Trotskismo después de Trotski

Los orígenes de la corriente socialismo internacional

Tony Cliff

ES PT EN

Tony Cliff explicó cómo la tradición marxista clásica —mantenida viva por Trotski en la década de 1930 en unas condiciones muy difíciles— tuvo que evolucionar para explicar las nuevas circunstancias a las que se enfrentaba la izquierda revolucionaria.

La izquierda debía mantener la esencia de las teorías de Trotski, pero al mismo tiempo tenía que rechazar el seguidismo ciego de sus palabras.

Los análisis del capitalismo de Estado en Rusia, del papel del gasto armamentístico en el largo boom económico y de las revoluciones anticoloniales fueron producto de este intento por comprender el mundo de la posguerra y sus contradicciones.

Cliff no solo ofrece una brillante introducción a estas teorías del mundo de la posguerra y su interrelación, sino que también explica por qué siguen siendo relevantes para la izquierda revolucionaria, para la lucha anticapitalista, hoy en día.

100 páginas. Precio 8 euros

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  • Título del libro en inglés, de 1999: Trotskyism after Trotsky.
  • Traducción original (2003): Marina Rivero, militante de Izquierda Revolucionaria (Uruguay).
  • Revisión (2026): Paty Gómez.
  • El texto completo en castellano lo publica por primera vez, como libro, la red Marx21, mayo de 2026.

Introducción a la edición castellana de 2026

Publicado en 1999, este es uno de los últimos textos de Tony Cliff. Lo escribió tras más de 60 años de militancia revolucionaria.

La obra resume los análisis, desarrollados décadas antes, que llevaron a Cliff y a un pequeño grupo fuera de lo que en ese momento era un único movimiento trotskista internacional. Ese grupo evolucionó en lo que es ahora la principal organización revolucionaria de Gran Bretaña, el Socialist Workers Party. Actualmente, las ideas fundamentales explicadas aquí son compartidas por las organizaciones revolucionarias en diferentes partes del mundo —la red Marx21.net incluida— que conforman la corriente socialismo internacional: IST en sus siglas en inglés.

El libro se centra en tres cuestiones.

Primero, el análisis del bloque del Este como capitalismo de Estado. Esto supuso el abandono completo de la idea de que los países estalinistas fueran en algún sentido progresistas. Con esto, se dejaron atrás los malabarismos de lo que se conocería como el “trotskismo ortodoxo”. La visión ortodoxa mantenía dos afirmaciones mutuamente excluyentes: que el estalinismo era completamente contrarrevolucionario; y también que el estalinismo había conseguido eliminar el capitalismo en la mitad de Europa, para establecer “Estados obreros”.[1]

Al rechazar esta idea de “Estados obreros” sin el menor atisbo de poder obrero, Cliff volvió a la tradición del marxismo revolucionario, del socialismo como la autoemancipación de la clase trabajadora.

El segundo punto, el análisis de la economía armamentista permanente, es algo más complejo. Se trataba de reconocer que a la Segunda Guerra Mundial le había seguido un boom económico, no una crisis profunda como la de los 1920, como Trotski había predicho antes de ser asesinado por un esbirro estalinista en 1940. En su momento, la respuesta ortodoxa fue negar que hubiera boom.

Cliff explicó que solo al reconocer la realidad del boom, se podía empezar a analizar sus causas, y así lo hizo. Típicamente para Cliff —se decía que había aprendido su estilo de oratoria de los rabinos de su juventud en Palestina— utilizó anécdotas de la vida cotidiana para desmentir la idea de una crisis económica terminal.

En la explicación de los hechos, subrayó la importancia de la competencia militar internacional, con el enorme y continuado gasto en armas. Este gran gasto improductivo frenó la tendencia de la caída de la tasa de beneficios, y frenó así esta causa fundamental de las crisis crónicas del capitalismo.[2]

La tercera cuestión que Cliff trató en esta obra fueron las revoluciones anticoloniales, principalmente las de China y Cuba. Trotski había argumentado que la única manera de avanzar en los países colonizados era mediante una revolución socialista, liderada por la clase trabajadora. Pero no ocurrió así.

