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Xoán Vázquez, Marx21

Todas las generaciones tienen sus canciones dedicadas a las vacaciones, desde “Surfin’ safari” de Beach Boys o “Vacation” de The Go G0’s hasta “La vuelta al mundo” de Calle 13 o “Me fui de vacaciones” de Bad Bunny.

Pero no hace muchos años, solo los ricos y las clases privilegiadas viajaban y disfrutaban del tiempo libre en balnearios, hoteles de lujo y playas.

Películas como Muerte en Venecia, Alta sociedad, Una habitación con vistas, Té con Mussolini o Pasaje a la India nos muestran como la aristocracia buscaba destinos que combinaban el lujo, la salud y el esparcimiento cultural.

Pero esta situación cambió tras la victoria electoral, el 5 de mayo de 1936, del Frente Popular en Francia.

Avance

El cambio tuvo lugar la madrugada del 7 al 8 de junio del 36 con la firma en Francia de los Acuerdos de Matignon. Estos comportaron un avance histórico en las condiciones laborales, incluyendo la concesión de dos semanas de vacaciones pagadas.

Esta medida, acompañada de la reducción del 60% en el precio del billete del tren, permitió que más de 600.000 trabajadoras y trabajadores franceses pudieran escapar de la monotonía de la vida urbana representada por los muros de las fábricas y los callejones de los barrios y descubrir el mar.

Otro aspecto menos conocido es que mucha gente pasó sus primeras vacaciones volviendo al campo a casa de sus padres o abuelos a ayudar en la cosecha y disfrutar del aire libre.

Huelgas

Lo más importante es no olvidar que las medidas aprobadas no fueron fruto de la generosidad del Gobierno y la patronal, sino concesiones con las que se trataba de poner fin a la oleada de huelgas y ocupaciones de fábricas en las que participaron más de dos millones de trabajadores y trabajadoras.

Hoy en día, la industria turística capitalista ha transformado el tiempo libre y la necesidad natural de descanso en una nueva mercancía, obligando a la gente trabajadora a consumir bienes y servicios para poder disfrutar de su tiempo libre.

Y mientras, los superricos como el empresario japonés Yusaku Maezawa, hartos de compartir resorts, playas y cascos históricos con el populacho, acuden a empresas privadas que ofertan viajes orbitales y circunlunares por el módico precio de 150 millones de dólares por asiento.

Y es que como decía Madonna en su tema “Holiday”… “we need a holiday” (necesitamos vacaciones).