La lucha de clases sigue: La clase trabajadora tiene más potencial que nunca

ES CA

Xoán Vázquez

Cuando Marx y Engels terminaron El Manifiesto Comunista con la llamada a la acción: “¡Trabajadores del mundo, uníos!”, la clase trabajadora constituía entre el 2 y el 3 por ciento de la población mundial. Hoy en día, las personas trabajadoras asalariadas somos una mayoría mundial con un enorme potencial para enterrar este sistema podrido.

En 2023, solo en el Estado español, la clase trabajadora era de más de 21 millones, aunque según las encuestas más del 50% se consideraba clase media o integrada en la nueva denominación clase media trabajadora, término que suelen emplear los partidos de centro izquierda en periodos electorales.

Pero ese concepto de una clase trabajadora cada vez más aburguesada e integrada en el sistema no es nuevo.

Después de mayo del 68, con 9 millones de trabajadores y trabajadoras en huelga, gran parte de la izquierda se puso a buscar al nuevo sujeto revolucionario llamado a encabezar la transformación de la sociedad. A mediados de los 80 se decreta el fin del proletariado y en 2004 nos enteramos que ese nuevo sujeto revolucionario es “la multitud”.

La crisis económica de 2008 volvió a mostrarnos la cara más despiadada del capitalismo y a recordarnos que el antagonismo de clase, como dice la canción, no estaba muerto… estaba de parranda. Un máximo histórico de cinco millones de parados en 2013, precarización laboral y bajos salarios fueron el contexto cotidiano de un Estado español estrangulado por la crisis económica. Construcción y turismo fueron los sectores más afectados, mientras los recortes en sanidad y la precarización en el sector de la enseñanza llegan hasta nuestros días.

Huelgas

Prueba de ello son los datos recogidos en la estadística de Huelgas y Cierres Patronales 2023 publicada por el INE en la que se puede comprobar que son sanidad y educación junto a los servicios los sectores que acumulan un mayor número de participantes y jornadas no trabajadas. La estadística recoge también el incremento notable de la conflictividad laboral duplicándose, con relación a 2022, tanto el número de jornadas no trabajadas como de participantes.

Durante el pasado año las movilizaciones en sanidad y la educación fueron continuas tanto en el sector privado como en el público, donde los sindicatos y las Plataformas ciudadanas defensoras de la sanidad pública llenaron las Consejerías de Sanidad con miles de reclamaciones para mejorar los servicios de Atención Primaria, reducir las listas de espera y denunciar la falta de médicos en los Puntos de Atención Continuada. De enero a octubre se llevaron a cabo en todo el Estado 87 huelgas en el sector sociosanitario que contaron con la participación de más de 100.000 personas trabajadoras, lo que supuso 286.535 jornadas no trabajadas.

Educación ha sido otro de los frentes de batalla en 2023. Las movilizaciones comenzaron en enero en Catalunya y no han cesado a lo largo del año. Revertir los recortes, reducción del horario lectivo, pacto de estabilidad del personal interino, equiparación salarial de los profesores de FP y los de secundaria, así como climatizar y adecuar los colegios ante la subida de temperaturas, fueron algunas de las principales reivindicaciones a las que el ministerio de educación y consejerías autonómicas respondieron negativamente argumentando la consabida falta de presupuesto.

En el sector servicios, Amazon hizo frente en el mes de noviembre a dos jornadas de huelga en todos sus principales centros de trabajo en el Estado español, convocados por el sindicato CCOO en solitario, en un periodo de aumento de la actividad por el Black Friday y el Cyber Monday.

Estos paros de una hora por turno, los primeros que convoca el sindicato a nivel estatal y a los que estaban llamados unas y unos 20.000 trabajadores, tenían como finalidad protestar por las condiciones laborales de la plantilla y por los salarios pagados por la compañía, que desde CCOO consideran insuficientes. La huelga en el gigante del comercio electrónico era la primera que se convocaba a nivel estatal en Amazon, donde sí se han secundado paros por centros de trabajo, según CCOO.

Resistencia

Vivimos un panorama a menudo sombrío sobre la resistencia en los centros de trabajo planteado por aquellos que dicen que los cambios en la sociedad a lo largo de décadas han hecho que las formas “tradicionales” de resistencia en el lugar de trabajo sean imposibles o anticuadas y que ha habido un cambio de una clase trabajadora tradicional, de ser colectiva y solidaria ha pasado a estar fragmentada y a tener muchas etiquetas diferentes.

Frente a esos argumentos pesimistas, debemos responder que la capacidad fundamental de las y los trabajadores para resistir (su poder para dejar de trabajar y cerrar la producción) sigue siendo una realidad.

Pero estos cambios no solo causan dificultades a los y las trabajadoras. Su naturaleza precaria crea desafíos también para las organizaciones sindicales que han de saber adaptarse. Aunque no se debe exagerar la importancia de estos desafíos, como lo demuestran las trabajadoras de la limpieza de Lugo que tras cuatro meses de huelga consiguieron una subida salarial del 18,30% y mejoras en los permisos, vacaciones y en los seguros de accidentes además del pago de los salarios atrasados a las trabajadoras que participaron en la huelga.

Las estadísticas de huelgas pueden parecer bastante desalentadoras y no siempre reflejan bien lo que está pasando. Pero lo que es innegable es que la clase trabajadora tiene un poder colectivo que la puede convertir en la “sepulturera del capitalismo”.