La ortodoxia trotskista llegó a argumentar que, igual que en Europa del este, en China y Cuba se habían establecido Estados obreros de algún tipo—y para algunos sectores incluso el socialismo— sin la acción independiente de la clase trabajadora ni forma alguna de poder obrero. Frente a esto, Cliff explicó cómo una capa de intelectuales de clase media había protagonizado una revolución que era anticolonial, nacionalista, pero no socialista. Inspirados en el modelo de la URSS, establecieron regímenes de capitalismo de Estado.

En todas estas cuestiones, Cliff partió del análisis de Trotski, pero lo llevó más lejos, para comprender una realidad cambiante. La visión ortodoxa se podría resumir —de manera algo cruel— así: si los hechos y la teoría se contradicen, peor para los hechos. Pero con este intento de cuadrar el círculo, manteniendo las últimas palabras de Trotski, acabaron rompiendo con los fundamentos de su visión: la centralidad de la clase trabajadora y del internacionalismo, y de ahí, su rechazo al estalinismo.

Frente único

La ruptura del “trotskismo ortodoxo” con la esencia de lo que Trotski defendió se ve en un tema que Cliff no trató aquí, pero que ha llegado a ser clave: el frente único, o lucha unitaria.

Durante la última década de su vida, Trotski insistió reiteradamente en la necesidad de una respuesta unitaria contra el fascismo, por parte del conjunto de la clase trabajadora, tanto de los sectores revolucionarios como reformistas.

Huelga decir que actualmente existe una grave amenaza de la extrema derecha y, por tanto, urge construir una respuesta del tipo frente único.

Pero en este tema, casi ningún sector del “trotskismo ortodoxo” intenta aplicar los argumentos de Trotski. Más bien, se escudan en los aspectos que ya no se aplican. Por ejemplo, no hay en Europa partidos revolucionarios o comunistas con cientos de miles de militantes; los partidos reformistas tampoco tienen una base masiva de militancia como tal, sino más bien apoyo pasivo, expresado en votos o “me gustas” en redes. Pero el argumento fundamental a favor del frente único sigue siendo válido: el fascismo es una amenaza colectiva para toda la clase trabajadora, pero la mayoría de esta clase actualmente no se declara revolucionaria. Una respuesta amplia y colectiva es posible, pero tiene que ser una lucha conjunta en base a lo que compartimos, reconociendo y respetando las importantes diferencias políticas que existen.

Incomprensiblemente, gran parte del trotskismo ortodoxo responde a la subida del fascismo con los mismos argumentos expresados por los estalinistas hace 90 años, argumentos que Trotski rechazó expresamente entonces.

Este es otro ejemplo de cómo el formalismo —el intento de seguir al pie de la letra argumentos que, mientras vivía, Trotski no dejó de revisar y actualizar— ha llevado a muchos grupos “trotskistas” a alejarse totalmente de la base de su visión.

Hay una relación entre el rechazo hacía el frente único y los temas tratados en este libro.

Cliff explica como gran parte del trotskismo decidió aceptar la idea de “Estados obreros” sin poder obrero. Con esto, en vez de luchar porque la clase trabajadora —la de verdad, con todas sus contradicciones— protagonizase el cambio, admitieron sucedáneos. Aceptaron como animales de compañía socialistas a Estados autoritarios, con propiedad nacionalizada y “planificación” burocrática… siempre que hubiera banderas rojas en las mansiones y las limusinas de sus longevos dirigentes. Por supuesto, justificar su visión requería hacer malabarismos ideológicos.

Pasa lo mismo con la respuesta al fascismo.

Existe un argumento lógico y sencillo, que las personas corrientes entienden sin problemas: el fascismo amenaza al conjunto de la clase trabajadora, por tanto, reconociendo y respetando las diferencias, deberíamos colaborar en la lucha contra el fascismo. Pero los “expertos” en el trotskismo ortodoxo explican que, en realidad, todo es mucho más complicado… que no se debe luchar de manera unitaria, que hay que exigir que antes, todo el mundo asuma un programa anticapitalista (el suyo), etc. Parece que la clave para derrotar el fascismo sería no la lucha unitaria de la clase trabajadora real, sino más bien unas posiciones formales y “correctas”, solo mantenidas por una minoría muy reducida. Esta vez rompen con las palabras de Trotski y también con la experiencia vivida en las luchas.[3]

¿Debates sectarios?

