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Dianelis Zaldivar

Roque Dalton García es uno de esos poetas que se quedan para siempre en el corazón de la gente.

El pasado 10 de mayo de 2025, se cumplieron 50 años de su asesinato en 1975. Y este 14 de mayo marcó 90 años de su natalicio.

Dalton fue uno de esos excepcionales poetas que tiene la cualidad de poder escribir el poema de amor más estremecedor y el más desgarrador poema social, como tantos que le escribió a su amado y sufrido El Salvador.

Revolucionario hasta la médula, de él escribió Eduardo Galeano, con la agudeza que lo caracterizaba, que era “jodón y respondón. Nunca aprendió a callar ni a obedecer, y ejercía un desafiante sentido del humor y del amor”.

Animado desde su primera juventud por uno de sus maestros a seguir el camino de la literatura, llevó esta siempre a la par de sus estudios, primero en colegios religiosos hasta bachillerato, luego en la Universidad de Chile donde comenzó a estudiar Derecho.

Ahí entró en conocimiento de diversas ideologías, especialmente la comunista.

Como él mismo dijo de ese tiempo: “Me puse en contacto con los comunistas, tuve amigos comunistas, y al principio sin saber que lo eran, luego con un poco más de conciencia, por lo menos di un paso de avance en Chile y de católico conservador que era pasé a ser un católico progresista, un socialcristiano; en ese momento, esa corriente de pensamiento en Chile me pareció sumamente atractiva”.

Tras llegar a conocer el marxismo en la Universidad en Chile y habiendo vuelto a El Salvador se incorporó a la Universidad de ese país y a la Asociación General de Estudiantes Salvadoreños. Su padrino político en ese entonces era el historiador Jorge Arias Gómez, dirigente del Partido Comunista Salvadoreño (PCS).

Con 19 años, comenzó a colaborar con diferentes publicaciones de la Asociación de Estudiantes desde donde realizaba ya críticas a la situación social del país. A esa misma edad se casó con Aída Cañas con quien tuvo tres hijos: Antonio, Juan José y Jorge.

En 1956 ganó el Premio Centroamericano de poesía de la Universidad y salieron varios de sus poemarios y cuentos publicados.

Después de un viaje decisivo a la URSS para participar en el VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Libertad, se declaró por completo a favor del comunismo. En ese encuentro conoció a escritores tan importantes como Miguel Ángel Asturias, Juan Gelman, Nazim Hikmet y Graham Greene. Así como al fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Carlos Fonseca Amador.

Dalton se hizo comunista, pero siguiendo con su aire desenfadado y sin ambages, lo cual nunca fue ni ha sido muy bien visto por quienes consideran la militancia de forma más ortodoxa.

Aquí conviene señalar que, en sus inicios, en la época de Farabundo Martí, en los años 1931-32, el Partido Comunista Salvadoreño no seguía la ortodoxia dictada desde Moscú. Se cuenta que el propio Martí “llevaba en la solapa una estrella roja con la efigie de León Trotsky”, cuando el revolucionario ruso estaba fuertemente enfrentado con la burocracia estalinista. En este sentido, Roque se acercó más al espíritu original de su partido que los dirigentes comunistas del momento.

En 1958 Dalton ganó el segundo lugar de los Juegos Florales de San Salvador con la obra Doce poemas.

“Nunca se pudo separar al poeta del luchador, al novelista del combatiente”.

Sin duda de lo más destacable de su vida y su personalidad fue que hizo de la actividad política, la poesía y la bohemia una sola cosa.

Como afirmó su amigo Julio Cortázar: “Nunca se pudo separar al poeta del luchador, al novelista del combatiente, y por eso su vida fue una serie continua de persecuciones, prisiones, exilios, fugas en algunos casos espectaculares y un retorno final a su país después de muchos años pasados en otros lugares de exilio para integrarse a la lucha donde habría de perder la vida”.

Por su labor política fue apresado varias veces y tuvo que exiliarse varias veces en México, Checoslovaquia y Cuba. De esas estancias en Cuba quedan gratos recuerdos en tantos poetas que lo conocieron y convivieron con él, especialmente los casos de Fayad Jamís, Luis Rogelio Nogueras y Silvio Rodríguez, quien le ha dedicado más de una canción.

Aquí en Cuba trabajó en Radio Habana Cuba, Casa de las Américas y en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Ganó dos veces el prestigioso Premio Casa de las Américas por los libros El turno del ofendido y Taberna y otros lugares.

Su actividad literaria en La Habana fue intensa, escribiendo varios libros durante esos años, pero consideró su deber incorporarse a la lucha armada en El Salvador, lo cual hizo en 1970.

Ya en su país, como miembro de la guerrilla, su manera de pensar y su irreverencia lo llevó a ser tildado de “revisionista” y de tener “tendencia pragmática y pequeño burguesa”, apelativos nada extraños para quienes no comulgan con la visión ortodoxa de las causas de la izquierda. Por serias discrepancias fue apresado y fusilado tras un juicio sumario. Sin duda, su muerte es ejemplo de cómo no siempre es solo el enemigo a quien combatimos el que comete injusticias y crímenes.

Roque es un ejemplo de pensamiento libre e irreverente, del cual brotó siempre su poesía.

Su poesía y también sus textos en prosa son una rara mezcla de ternura, ironía, irreverencia y una lucidez sobrecogedora, tan enorme como su irrenunciable compromiso político. Este lo hizo afrontar las peripecias y riesgos de la lucha, teórica y política, con una constancia inquebrantable y un humor irónico a prueba de bombas.

Roque, en uno de sus más grandes versos dijo: “Poesía, perdóname por hacerte comprender que no estás hecha solo de palabras”.

Y yo diría ahora: Gracias, Roque, por hacernos comprender que la poesía no está hecha solo de palabras.

Dianelis Zaldivar Valdes es profesora en Cuba y amante de la poesía


Unos poemas de Roque

Por qué escribimos

Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan, hijos enfermos,
abogados traidores,
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.

Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quiénes con llamas puras les antecedieron,
a quiénes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

Desnuda

Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

Como tú

Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.