Liam Winning
El 15 de noviembre, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, miles de personas salieron a las calles contra del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Convocados por sectores ligados a negociantes y campañas de derechas, la marcha utilizó el símbolo de One Piece, utilizado en rebeliones juveniles como en Nepal y Madagascar [ver nuestro boletín nº. 66], junto a multitudes de banderas nacionales.
También reivindicaron la imagen de Carlos Manzo, quien fue el alcalde de Uruapan, en el estado de Michoacán. Manzo fue asesinado hace dos semanas después de hablar en contra del narcotráfico y oponerse a la política del gobierno respecto al narco: Manzo exigía políticas más parecidas a las de Bukele en El Salvador, centradas en la represión y la violencia estatales. Las protestas incluyeron a contingentes de Uruapan, con algunos familiares de Manzo marchando en contra el gobierno.
¿Qué representan estas protestas?
La supuesta causa es en contra de la corrupción del Estado, la dominación de los narcos en la sociedad mexicana, y la violencia, en especial después del asesinato de Carlos Manzo. Su muerte se recibió con ruidosas críticas en contra del gobierno, y su manera de enfrentarse al narcotráfico.
Pero tanto los que convocaron la marcha como el contenido de la misma nos muestran su carácter de derechas.
El lenguaje usado en varios casos en contra de la presidenta Claudia Sheinbaum fue claramente machista y antisemita, y tampoco se ve como una rebelión de la juventud. Más bien, parece que la protesta fue convocada por sectores adinerados, incluso empresarios, la derecha católica y gente de edad media hacía arriba que son los que votan a los partidos institucionales de derechas, el Partido de Acción Nacional (PAN) o el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Los derechistas denuncian que las políticas del partido de Sheinbaum, Morena, acerca del narco está amenazando la “credibilidad del Estado”.
Pero aquellos en el Senado (la derecha del PRI y el PAN) que reclaman estas demandas en contra del gobierno también son culpables de lo mismo, contribuyendo en exceso a la inestabilidad política y social, la corrupción, la violencia y la dominación de los narcos durante los sexenios previos a la ascensión de Morena en 2018 con Andrés Manuel López Obrador (conocido como AMLO).
Los comerciantes que están aliados con la derecha, juntos a los políticos del PAN y el PRI buscan crear una crisis en el gobierno —ya que este ha podido mantener una alta tasa de popularidad— y recuperarse tras las elecciones desastrosas el año pasado.
Una alternativa anticapitalista
Pero tampoco podemos ponernos al lado del gobierno. Sheinbaum, como AMLO antes, busca progresar con el proceso de militarización del país empezado como gobiernos previos durante la guerra contra el narco, con el establecimiento de la Guardia Nacional bajo AMLO, y su integración en las Fuerzas Armadas.
Y aunque hay que defender las políticas de izquierdas del gobierno (en contra de la pobreza, por el aborto legal…) cuando son atacadas desde las derechas y rechazar fuertemente el machismo y antisemitismo, también debemos reconocer que habrá mucha gente con rencor por la situación del país.
Hubo muchos casos de gente que asistieron a la marcha sin respaldar a ningún partido, solo por su rechazo a la situación actual. Sin duda existe el mismo rencor sobre la inseguridad, la violencia, la corrupción, la dominación de los narcos… entre los sectores que salen a las calles por Palestina, en defensa de la educación pública en las universidades, con las y los docentes que luchan por sus salarios, con las luchas en contra de la precariedad, con las luchas feministas, con las luchas de los pueblos indígenas.
Pero hay que explicar que las críticas de las derechas no son una fuerza legítima en contra el Estado. Mientras tanto, la izquierda anticapitalista debe articular una respuesta ante los problemas a los que se enfrenta la clase trabajadora mexicana, respuesta que pueda actuar como un polo de atracción frente al gobierno.