Hay otro legado importante de la ruptura con el trotskismo ortodoxo descrita aquí.

En la medida en que el movimiento trotskista se iba fragmentando, cada corriente o partido se esforzaba mucho para denunciar los programas de los otros grupos. Incluso hoy, en las webs de muchas organizaciones trotskistas, abundan textos largos denunciando, en base a citas de Trotski, las posiciones de alguna que otra organización trotskista.

Al romper con la ortodoxia, el grupo de Cliff y sus camaradas optó por huir de debates de este tipo. Priorizaron el intento de acercar sus ideas marxistas revolucionarias a personas trabajadoras corrientes: gente combativa, sí, pero de más allá del pequeño círculo de grupos trotskistas.

Esto significaba que no se podía justificar una posición simplemente mediante citas de Marx, Lenin o Trotski. El criterio para juzgar un argumento era si explicaba o no el mundo real en el que vivían, y si aportaba ideas para mejorar la lucha por cambiar las cosas. No bastaba con apelar a unos “textos sagrados”. En lugar de formulaciones incomprensibles para una persona normal, se valoraba la claridad.

Por supuesto, las posiciones que explicaban —y que Cliff resume aquí— tenían el mérito de ser mucho más claras que la visión “ortodoxa”. Por ejemplo, si parecía que Stalin estaba explotando brutalmente a la clase trabajadora y al campesinado de la URSS, si parecía que había opresión de las mujeres y opresión nacional, era cierto y se debía a que la URSS no era un Estado obrero con un sinfín de “imperfecciones”, sino una forma de capitalismo.

Esta obra critica las posiciones del trotskismo ortodoxo, pero su objetivo no es polemizar con tal o cual organización trotskista. Al contrario, en la línea que se ha comentado aquí, busca poder explicar estos debates a personas que quieren luchar, quizá incluso se plantean militar en una organización revolucionaria, pero se desesperan ante las divisiones en la izquierda, entre grupos que al parecer quieren lo mismo.

Hay diferencias de todo tipo entre las diversas organizaciones que se reivindican trotskistas, y aún más si se habla del resto de la izquierda. Lo que quería subrayar Cliff era que la corriente socialismo internacional no existía como espacio independiente por mero capricho, por disputas meramente terminológicas.

Existía y existe porque se aferra al punto básico del marxismo revolucionario, del socialismo como fruto de la autoemancipación de la clase trabajadora, no como un regalo de unos líderes ilustrados.

No se explicita en el libro, pero el grupo de Cliff fue expulsado de la Cuarta Internacional, el movimiento trotskista unitario de ese momento, por no aceptar la definición del trotskismo ortodoxo de Corea del Norte como “Estado obrero”. Ahora que la dinastía dirigente, de los Kim, prepara la cuarta generación para asumir el liderazgo hereditario, se espera que poca gente en la izquierda siga pensando que es un régimen progresista.

Puede parecer un ejemplo nimio, pero realmente no es así. Seguro que no es nimio para las personas trabajadoras de ese país que llevan toda la vida “disfrutando” de la explotación y opresión a manos de “su” Estado. Y más en general, si Corea del norte es un Estado obrero, si el Este de Europa y la URSS eran Estados obreros, si Cuba se califica —o se calificaba— incluso de socialista, entonces el socialismo no representaría una alternativa válida al capitalismo, sino que sería un experimento fallido.

Aquí se encuentra el gran valor de los pasos dados por Cliff y su grupo. Al romper con el dogma estéril en que se estaba convirtiendo el trotskismo ortodoxo, continuaron lo que había hecho Trotski en los 1930: recuperar el marxismo como herramienta de lucha por la liberación, por el socialismo internacionalista de verdad. Y no fue solo la teoría. Con el trabajo de construir una organización revolucionaria, basada en las ideas del socialismo desde abajo, demostraron el valor de estas ideas en la práctica.

Donde existen grupos de la corriente IST, a menudo son un factor clave en la creación de movimientos unitarios: contra la guerra; contra el fascismo y el racismo; contra el cierre de un hospital o una biblioteca… En tales espacios, colaboran con fuerzas diversas de izquierdas, idealmente incluyendo a organizaciones trotskistas más ortodoxas. Contar con más participación anticapitalista puede ser muy positivo, siempre que se traduzca en tener más fuerzas para impulsar las luchas, no para eternizar debates ideológicos, abstractos y usualmente innecesarios.

