¿Qué eliges, socialismo o barbarie?
“La humanidad se halla ante la disyuntiva: socialismo o barbarie”, Rosa Luxemburgo.
Laura Cabello Higueras
Entre los muros industriales de Shoreditch, en Londres, el pasado 3 de julio empezaban las jornadas de Marxism 2025, evento organizado por el Socialist Workers Party (SWP), organización hermana de Marx21.
Se reunieron un total de 3.600 personas, movidas por la idea de que un mundo mejor es posible, no por el ideal, sino por la posibilidad real de cambiarlo todo y empezar hoy a diseñar un mañana que sea digno de ser visto, vivido y compartido. Cuatro días de debates, cultura y organización para repensar el socialismo como respuesta a la catástrofe en curso que impone el capitalismo.
Ponentes
La larga e impresionante lista de ponentes incluía a: Jeremy Corbyn, diputado independiente de izquierdas; Rima Hassan, diputada franco-palestina en el Parlamento Europeo, e integrante de la flotilla a Gaza; Emma Dabiri, autora y presentadora; Yanis Varoufakis (vía Zoom), autor y economista; Ghada Karmi, autora palestina; Ghassan Abu Sitta, médico palestino; Gary Younge, destacado escritor y autor antirracista; Raquel Varela, autora de Historia popular de la Revolución de los Claveles; Tariq Ali, escritor veterano de izquierdas; Samira Ali, del movimiento unitario Stand Up To Racism; Ilan Pappé, autor e historiador antisionista; Salma Yaqoob, activista de izquierdas; Zack Polanski, vicepresidente del Partido Verde británico; Muzan Alneel, revolucionaria sudanesa; Alex Callinicos, escritor marxista; Jenny Black, activista trans…
[Programa completo de charlas y ponentes]
Palestina: el epicentro de la barbarie contemporánea
La causa palestina atravesó el evento como una herida y una bandera. El médico Ghassan Abu Sitta, que practicó en Gaza en los inicios de la matanza, recordó que lo que allí sucede es más que un conflicto: es un experimento de colonialismo y exterminio sistemático.
Participó en un diálogo vibrante con Andrew Feinstein —judío sudafricano antisionista— quien añadió: “La guerra no es un accidente, ni un fracaso de la diplomacia. La guerra es el mayor negocio del mundo. Y quienes la financian desde Westminster tienen las manos manchadas de sangre.” Reclamaron un embargo total de armas a Israel y un movimiento global coordinado.
La historiadora palestina Ghada Karmi preguntó en voz alta: “¿Qué futuro nos queda después del genocidio, si no construimos ya las bases de una justicia duradera?”.
Las palabras de Ilan Pappé resonaron entre el público con contundencia: “El sionismo no es un proyecto nacional: es un proyecto colonial”. La sala se puso en pie varias veces en solidaridad. La comparación entre la Sudáfrica del apartheid y el Israel actual marcó la perspectiva internacionalista del festival: ningún pueblo puede ser libre si otro permanece encadenado.
Karmi y Pappé coincidieron en el alegato por el derecho al retorno, la reivindicación palestina de volver a las tierras de las que fueron desplazados en 1948, como parte integral de cualquier solución justa y duradera al conflicto, que pasa por la creación de un único Estado plural de Palestina, desde el río hasta el mar. Negarlo es perpetuar la Nakba.
Ecología: socialismo o extinción
Otro gran eje fue el climático. El marxista ecologista Martin Empson no se anduvo con rodeos: “No podemos salvar el clima y salvar al capitalismo al mismo tiempo”. Argumentó que la extinción no es una metáfora, y los falsos ‘decrecimientos’ que dejan intacto el poder corporativo son inútiles.
Por su parte, Suzanne Jeffrey argumentó que la justicia climática debe ser un frente central de la lucha de clases, señalando cómo los pueblos del sur global y las periferias urbanas sufren lo peor de la catástrofe.
Las palabras de Hamza Hamouchene subrayaron que la ecología es también una batalla antiimperialista: “No hay justicia climática sin desmantelar la dominación colonial y el saqueo de los recursos”. En esa línea, los debates plantearon un horizonte más allá de las reformas verdes que solo maquillan la devastación capitalista.
Contra las opresiones
Las sesiones dedicadas a las luchas por los derechos de las mujeres y las personas trans no solo reafirmaron su centralidad, sino que combatieron la fragmentación identitaria que las vacía de radicalidad.
La histórica militante del SWP y por la liberación de las mujeres, Sheila McGregor, defendió que la opresión de las mujeres es estructural al capitalismo y que solo un socialismo democrático puede erradicarla.
