase dirigente y asegurándole que no amenazaba fundamentalmente sus intereses.
Esta coalición se desmoronó rápidamente debido a la increíble hostilidad de la clase dirigente, que utilizó todos los medios económicos a su alcance para intentar frenar cualquier reforma.
AB: ¿Cuáles fueron las fuerzas políticas que dieron el golpe de Estado contra el Gobierno en 1936?
HSP: A las fuerzas que se alzaron en julio de 1936 —y al general que se convirtió en su líder, Francisco Franco— se las suele denominar fascistas. En realidad, se trató de una coalición mucho más compleja.
El componente más importante fue el elemento de extrema derecha del ejército: Franco y sus generales.
La Iglesia católica desempeñó un papel crucial en la legitimación del golpe militar. Esto se debió a que la agenda secularizadora de la República y los derechos de las mujeres representaban una amenaza para la Iglesia.
El tercer elemento de esta coalición fueron los monárquicos. La proclamación de la República en 1931 había provocado la huida del rey, y la derecha monárquica estaba decidida a restablecer la monarquía.
El último componente fue la Falange española. Este fue el único elemento genuinamente fascista. Lo importante de esta coalición es que, debido a la diversidad de ideologías y objetivos, no era estable. La resistencia podría haber aprovechado estas diferencias.
AB: La derecha esperaba una victoria rápida. ¿Por qué no la consiguieron?
HSP: Lo que los detuvo fue la resistencia de la clase trabajadora, el campesinado sin tierra y la gente pobre. Se sublevaron, asaltaron cuarteles militares, se hicieron con armas y salieron a las calles a luchar.
El Gobierno republicano quedó completamente paralizado ante el golpe. Se negó a actuar porque temía más la combatividad de la clase trabajadora y la revolución que no a los golpistas.
Cuando las y los trabajadores pidieron armas al Gobierno para defender la República, este se negó. Entonces, la clase trabajadora tomó la iniciativa. Como resultado, en dos tercios del país, el golpe fue sofocado. Esto fue lo que convirtió el golpe fallido en una larga y sangrienta guerra civil.
AB: ¿Cómo cambió la resistencia entre sus primeras y últimas etapas?
HSP: Donde el golpe fue derrotado, el Estado republicano se desmoronó. Se inició un proceso de revolución social y la clase trabajadora comenzó a dar forma a la nueva sociedad.
En el campo aragonés, lograron grandes avances porque la gente creía que luchaba para establecer y defender un nuevo orden social.
En las últimas etapas, se instauró un Gobierno de frente popular. La estrategia de este frente popular se centró en buscar tranquilizar a las potencias internacionales —en particular a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos— de que la España republicana no representaba una amenaza para el capitalismo.
Esto significó atenuar las demandas y sofocar la revolución social.
AB: ¿Qué papel desempeñaron Stalin y las Brigadas Internacionales?
HSP: Las Brigadas Internacionales son un ejemplo inspirador de internacionalismo. Pero esa no es toda la historia. Las Brigadas Internacionales se crearon por iniciativa de la Internacional Comunista, la Comintern.
Inicialmente, la Unión Soviética de Stalin reaccionó con cautela ante el Gobierno republicano y el Partido Comunista Español. Su prioridad era asegurar una alianza militar con el imperialismo francés y británico contra la Alemania nazi.
La Comintern decidió organizar las Brigadas solo cuando quedó claro que, sin el apoyo internacional, la República sería derrotada muy rápidamente.
Pero las Brigadas no eran un ejército de agentes soviéticos. Las Brigadas estaban formadas principalmente por voluntarios de movimientos obreros en nombre del internacionalismo y para luchar contra el fascismo.
AB: ¿Cuál fue el papel de los anarquistas y del POUM?
HSP: El movimiento anarquista en el Estado español en la década de 1930 representó el punto culminante histórico del anarquismo. Anarquistas lideraron la federación sindical CNT. Los y las trabajadoras se unieron a ella atraídos por sus tácticas combativas.
El POUM —Partido Obrero de Unificación Marxista— era socialista revolucionario. Eran antiestalinistas y muy influyentes en Catalunya. El POUM creció durante la guerra civil, pero su influencia siguió siendo muy limitada. El POUM y la CNT fueron aliados en la revolución, ya que ambas fuerzas defendían la revolución social. Sin embargo, existía una gran diferencia entre ambos en la cuestión del poder.
El POUM sostenía que, para desatar la lucha revolucionaria necesaria para ganar la guerra y profundizar la revolución social, la clase trabajadora debía tomar el poder estatal.
Las y los anarquistas, debido a su oposición a la autoridad y al Estado, se vieron completamente paralizados por esta cuestión.
Decidieron no tomar el poder cuando se les presentó la oportunidad. En cambio, terminaron colaborando en la reconstrucción del poder burgués en el Estado republicano reconstruido.
AB: ¿Podría la izquierda haber ofrecido una alternativa viable?
HSP: La única alternativa era la que proponía el POUM. Esta se basaba en la idea de establecer un Estado obrero democrático que pudiera coordinar y centralizar todos los recursos y emplear los métodos de la guerra revolucionaria.
Las milicias avanzaron durante las primeras etapas de la guerra, lo que indicaba que los métodos revolucionarios podían ser efectivos. Desafortunadamente, no fue así; estos métodos no se extendieron.
El POUM intentó convencer a los dirigentes de la CNT de la necesidad de tomar el poder, pero sin éxito. Incluso con sus 30 mil militantes, frente al millón o más que componían la CNT, el POUM no lo tenía nada fácil. Quizá —en esta cuestión como en otras— debieron haber continuado defendiendo su posición, aun estando en minoría; nunca sabremos si las cosas podrían haber sido diferentes.
En todo caso, lo ocurrido confirma la necesidad de construir una organización revolucionaria mucho antes de entrar en un proceso revolucionario. También confirma qué significa el estalinismo en la práctica, y las limitaciones del anarquismo.
En 1936, el Estado español se encontraba atrapado entre el socialismo y la barbarie.
No existía un término medio entre ambos, y quienes intentaron seguir esa estrategia, en última instancia, allanaron el camino para la victoria de la barbarie.