Lo que se explica en este libro es un ejemplo de lo que dijo Marx en los inicios, en sus Tesis sobre Feuerbach:

El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.[4]

Publicamos este libro, entonces, no con el objetivo de marcar puntos frente a otros grupos, sino con la idea de que ayude a personas que quieren cambiar el mundo, y quizá tengan interés en las ideas revolucionarias, a entender los fundamentos del socialismo desde abajo y a ver que estas ideas pueden ayudarnos a comprender el mundo, para mejor luchar por cambiarlo.

Tony Cliff

Tony Cliff (1917-2000) fue un destacado militante y autor marxista. Tuvo sus inicios políticos como revolucionario en la Palestina ocupada de los años 30. Allí, fue clave en la construcción de una pequeña organización marxista, que unía a personas árabes y judías opuestas al imperialismo y al sionismo. Debido a su rechazo completo al sionismo, entre otros motivos, en

1946, Cliff fue a vivir a Gran Bretaña. Allí, desarrolló una larga trayectoria militante como teórico y dirigente del que sería el Socialist Workers Party.

Fue un prolífico escritor que buscó recuperar las ideas fundamentales de Marx, a la vez de superar las distorsiones del estalinismo y las visiones cerradas del trotskismo ortodoxo. Entre sus obras destacan Capitalismo de Estado en la URSS (la primera versión se escribió en 1947; se publicó por primera vez en castellano en 2000; nueva edición digital de Marx21 en 2020), Rosa Luxemburg (1959, existe en castellano en edición digital de Marx21), El marxismo ante el milenio (disponible en castellano y catalán, en edición digital de Marx21).

Entre otras obras importantes destacan una biografía de Lenin en tres tomos, donde extrajo lecciones para la izquierda revolucionaria actual de la creación del partido bolchevique; una biografía de Trotski en cuatro tomos; escritos sobre la historia del movimiento obrero británico; y un libro sobre la liberación de la mujer. El primer volumen de la biografía de Lenin, Lenin. La construcción del partido, existe en castellano.[5]

Marx21.net, mayo de 2026

Notas

[1]    Hay que señalar que Cliff no fue el único marxista en calificar a los países estalinistas como capitalismo de Estado. También lo hicieron Raya Dunayevskaya y C.L.R. James, líderes del grupo Johnson-Forest, y luego Grandizo Munis y Natalia Sedova. Se trata esta cuestión en la Introducción a la primera edición digital (2020) del libro Capitalismo de Estado en la URSS. Donde Munis, por ejemplo, se dedicó a polémicas con la dirección de la Cuarta Internacional trotskista, con largos textos criticando sus posiciones, Cliff estudió las condiciones reales en la URSS y los países del Este. Cliff vio el capitalismo de Estado en los países estalinistas, no como una mera descripción de esos regímenes, sino como una tendencia del sistema capitalista mundial.

[2]    Las formulaciones de Cliff en este texto quizá simplifiquen un poco el análisis de la economía armamentista permanente. Recientemente se han publicado explicaciones más rigurosas de la teoría: Alex Callinicos “Understanding the Permanent Arms Economy: an introduction to the political economy of Michael Kidron”, International Socialism 188, otoño de 2025; y Joseph Choonara, “The Monetary and the Military: Revisiting Kidron’s Permanent Arms Economy”, International Socialism 171, verano de 2021.

[3]    Estos argumentos se basan en las experiencias reales de luchas unitarias exitosas contra la extrema derecha de las últimas décadas. Se explican en más detalle en un texto en defensa del frente único que se presentó en un Congreso sobre Trotski en América Latina en 2024. David Karvala, “Combatir el fascismo: aprendamos de Trotski… y de las luchas”, disponible en la web de Marx21.net.

[4]    K. Marx, la segunda de sus Tesis sobre Feuerbach, redactadas en la primavera de 1845, disponible en marxists.org.

[5]    Lenin. La construcción del partido, El Viejo Topo, 2011. Marx21 ofrece el libro impreso al precio reducido de 10€.


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