Sophia Beach desmontó la idea de que la opresión de género pueda combatirse desde alianzas con los mismos poderes que la perpetúan. Sarah Bates expuso un análisis histórico‑crítico de la institución familiar como núcleo de la opresión de las mujeres.
La activista trans —y socialista revolucionaria— Sky Harrison abordó cómo la transfobia contemporánea está ligada a la misma matriz reaccionaria que oprime a todas las mujeres.
Laura Verdasco, militante del SWP de origen asturiano, habló de ¿Qué es una mujer? ¿Y, realmente importa?. Aquí, desmontó los marcos esencialistas y trans excluyentes desde una perspectiva materialista. Defendió una visión materialista y colectiva de la opresión de género: “La categoría ‘mujer’ es política, porque es una categoría histórica de opresión construida por las relaciones capitalistas y patriarcales. No podemos dejar que sea utilizada como excusa para excluir a quienes también sufren esas opresiones.”
Subrayó que la lucha por la liberación de las mujeres no es incompatible, sino que es inseparable, de la lucha por los derechos trans y contra todas las formas de opresión de género. Verdasco criticó tanto las posiciones esencialistas como las estrategias liberales que reducen la lucha feminista a un problema de identidades individuales.
Su intervención destacó por la claridad con que desmontó los marcos trans‑excluyentes sin caer en el discurso puramente moralista, y por recordar que la visión socialista plantea ante todo una estrategia colectiva para liberar a toda la clase trabajadora de sus opresiones.
Las jornadas anuales de Marxism son excepcionales en la izquierda por el hecho de tratar seriamente la política de la discapacidad. Roddy Slorach —autor de un libro importante sobre el marxismo y la discapacidad— aportó claves sobre neurodiversidad y clase social. En estos debates latía un mensaje común: la opresión le es útil al capital para dividir a los explotados y desarmar su resistencia. Alex Claxton Mayer, en una ponencia centrada en la discapacidad, también mencionó su relación con la opresión de género.
Lucha antirracista
La escritora, académica y activista antirracista irlandesa‑nigeriana, Emma Dabiri, habló en dos sesiones: Raza, clase y resistencia y Aliados o solidaridad: construyendo un antirracismo radical.
Dabiri coincidió con otras ponentes en situar el antirracismo y la lucha contra el sexismo como inseparables del proyecto socialista: para emancipar a las mujeres y a las personas racializadas no basta con reformar conciencias, sino con derribar el sistema que las explota.
Destacó la necesidad de trascender el discurso superficial de ‘aliados’ para construir verdaderas relaciones de solidaridad material entre la clase trabajadora multirracial. Criticó el fetichismo de la identidad cuando se usa para dividirnos en lugar de organizarnos. dijo: “El antirracismo liberal se obsesiona con la buena conciencia blanca, pero no con la transformación de las estructuras que nos oprimen a todos” Abogó por un antirracismo enraizado en la lucha de clases, que reconozca las especificidades de las opresiones sin perder de vista al enemigo común: el capitalismo racializado.
¿Qué izquierda necesitamos?
Uno de los momentos más esperados fue el gran mitin ¿Hora de partido? ¿Qué tipo de izquierda necesitamos?, con figuras tan significativas como Jeremy Corbyn, Salma Yaqoob, Andrew Feinstein y Lewis Nielsen. La sesión, el sábado 5 de julio a mediodía, estaba abarrotada, con unas mil personas en una sala, y más de medio millar en una carpa cercana, donde cada ponente volvió a hablar tras intervenir en la primera sala.
Una anécdota es que ese día hubo un intento de asalto por parte de unas decenas de neonazis. Se les despachó de manera expeditiva, pero, por si acaso, se fortaleció la seguridad del evento, con lo cual hubo una larga cola para entrar en el mitin que serpenteaba por varias calles cercanas.
Este acto ocurrió solo dos días después de que Zarah Sultana, diputada laborista de izquierdas y musulmana, anunciase que dejaba el partido laborista —por sus políticas cada vez más austericidas, racistas y militaristas— y que establecería una nueva fuerza amplia de izquierdas, junto con Jeremy Corbyn. Ese anunció marcó fuertemente el contexto del acto.
Una idea compartida en las ponencias fue el reconocimiento de que muchas personas estamos hartas de engaños, de que jueguen con nuestro futuro, con nuestra salud, de que no tomen en consideración nuestras vidas. Otra fue la consciencia de la necesidad de una política realmente diferente, alejada de las ganas de unos dirigentes de ocupar un escaño, del ansia de poder. Que un nuevo partido debía basarse en las luchas y los movimientos, no centrarse en la política electoral y la gestión institucional.
