Mujeres en la historia

ES CA

Yadira Álvarez

Ursula K. Le Guin fue una autora de ciencia ficción. En su caso, esto suponía imaginar las posibilidades de vivir en un mundo mejor.

La literatura, más aventurera que la ciencia, se ha adentrado audazmente en terrenos complicados.

La otredad y la tecnología, las manifestaciones culturales que no responden a un ideal hegemónico occidentalizado y aquellas singularidades propias de etnias, grupos y religiones, se erigen en material atractivo para la creación, particularmente en la ciencia ficción.

Abordar esos temas desde una perspectiva seria, dura a veces y despojada de espectacularidades banales, le otorga a este género literario el poder y el derecho de ser tenido en cuenta más que como un simple divertimento, como una proyección del presente/futuro, como una reflexión acerca de quiénes somos y seremos. En el año 2018 la pérdida de una de las grandes voces de la ciencia ficción dejó un vacío en ese afán por desvelar la singularidad humana a partir de historias.

Ursula Kroeber Le Guin (UKL) nació en Berkeley, California el 21 de octubre de 1929. Su padre era el eminente antropólogo Alfred L. Kroeber y su madre, Theodora, escritora de literatura infantil. Desde pequeña se educó en una atmósfera de interés académico por los mitos y leyendas de todos los pueblos de la Tierra, temas que formaron y enriquecieron su visión de la fantasía. Su interés por la literatura fue temprano: ya a la edad de once años envió su primer relato a la reputada revista Astounding Science Fiction y, aunque fue rechazado, eso no la hizo desistir.

Toda su formación profesional abarcó la literatura y las lenguas, elementos de sociología y filosofía, humanismo y antropología como eran entendidas en su momento, e incluso un poco más allá. Sus conocimientos en estas áreas atraviesan toda la narrativa que produjo, dando una profundidad especial a sus historias.

Fue a la Escuela Radcliffe de la Universidad de Harvard, donde se graduó en 1951, y luego pasó un año en la Universidad de Columbia donde hizo su postgrado en lenguas románicas. Tras finalizar su curso de postgrado, obtuvo una beca Fulbright para estudiar en Francia, donde conoció al que se convertiría en su esposo, Charles Le Guin, con quien se casó en el año 1953. A su vuelta a EEUU enseñó francés en varias universidades antes de dedicarse por completo a la literatura.

Ursula fue también una estudiosa del movimiento feminista. En algunos momentos negó haber sido una activa militante, ya que consideraba que otras mujeres habían sido más combativas y más presentes en las luchas por los derechos femeninos y la justicia social en general. Pero su obra ensayística, sus historias, sus presentaciones en espacios literarios y académicos revelan un sentido muy fuerte de la militancia y un afán de definir, contextualizar y proveer de fundamentos y narrativa a estas luchas.

Su primera publicación de un cuento de fantasía fue en la revista Amazing en 1962, pero su debut como novelista no llegaría hasta cuatro años más tarde, con la novela El mundo de Rocannon (1966). Esta historia se enmarcó ya en las bases de lo que sería su propio universo de creación: el universo Hainish, en el que conviven diferentes razas humanoides descendientes de una única civilización ancestral proveniente del planeta Hain. En esta saga, la diversidad psicológica y sociológica de los hainitas permite explorar una gran diversidad de facetas y valores de nuestra propia cultura.

En este mismo universo se enmarca una de sus obras maestras, La mano izquierda de la oscuridad, de 1969, novela premiada tanto con un Hugo como con un Nébula. Esta obra se considera clave en su campo por la investigación radical de los roles de género, toda una revolución en su momento, y por su complejidad moral y literaria.

Por otro lado, las novelas Los Desposeídos y El Eterno Regreso a Casa, así como la fábula Los que se alejan de Omelas redefinen el alcance y el estilo de la ficción utópica. En estas obras los dilemas sobre las comunidades, los sistemas sociales, los privilegios y las precariedades resultan en un juego narrativo donde un lector novato podría despertar a nuevas interpretaciones de la realidad.

Militante feminista y pacifista

A esta activa militante feminista y pacifista también le debemos la creación del mundo de Terramar, quizá su obra más conocida, aunque de su prolífica imaginación han brotado seis libros de poesía, más de veinte novelas, un centenar de cuentos cortos, libros infantiles y colecciones de ensayos, además de traducciones de otras obras, del chino y el castellano.

En el año 2003 fue galardonada como “Gran Maestra” de la Sociedad Americana de Ciencia Ficción y Fantasía (la primera mujer en obtener esta distinción). Tres de los libros de UKL han sido finalistas en el American Book Award y el premio Pulitzer, y entre los muchos premios que sus libros han recibido están el National Book Award, varios premios Hugo y Nébula, el Grand Master de la SWFA, el Kafka Award, el Pushcart Prize, el Howard Vursell Award de la Academia Americana de las Artes y las Letras, y el premio Robert Kirsch Award del L.A. Times.

Gran parte de la obra de ciencia ficción de Le Guin se distingue por su interés en las ciencias sociales. La capacidad de Le Guin para crear mundos creíbles poblados por personajes profundamente humanos fue su mayor genialidad. Por otra parte, los expertos suelen incluir en su lista de cualidades e intereses temas como el taoísmo, el anarquismo, el feminismo, la psicología y la sociología, cuestiones que trató con un estilo único.

El impacto de esta autora en el público no tuvo que ver directamente con su carisma, difusión de su obra o ajuste a las tendencias de moda en la comercialización de literatura. De hecho, en uno de sus últimos discursos criticaba con mucha fuerza el poder del mercado editorial en la narrativa, el modo en que esclaviza y explota a la y a los autores, y su tendencia a invisibilizar todo aquello que resulte conflictivo o disidente en la narrativa y se convierta en fuerza movilizadora.

La calidad narrativa, el poder de sus personajes, la construcción de mundos y el carácter transgresor de su obra se apropiaron de la ciencia ficción del momento y la colocaron como líder indiscutible de cierta línea del género menos centrada en cuestiones técnicas o bélicas, mal llamada ciencia ficción blanda o de línea antropológica. A partir de entonces, otros autores explotaron esta vertiente con tal profusión y calidad que podría decirse que Úrsula abrió las puertas a una revolución del género.

Convertirse en un paradigma de la narrativa no es un premio pequeño para un autor. Sin embargo, esto no la hizo inaccesible ni arrogante. Hasta el fin de su vida se mantuvo en contacto con colegas y lectores, si bien cuidando su privacidad y, como decía, “mi salud de mujer inquieta y vital, pero casi centenaria”.