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David Karvala

La jornada del 28 de marzo debe pasar a la historia como el día en que nuestro bando demostró que tenía el poder de parar a la extrema derecha.

Medio millón de personas salieron a las calles de Londres, convocadas por la plataforma amplia Together Alliance, en la mayor marcha contra la extrema derecha de la historia británica.

En EEUU, unos 8 millones de personas participaron en más de 3.000 manifestaciones por todo el país, convocadas bajo la bandera de No Kings.

Unas 350.000 personas se manifestaron en Roma y miles de personas participaron en las marchas en Barcelona, París, Atenas…

Hubo unas 150 acciones más, en ciudades alrededor del mundo (desde Toronto, pasando por  Johannesburg, hasta Osaka), en respuesta a la llamada de la red global World Against Racism and Fascism.

Estas convocatorias buscaban demostrar que quienes nos oponemos al fascismo y al racismo somos la mayoría. Se quería fomentar la esperanza, frente al desánimo que la terrible situación mundial puede provocar. Todas las personas que participamos en estas grandes protestas sí salimos reforzadas.

¿De dónde vino esta movilización? ¿Qué lecciones podemos extraer de la experiencia?

Pensar globalmente, actuar localmente

Hace más de una década que movimientos unitarios contra el fascismo y el racismo, sobre todo en Europa, vienen creando la red de World Against Racism and Fascism (WARAF). Actualmente, movimientos y redes de todos los continentes del mundo participan en la red. WARAF no se dedica a hacer largas declaraciones ante cada acontecimiento, ni a realizar grandes congresos. Es un espacio para coordinar acciones reales, impulsadas por movimientos arraigados en sus propios territorios.

Las movilizaciones del 28M fueron muy variadas, desde el medio millón en Londres hasta unas decenas de personas que protestaron en solidaridad con las personas migradas, en una noche lluviosa en Osaka, Japón. La increíble protesta de Londres da pistas importantes sobre las estrategias que funcionan.

Hace décadas que existe movimiento unitario contra el fascismo y el racismo en Gran Bretaña, desde la creación de la Anti Nazi League en 1977. Actualmente, toma la forma de Stand Up To Racism (SUTR), que abarca a gente muy diversa, desde movimientos sociales de todo tipo, pasando por partidos reformistas, hasta sectores de la izquierda revolucionaria.

Pero tras la marcha racista de más de 100 mil personas en septiembre de 2025, convocada en Londres por el fascista Tommy Robinson, SUTR vio que incluso con su amplitud, sus fuerzas no bastaban. Por eso, tejieron una alianza aún más amplia, con el sencillo objetivo de celebrar una movilización enorme contra la extrema derecha.

La Together Alliance utilizó una llamada muy básica: “Juntos y juntas podemos rechazar los discursos de división y racismo… podemos construir solidaridad entre comunidades… podemos unirnos contra la extrema derecha”. La gracia es que cada sector —desde los sindicatos, pasando por los grupos ecologistas o feministas, hasta el enorme movimiento de solidaridad con Palestina— podía hacer sus propias llamadas, con sus motivos específicos por participar.

Se sumaron a la iniciativa unas 400 entidades, y decenas de celebridades de la música, cine, teatro, deporte…

Trabajo de base

La amplitud y la sencillez de la llamada fue un elemento del éxito. Otro fue el trabajo de base.

SUTR tiene un centenar de grupos locales, por todo el país. Durante los últimos 12 meses, han organizado 450 protestas en diferentes localidades, para hacer frente al auge de acciones ultras, por ejemplo, contra albergues de personas refugiadas.

Para impulsar la manifestación del 28M, repartieron decenas de miles de octavillas, colgaron miles de carteles, por todo el país. Celebraron asambleas en decenas de ciudades y regiones, así como otras acciones previas. Para ir a la mani, se organizaron un centenar de autocares, además de viajes colectivos en tren; de las ciudades más lejanas, tuvieron que salir durante la madrugada.

Un buen ejemplo del trabajo local es Worthing, una ciudad mediana en la costa, cerca de Brighton. Hace tiempo que existe SUTR Worthing. Un mes antes del 28M, el grupo organizó una manifestación que reunió a mil personas, seguida de un concierto.

Aquí, hay que destacar un aspecto clave. Toda esta actividad local solo fue posible porque había activistas en todos estos lugares que entendían la importancia de la lucha unitaria y amplia contra el racismo y el fascismo.

Tristemente, muchos grupos de izquierdas no lo entienden. Exigen como precondición para combatir el fascismo que la gente comparta su programa político. Algunos ni siquiera quieren enfrentarse directamente al racismo. Un grupo de izquierdas respondió a la magnífica manifestación de Londres diciendo que habrían preferido una marcha liderada por la burocracia sindical, centrada en cuestiones económicas, no en el rechazo al racismo.

Por eso, entre las personas muy diversas que constituyen la base de SUTR en las diferentes localidades, las y los militantes del Socialist Workers Party (SWP), la organización hermana de Marx21, juegan un papel clave.