La primera ponencia fue de Jeremy Corbyn, que expresó la necesidad de una alternativa política e independiente. Declaró su deseo de reunirse con todos los sectores de izquierdas que quieran la paz y la justicia social.
Salma Yaqoob, destacada activista contra la guerra y del movimiento unitario contra el fascismo y el racismo, socialista y musulmana con hiyab, fue rotunda: “Un socialismo verdaderamente inclusivo no deja a nadie atrás: ni a las mujeres, ni a los hijos olvidados de nuestras políticas”. Fue uno de los aplausos más largos de la jornada y animó a toda persona a unirse a cambiar el mundo con el lema “no esperemos ni un minuto más, el momento es ahora”.
Andrew Feinstein, veterano de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, que luego fue diputado del Congreso Nacional Africano, señaló las conexiones entre aquella lucha y la de Palestina.
Lewis Nielsen, militante destacado del Socialist Workers Party, expresó el compromiso de su partido con la construcción de una organización amplia, democrática y combativa, que siembre la esperanza. Una organización amplia de izquierdas, basada en las luchas desde abajo, de la gente trabajadora por la justicia social y las luchas contra todo tipo de opresión.
Crisis
También fue especialmente esperado el diálogo entre Alex Callinicos y Yanis Varoufakis (hablando éste último vía Zoom), que coincidieron en señalar que la actual crisis económica, ecológica y social no es una anomalía del capitalismo, sino su resultado lógico.
Varoufakis alertó contra la consolidación de una ‘oligarquía global’ que mina la democracia. Por su parte, Callinicos insistió en que solo una estrategia marxista coherente puede enfrentare a esa concentración de poder y evitar que el autoritarismo siga devorando los derechos conquistados.
La conversación mostró que no basta con denunciar los excesos del neoliberalismo: es imprescindible construir una alternativa socialista capaz de organizar a la clase trabajadora en un proyecto democrático y anticapitalista.
Cultura, memoria y antifascismo
El festival no fue solo teoría y estrategia. En la Carpa de Cultura, la proyección de La Batalla de Argel recordó la importancia de la memoria anticolonial.
También se presentaron muchos libros interesantes.
Uno de ellos, Revolutions Thwarted, del recientemente fallecido John Rose, reflexiona sobre las lecciones que dejan los intentos fallidos de revolución —trata los casos de Polonia, Sudáfrica, Irán y Brasil— como advertencia y guía para no repetir errores.
Martin Empson presentó su 500 Years Since Europe’s Forgotten Revolution, reivindicando la gran revuelta campesina alemana de 1525 como uno de los primeros gritos contra la explotación moderna.
A People’s History of the Anti Nazi League, presentado por su autor Geoff Brown, explica con valiosos detalles la lucha unitaria contra el fascismo en 1977-81, que derrotó al Frente Nacional británico.
Todos los libros no solo ilustraron el peso de la historia sobre el presente, sino que reclamaron su vigencia: las revueltas, las luchas por la paz, el antifascismo, la cultura revolucionaria y la construcción consciente de organización siguen siendo, como escribía Luxemburgo, las llaves para elegir el socialismo frente a la barbarie.
Una alternativa realista
El mitin final fue un momento de síntesis. Hubo ponentes de lujo como Ramsis Kilani, socialista revolucionario palestino-alemán; Weyman Bennett, uno de los coordinadores del movimiento unitario Stand Up To Racism, y la destacada militante del SWP, Sophia Beach.
Coincidieron en que un futuro socialista no es una utopía inalcanzable, sino la única respuesta realista frente al desmoronamiento de un sistema que ya solo ofrece barbarie. La situación es grave, pero podemos ganar, si nos organizamos.
Cerraron con una llamada —recurrente durante las jornadas— a que las personas que compartan la visión del socialismo desde abajo y de una salida revolucionaria del sistema, se unieran al SWP y a sus grupos hermanos en otras partes del mundo, como Marx21.
Como señaló Alex Callinicos en su charla sobre autoritarismo: “El capitalismo ya no necesita a la democracia; nosotros sí la necesitamos, pero no la suya: la nuestra, la democracia de las personas trabajadoras”.
Como citó una joven militante al cerrar un taller: “De nosotros depende si vivimos como esclavos de la lógica del capital, con sus guerras, pandemias y catástrofes, o si tomamos las riendas y elegimos la vía socialista”.
Laura Cabello Higueras es activista madrileña residente en Londres.








