ES CA

David Karvala, Marx21

La “cumbre progresista” en Barcelona a mediados de abril, impulsada por Pedro Sánchez, fue una más en una lista de encuentros internacionales contra la extrema derecha.

Como siempre, es positivo que tomen en serio —por fin— la amenaza que representa la extrema derecha y quieran plantarle cara. Pero, igual que con otras conferencias internacionales recientes, hay muchas dudas acerca de su efectividad.

En noviembre de 2024, se reunieron en Caracas más de mil personas, de 76 países, y anunciaron la creación de la “Internacional Antifascista”. Sus bases incluyeron la solidaridad con la Rusia de Putin —que ha financiado a Le Pen— y con la Nicaragua de Ortega —cuyo mandato interminable y represivo se ha mantenido mediante pactos con la derecha—. Durante los siguientes meses, celebraron más eventos internacionales en el mismo sentido, pero no consta que hayan organizado actividades como tal contra el fascismo. En todo caso, el futuro de esta iniciativa —claramente una operación de la administración de Maduro— está en cuestión, dado que la actual Presidenta (¿interina?) de Venezuela, Delcy Rodríguez colabora con su “socio y amigo” Trump, secuestrador de Maduro.

A finales de marzo de 2026, se celebró en Porto Alegre la “Iª Conferencia Internacional Antifascista”, con la asistencia de miles de personas de 30 o 40 países. Como se comentó en el último boletín, este evento se centró bastante en el ámbito institucional, especialmente en la necesidad de reelegir a Lula como Presidente de Brasil. E igual que la iniciativa de Caracas, las actividades que se plantearon consistieron en celebrar más conferencias.

Y luego, el 16 y 17 de abril, se celebró la “Global Progressive Mobilisation” en Barcelona. Según dicen, esta “ofrece una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha… [y] tiene como objetivo hacer que las soluciones progresistas sean visibles y creíbles…”

La lista de asistentes fue impresionante, incluyendo estrellas del progresismo como Lula; el presidente de Colombia, Gustavo Petro; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; entre muchas más. El flamante alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, tenía que asistir, pero no pudo por motivos de agenda.

En su web declaran: “Global Progressive Mobilisation se mantiene estrictamente independiente de todos los procesos electorales a nivel mundial y no participa en ninguna campaña electoral.” Pero de la selección de ponentes clave y los contenidos planteados, la orientación institucional es más que evidente. Y si miramos más de cerca la lista de asistentes, veremos muchas incongruencias.

“Progresistas” cuestionables

Del Partido Laborista británico, asistió David Lammy, Ministro en el gobierno de Keir Starmer. Los laboristas están copiando las políticas racistas de la extrema derecha. Siendo ministro de exteriores, Lammy respaldó el asalto israelí contra Gaza.

De Sudáfrica, asistió el Presidente Cyril Ramaphosa, del Congreso Nacional Africano. Fue un activista importante en la lucha contra el apartheid, pero luego se convirtió en un multimillonario; según la revista Forbes, su riqueza subía a 450 millones de US$. Ha estado implicado en casos de corrupción y, aún peor, en la masacre de Marikana en 2012. Aquí, la policía atacó a un grupo de mineros en huelga, matando a 34 personas e hiriendo a 250. Ramaphosa formaba parte de la junta directiva de la empresa minera afectada, Lonmin, y fue uno de los exigió una intervención policial.

La República Dominicana estuvo representada en Barcelona por el ministro de Justicia. Como se explica en este artículo, las personas haitianas en ese país sufren explotación y un racismo institucional muy fuerte. El gobierno dominicano aplica políticas frente a la migración parecidas a las de la extrema derecha. De hecho, el 7 de marzo pasado la República Dominicana participó en la Cumbre “Escudo de las Américas” convocada por Donald Trump. Aquí, el presidente dominicano, Luis Abinader, se reunió con todo un grupo de presidentes ultras. Además de Trump, acudieron Milei de Argentina, Kast de Chile, Bukele de El Salvador…

Estos son solo unos ejemplos flagrantes, seguramente poco conocidos, de las contradicciones del reformismo; obviamente, hay muchos más en toda Europa.

La lista de políticas nada progresistas del gobierno español es muy larga. Por mencionar solo unos ejemplos: el continuado comercio de armas con Israel; la masacre de Melilla; el mantenimiento de medidas represivas como la ley mordaza; el continuado uso de espías policiales; la violencia policial frente a protestas contra el fascismo o en solidaridad con Palestina…

Las limitaciones del reformismo

Todo esto nos debe servir de advertencia del abismo que existe entre los discursos progresistas y la realidad de su gestión del sistema. No se trata de “traiciones” aisladas, sino que es algo inherente al reformismo.

Volvamos a la declaración de intenciones de la cumbre de Sánchez.

¿En qué consistirían “las soluciones progresistas… creíbles” de las que hablan? El talón de Aquiles de todo reformismo siempre ha sido que lo “creíble” se juzga en base a lo que es posible realizar bajo el sistema capitalista.

Quiere decir que las mejoras que buscan para la gente corriente —y no olvidemos que la mayoría de las personas que se implican en la política reformista lo hacen porque quieren beneficiar a la mayoría— tienen que ser compatibles con el continuado flujo de beneficios hacia los multimillonarios y sus empresas.

Cuando la economía (capitalista) va bien, existe margen para implementar mejoras para la mayoría. Pero cuando el sistema entra en crisis, deben escoger entre atacar a la clase dirigente o atacar a la clase trabajadora. Siempre acaban optando por lo segundo. Y a menudo estos ataques se encubren con el intento de buscar otros culpables, típicamente la migración.

Así que, sin cuestionar las buenas intenciones del reformismo, y sobre todo de su gente de base, demasiadas veces su gestión del sistema actual —que es lo que hay detrás de las promesas de cambio o de ser el “Gobierno más progresista de la historia”— acaba decepcionando a la gente, fomentando el racismo, y abriendo la puerta a la extrema derecha.

Lucha unitaria

Por todo esto, ninguna de estas cumbres internacionales representa una estrategia real para combatir a la extrema derecha. Todas se limitan a intentar arreglar las cosas desde arriba: ya sea el palacio presidencial venezolano, el de Brasil, o el de otros países.

Como se ha comentado muchas veces en estas páginas, existe una alternativa de base, mediante la lucha unitaria. Aquí no solo deben tener cabida las personas que se inspiran al ver estas cumbres. Es que, a diferencia de esos eventos desde arriba, en los movimientos unitarios, las personas corrientes tienen la posibilidad de actuar, no solo de aplaudir a unos mandatarios mientras hacen sus discursos en la TV.

Y a diferencia de estas conferencias internacionales, la lucha unitaria ha demostrado su efectividad —cuando se lleva a cabo— una vez tras otra.