Es el caso de Worthing, por ejemplo, donde un puñado de militantes de la agrupación local del SWP están en el centro de la lucha local contra el racismo, de solidaridad con Palestina, etc. Siempre trabajan con fuerzas más diversas; del Partido Verde o de otros espacios. Pero sin su contribución, sería mucho menos probable que el movimiento unitario tirase adelante.

Sin entrar en detalles, activistas de los grupos hermanos de Marx21 también juegan un papel clave en los movimientos unitarios de otros países. Esto se aplica a movimientos muy fuertes como KEERFA en Grecia —donde está nuestro partido hermano SEK— que logró la encarcelación de la cúpula del partido neonazi, Amanecer Dorado. Pero también a espacios más pequeños como la nueva plataforma antirracista que sacó a 200 personas a las calles de Praga, gracias a una iniciativa de nuestro pequeño grupo hermano en Chequia.

Ejemplos modestos

Las mayores movilizaciones del 28M tuvieron lugar en países donde la extrema derecha ya está en el poder —como EEUU o Italia— o Gran Bretaña, donde el partido ultra Reform UK está liderando en las encuestas.

En el Estado español, debería ser obvio que existe una amenaza grave de la extrema derecha: sobre todo VOX; pero también —si sobrevive— “Se acabó la fiesta” de Alvise; y, en Catalunya, Aliança Catalana.

Huelga decir que sería mucho mejor no esperar a que la extrema derecha esté en el poder o a punto de conseguirlo antes de reaccionar masivamente. Pero este 28M solo hubo respuesta a la llamada de WARAF en dos sitios: Barcelona, y Camas, un municipio al lado de Sevilla.

En Camas, fue una acción modesta y simbólica, pero forma parte de un trabajo continuado del pequeño núcleo de Unidad Contra el Fascismo y el Racismo Aljarafe, que han ido colgando carteles de #StopVOX, organizando vídeo fórums…

En Barcelona, se celebró una manifestación de miles de personas, con el apoyo de 170 entidades que se habían sumado a la llamada iniciada por Unitat Contra el Feixisme i el Racisme Catalunya (UCFR). Fue una protesta importante, muy diversa y unitaria, pero la situación requería una participación mucho más grande.

UCFR se inició en 2010 para combatir al partido fascista de entonces, Plataforma per Catalunya (PxC). En mayo de 2015, una campaña fuerte por toda Catalunya logró eliminar a este partido fascista de casi todos los ayuntamientos donde tenían presencia. Poco después, PxC se liquidó. Con esto, y luego con la Covid, mucha gente optó por dedicarse a otras cosas, y muchos grupos locales de UCFR quedaron inactivos.

Este año, muchas personas y entidades nuevas han participado en la preparación de la manifestación: por ejemplo, el Sindicato de Inquilinas, o la Flotilla Global a Gaza. Se hizo una campaña excelente en redes sociales; y se repartieron miles de octavillas en las calles de Barcelona. Pero no hay comparación con el trabajo de base que se logró hacer en Gran Bretaña.

Hay muchas diferencias entre los dos casos. Aquí no existe la tradición de casi medio siglo de movimientos unitarios contra el fascismo y el racismo, hay que reconocerlo.

Pero hay un aspecto que sí se puede cambiar. Tanto en Barcelona como en Camas, activistas de Marx21 jugaron un papel importante en impulsar las acciones. Si logramos que más personas vean la necesidad de impulsar activamente el movimiento unitario, a la vez de tener una visión más amplia acerca de la necesidad de luchar desde abajo por un cambio social fundamental —una revolución socialista de verdad— estaremos en mejores condiciones para impulsar la lucha amplia contra el fascismo y el racismo.

Hacen falta más personas capaces y dispuestas a salir a la calle y defender las ideas antirracistas de una manera comprensible para las y los vecinos del barrio. Aquí no sirven las frases típicas de muchos movimientos sociales (“vete a revisar tus privilegios”, etc.)

No es fácil —solo se aprende a hacerlo con la experiencia— pero es posible, y esencial.

Pero gran parte de la izquierda no promueve esta visión. Por un lado, están las izquierdas populistas, que utilizan frases sin contenido real, porque buscan votos a toda costa. Por otro lado, están los grupos más radicales que sí intentan defender principios, pero lo hacen con un lenguaje rebuscado… lo que refleja que ni tan siquiera se plantean poder implicar y movilizar a la gente corriente. Tienen una visión más bien elitista de la política.

El grupo Marx21 es muy pequeño, pero nuestro objetivo sí es el de poder conectar con mucha gente corriente que está harta del estado del mundo. Si logramos demostrar que otra política es posible, radical y desde abajo, comprensible y habitable, podríamos hacer mucho más.

Si quieres formar parte de la lucha para cambiar el mundo de base —empezando con las luchas en nuestros propios barrios o lugares de trabajo— únete a Marx21.


Conferencia Antifascista en Porto Alegre

Mientras se celebraban manifestaciones contra el fascismo y el racismo en ciudades de medio mundo, se reunía en Porto Alegre la “I Conferencia Internacional Antifascista”. Convocada principalmente por los partidos brasileños de izquierdas, PT, PSOL y PCdoB, aquí se planteaba crear una especie de “internacional antifa”.

