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Calum Dallas, Marx21

El 1 de enero de 2026 se cumplieron 32 años desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declaró la guerra contra el Estado mexicano y estableció cinco regiones autónomas de resistencia en Chiapas, en el sur de México.

La rebelión coincidió con la ratificación del NAFTA, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre México, Canadá y EEUU, un tratado que abrió la economía mexicana al mercado estadounidense, paralizando las industrias domésticas y subsumiendo la producción a las necesidades y suertes del capital occidental con una sola firma.

El alzamiento del EZLN tiene muchas caras, pero desde el principio ha sido una lucha territorial y popular. El NAFTA no solo careció de una votación mexicana popular sino también requirió que el presidente Salinas sutilmente cambiara el artículo 39 de la constitución mexicana para permitir que el Estado pudiera privatizar los ejidos, tierra común principalmente habitada por campesinos y pueblos Indígenas.

Como expresó el EZLN en su primera declaración, hay que entender esta violación de derechos en el contexto de cinco siglos de violencia colonial, imperialista y capitalista. Un proceso que, a lo largo de Abya Yala (término utilizado por los movimientos de los pueblos originarios de esa tierra para referirse a las Américas), ha tomado varias formas desde 1492 pero siempre ha tenido la necesidad de seguir apropiándose y explotando tierra y pueblos al margen de la economía global.

El EZLN se proclamó como una fuerza de resistencia y autonomía en Chiapas y rápidamente obtuvo fama y reconocimiento global tanto por sus métodos como por sus acciones, pero ¿cuáles han sido sus objetivos sociopolíticos? Y, después de 32 años de lucha, ¿ha tenido éxito?

¿Una revolución pospuesta?

En cuanto a sus objetivos inmediatos, el EZLN no obtuvo más que resultados parciales. Mientras que provocó debate y reflexión, la reestructuración neoliberal del NAFTA fue implementada y expandida sin mucho revuelo.

Su insurrección armada solo consiguió un acuerdo con el gobierno que luego no fue ratificado ni por el presidente ni el ejército. En 2003, el EZLN cortó negociaciones oficiales con la administración del país.

Después del alto de fuego inicial en 1994, los zapatistas generalmente han llevado a cabo una política de no-violencia y organización social simbólica.

No se puede decir lo mismo del Estado mexicano, el que, vinculado con varios grupos criminales y paramilitares en la zona, ha intentado debilitar a la organización no solo a través de represión y violencia estructural sino también mediante masacres brutales como la de Acteal en 1997, en la que fuerzas paramilitares asesinaron a 45 personas indefensas, incluyendo a criaturas y mujeres embarazadas, en un acto supervigilado por policía nacional a 200 metros de distancia.

El EZLN, por otro lado, se ha centrado en el desarrollo y el gobierno de su propio territorio. En 1995, se fundaron Los Aguascalientes, cinco centros autónomos de resistencia, luego renombrados Los Caracoles en 2003, y los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Tales zonas han sido experimentos potentes en la creación de ciudadanía, autogobernanza, autogestión y conciencia de clase. A través de talleres, asambleas y proyectos comunitarios, Los Caracoles se volvieron ejemplos globales inspiradores de una política anticapitalista, ecofeminista, indigenista y horizontal, construida desde abajo.

En 2005, el EZLN declaró una nueva campaña, conocida coloquialmente como La Otra, con el objetivo de juntar a grupos izquierdistas y revolucionarios a lo largo de México para provocar el cambio radical y estructural. Sin embargo, un año después de iniciada, la campaña fue suspendida cuando sus movilizaciones fueron atacadas por una violencia espantosa tanto estatal como paraestatal.

Mientras tanto, debemos recordar episodios como su participación en el levantamiento en Oaxaca, instigado por una huelga de maestros y dirigido por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. A lo mejor, esa experiencia mostró algunas limitaciones de las tácticas y cosmovisiones del EZLN en un contexto más urbano, y ante una lucha obrera basada en la autoorganización de clase, no en las consignas emitidas por una u otra fuerza política.

Un cambio de horizonte

El 6 de noviembre de 2023, el EZLN publicó una carta comunicando la disolución completa de los MAREZ y sus Juntas de Buen Gobierno y el cierre al exterior de Los Caracoles, citando un auge de violencia e inestabilidad regional vinculadas a la minería ilegal y el narcotráfico.

El Subcomandante Insurgente Moisés firmó el documento con una explicación parcial, afirmando que:

“Las razones y el proceso por el que se tomó esta decisión se las iremos platicando poco a poco en los escritos siguientes. Solo les adelanto que esta valoración, en su fase final, se inició hace unos 3 años. También les iremos explicando cómo es y cómo se ha ido gestando la nueva estructura de la autonomía zapatista.”

Aún estamos esperamos una visión clara de la forma y contenido de esta nueva estructura. Mientras tanto, ahora parece un buen momento para pausar y considerar el legado del EZLN. ¿Una rebelión excesivamente ambiciosa y destinada al fracaso?, ¿o una nueva expresión de autonomía y política que ha reescrito la gramática de resistencia anticapitalista?

Un poco de las dos. El levantamiento de 1994 no paró la implementación del NAFTA. Y tres décadas más tarde, la economía mexicana está más subordinada a los intereses del capital global que nunca.

Dicho esto, la supervivencia del grupo a pesar de 32 años de presión económica y violencia armada es testimonio del poder de la organización popular y la resiliencia de un pueblo que sigue gritando ¡Basta Ya! Los eventos, talleres y campanas del EZLN han llegado a comunidades a lo largo del mundo y han influido, ola tras ola de resistencia, en la lucha contra una barbarie neoliberal cada vez más extendida.

Desde su principio, la lucha del EZLN ha tenido una perspectiva a la vez global, nacional y muy localizada. Ha respondido a las necesidades y realidades de la ruralidad chiapaneca, ante todo, limitando la aplicabilidad (y replicabilidad) de su ofensiva para otros contextos geográficos y sociales.

Además, el hecho de trazar los éxitos y las fluctuaciones de dicha lucha revela una lección clave para la izquierda radical de hoy.

Cuando el EZLN inició su rebelión armada en 1994, fue elogiada por utilizar las herramientas de la globalización, la visibilidad que conllevan los medios de comunicación global, contra el sistema. Todo el país y todo el mundo fueron testigo de la violencia excesiva del Estado contra un movimiento que solo demandaba acceso a una vida digna y la defensa de la constitución mexicana. Simbolizado por el carisma y la elocuencia del Subcomandante Marcos, el EZLN aprovechó del momento para vincular su lucha con el mundo, provocando protestas globales que pusieron una presión insoportable sobre el gobierno mexicano.

Hoy en día, el panorama se ve un poco diferente. La indiferencia institucional hacia las protestas globales e incesantes contra el genocidio en Gaza y el aumento de la represión estatal y antidemocrática, revelan un mundo en cual la fuerza militar está reemplazando el discurso liberal como legitimadora de la explotación capitalista. Mientras tanto, un populismo fascista, imperialista y cada vez más militarizado está ya bien establecido en el Norte Global, pasando completamente de los contrapesos del sistema multilateral.

Las amenazas actuales a las que se enfrenta el EZLN, la presencia de bandas paramilitares y narcotraficantes con vínculos ambiguos con el poder estatal y la lucha sobre el territorio no son únicos de Chiapas. Son la expresión más vívida del capitalismo global contemporáneo: descentralizado, feroz y extensamente armado.

La respuesta del EZLN a esa nueva realidad, como su respuesta al anuncio de globalización hace 32 años, formará parte de la resistencia global y diversa que tenemos que tejer por todo el mundo.