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Tras ver la película basada en la biografía del vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, he considerado necesario hacer una reflexión crítica sobre la misma.

Los artefactos culturales, ya sean series, películas o libros reflejan o en muchos casos son directamente propaganda de las ideas dominantes de una sociedad. No hablamos de los puntos de vista de la mayoría social —que no tiene recursos ni contactos para expresarlos— sino de las ideas que las clases dirigentes tratan de hacer hegemónicas para las distintas clases sociales.

La película Hillbilly, una elegía rural cumple magistralmente su cometido. En las siguientes líneas expresaré las razones de dicha afirmación.

Un producto de calidad

Mi pretensión con este artículo no es hacer una crítica de cine. No tengo formación ni bagaje para ello.

No obstante, como espectador y/o consumidor de cultura corriente, puedo dar mi punto de vista.

La película me ha parecido una maravilla. Acostumbrado en muchos casos a personajes planos y falsas dicotomías de buenos o malos, se agradece un cine que exprese las aristas y contradicciones de las personas.

En cuanto al elenco de actores y actrices, me gustaría destacar el papel interpretado de Glenn Close, que para mí se come la pantalla interpretando el papel de la yaya de J.D. Vance. Los demás actores hacen una actuación notable, pero tener un monstruo del séptimo arte como la veterana actriz eleva la categoría de cualquier película.

Te identificas y sientes empatía por los personajes, gente corriente de clase trabajadora que intenta tirar hacia delante lo mejor que puede. Quizás yo sea de lágrima fácil, pero hay muchos tramos de la película en los cuáles es fácil que estas afloren en cualquier persona.

Difusión de ideas reaccionarias

Pero la empatía que cualquier persona que, con un mínimo de conciencia de clase, con los de abajo sienta, no debe empañar las pretensiones ideológicas de la película.

Porque esta película, basada como está en las memorias escritas por el propio vicepresidente estadunidense, señala bien hacía donde quiere que el espectador se oriente.

De una manera inocente, nos podemos quedar en esa empatía, pero por suerte una formación política consciente puede separar esa parte sentimental del necesario análisis crítico desde un punto de vista socialista revolucionario. Vayamos a ello.

La película pretende ser un manifiesto de la clase trabajadora blanca de Estados Unidos. Se ven las condiciones miserables en las que viven lo que llaman basura blanca —redneck— del interior del país norteamericano. Comunidades que realmente han sido abandonadas, no en beneficio de los sectores racializados de la clase trabajadora estadunidense, sino de los intereses de la clase capitalista dominante, ya sea progresista-liberal del Partido Demócrata o del reaccionario —cada vez más— Partido Republicano.

Lo comentado se puede visualizar en el film a través de la industria desmantelada que aparece en el mismo o los comentarios despectivos hacía la gente trabajadora blanca de uno de los abogados del bufete al que Vance pretendía acceder.

Existen otras cuestiones que merecen ser apuntadas.

Por una parte, las agresiones físicas de la madre del protagonista hacia él, que hacen que intervenga la policía. En el último instante el joven Vance niega dichas agresiones delante de las autoridades, para conseguir la aprobación de su abuela.

En otra escena de la película, se ve como el abuelo ejerció violencia machista sobre su yaya, a lo que ella responde quemándolo cuando duerme tras una borrachera en el sofá.

Pero la frase de la abuela, “la familia es lo único que importa”, es demoledora para legitimar que en muchas ocasiones sea precisamente el núcleo familiar un estamento donde se ejerce opresión sobre mujeres y criaturas.

La frase que Vance atribuye a su abuela en la película —“Tu origen te define, pero tu carácter se forja día a día”— constituye una contradicción en sí misma.

Atizar

Desde mi punto de vista, trata de justificar el sueño americano —American way of life—, del hombre hecho a sí mismo, que con trabajo duro alcanza sus sueños y prospera. Algo que cuando ocurre, como es el caso del protagonista, sirve para atizar a la mayoría de gente corriente a la que se la responsabiliza al 100 % de su vida precaria.

Es destacable la ausencia de luchas colectivas en defensa de derechos sociales de algún tipo. La actitud hacia los iguales que no son de la familia es de desconfianza.

La solución que da en un mundo hostil es estar con los “tuyos” —el núcleo familiar— y armarte hasta los dientes por si entran en tu casa a robar o a hacerte daño.

En definitiva, Hillbilly no es un canto a la esperanza. Es la triste historia de una excepción, J.D. Vance, un populista de derechas que apoya y promueve medidas para que los miembros de la clase trabajadora —incluida la clase trabajadora blanca de la que él proviene— no puedan forjarse una vida digna.