Evidentemente, es muy positivo que vean la necesidad de impulsar la lucha contra la extrema derecha, de manera amplia e internacional. Pero hay dudas importantes acerca de sus propuestas, que podrían complicar el paso de hacer discursos y declaraciones a construir movimientos y llevar a cabo acciones sobre el terreno.

Un punto fundamental es que la conferencia no partía de experiencias reales de los movimientos unitarios existentes contra el fascismo y el racismo.

Su sesión inaugural, por ejemplo, consistió en una serie de ponencias de intelectuales y cargos electos. Denunciaron la relación entre el fascismo, el capitalismo y el imperialismo (a veces de manera mecánica) pero hablaron muy poco o nada acerca de cómo construir un movimiento real. El evento abarcó temas muy variados, y en muchos de estos no habría consenso en un espacio realmente amplio.

Una ponente sí insistió en un punto concreto: la necesidad de volver a elegir a Lula como presidente de Brasil, como la barrera contra la extrema derecha representada por Bolsonaro (hijo). Es muy posible que en el momento de las elecciones toque votar a Lula, pero cuando Bolsonaro ganó la presidencia se debió en parte a la desilusión con las administraciones del PT.

Este no es un tema abstracto. En Barcelona, existe Mulheres Brasileiras Contra o Fascismo e o Racismo (MBCFR), que ha hecho campañas importantes contra Jair Bolsonaro, bajo lemas como #EleNão o #ForaBolsonaro. Estas fueron compartidas por mujeres de muchas sensibilidades de izquierdas. Pero algunas activistas locales del PT querían que la campaña respaldase explícitamente las políticas y la candidatura de Lula, excluyendo así a las personas que apoyaban otras candidaturas de izquierdas. No lograron imponer esta visión en MBCFR; parece que en Porto Alegre, sí.

El evento dio mucha importancia al ámbito institucional: los dos primeros actos centrales fueron por y para cargos electos. Las instituciones tienen su importancia, pero el énfasis que se les dio es revelador, y confirma que el evento reflejaba la visión de las direcciones de los partidos convocantes, más que la de las personas activistas de base.

Y si representa una limitación en Brasil, una orientación institucional sería un problema muy grave en otros países.

Supondría que, en el Estado español, ¿deberíamos poner nuestra fe en los Gobiernos de Pedro Sánchez? ¿En la coalición del PSOE y Podemos responsable de la masacre de Melilla, de junio de 2022? ¿En el Gobierno actual, que se ha resistido continuamente a regularizar a cientos de miles de personas que la necesitan urgentemente? Y si no se apoya la coalición de Sánchez, ¿habría que apoyar a otra fuerza política, enfrentada a ella? En cualquier de los casos, sería un desastre, no se debe atar el movimiento a ningún partido.

La masividad de las protestas en EEUU se debió en parte al hecho de que se basaron en la simple denuncia a la tiranía que ejerce Trump. Algunas voces lamentaron la falta de más contenido. Pero ahora mismo en EEUU, si se diera al movimiento una orientación institucional, esto supondría respaldar electoralmente al partido Demócrata. De nuevo, sería un desastre. Se ha etiquetado al Partido Demócrata como el “cementerio de los movimientos”. Y recordemos que fueron los fallos de los Demócratas los que le abrieron la puerta a Trump.

Cualquier lucha importante contra Trump en EEUU debe incluir a los millones de personas corrientes que apoyan a los Demócratas. La lógica de la lucha puede llevar a muchas de ellas a adoptar ideas más radicales. Esto puede ocurrir en los movimientos amplios con unos puntos compartidos de mínimos, porque cada persona y grupo es libre de plantear cosas que van mucho más allá. Pero si el movimiento está fuertemente delimitado de antemano —bien con exigencias más radicales, que excluyen a la mayoría; bien con una orientación que da el protagonismo a los políticos institucionales— esto nunca pasará.

Esto lo sabemos por la experiencia de las muchas luchas contra el fascismo, y en otros ámbitos, que se han llevado a cabo a lo largo de los años. Es esencial aprender de estas experiencias, no actuar como si empezáramos desde cero, con unas teorías académicas como nuestra única guía, y las instituciones como nuestro principal ámbito de actuación.

En la conferencia de Porto Alegre, incluso cuando se insistió en la necesidad de trabajar también en las calles, las propuestas ofrecidas fueron… ¡más conferencias y contra-cumbres internacionales!

No es la primera vez que aparece una propuesta de este tipo. En 2013 se presentó a bombo y platillo el Manifiesto Antifascista Europeo, con planteamientos parecidos y firmantes importantes. No consta que llegasen a organizar actividad alguna; despareció sin dejar rastro.

Con todo, si la iniciativa de Porto Alegre está abierta a organizar movilizaciones conjuntas, sobre puntos básicos de consenso: con la red de movimientos existentes, WARAF; con la iniciativa No Kings en EEUU; con otros espacios… bienvenido sea. Pero existe el riesgo de que esta iniciativa acabe igual que el Manifiesto Antifascista Europeo.