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Xoán Vázquez, Marx21

“Un evento sin precedentes equivalente a 104 Super Bowls”. Así describió Gianni Infantino, presidente de la FIFA, la Copa del Mundo de Fútbol que da comienzo el 11 de junio.

Y las cifras parecían darle la razón: 48 selecciones, 104 partidos, 16 sedes y, por primera vez, las sedes en tres países y una previsión de ingresos por parte de la FIFA muy superior a los 7.570 millones de dólares del Mundial de Qatar.

Porque, más allá del deporte, el Mundial es una industria global donde participan gobiernos, empresas, patrocinadores y organismos internacionales, todos con intereses económicos que muchas veces no se ven a simple vista.

Evidentemente, la magnitud del evento redundará también en beneficio del mismo Infantino. Sus retribuciones —aparte de su salario anual de tres millones de euros— se incrementan con bonificaciones e incentivos según el alcance del evento. En esta ocasión, parece que se traducirá en alrededor de 2,27 millones de euros más.

El lado oscuro

Pero igual que es numerosa en la historia de los mundiales la cantidad de momentos inolvidables que resaltan la gloria deportiva, también hay otros que reflejan su lado oscuro y polémico.

Estos van desde acusaciones de amaños hasta, al igual que sucedió en Qatar, tratar de ocultar las violaciones de los derechos laborales, la especulación inmobiliaria y la vulneración de los derechos de migrantes y del colectivo LGTBI+.

Y ha habido hechos aún más graves, como centros de tortura alrededor de los estadios como en el mundial de Argentina, jugadores fallecidos en circunstancias sospechosas, mundiales de futbol utilizados como propagada por regímenes fascistas como la Copa Mundial de Italia de 1934 y ocultamiento de violaciones contra los derechos humanos.

Y así a un mes de comenzar el torneo, la FIFA bloqueó una inspección laboral en las obras de renovación del Estadio Azteca e ignoró las denuncias de gentrificación y especulación en las sedes de México con un incremento en el coste de arrendamientos de viviendas de un 40%.

En EEUU está sucediendo lo mismo y como ejemplo la tarifa habitual de ida y vuelta desde Manhattan al MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey) sede de la final, que costaba 12,90 dólares ha pasado a costar 105 dólares.

Tampoco parece importarle a la FIFA que en las inmediaciones del estadio de Guadalajara (México) se hayan encontrado en los últimos meses más de 450 bolsas con restos humanos relacionadas con el crimen organizado.

Y también como sucede siempre en este tipo de eventos, la Red mexicana de trabajo sexual, denunció una “limpieza social” de trabajadoras del sexo y mendigos para “mostrar un México del primer mundo”. Esta organización encabezó una protesta en la avenida Tlalpan (donde trabajan habitualmente y que conecta al centro con el sur de Ciudad de México, donde está el estadio Azteca) el día en que la alcaldía inauguraba las obras realizadas.

El Mundial de Trump

El evento mundialista se convirtió en el mundial de Trump desde el momento en que el presidente estadounidense recibió de manos del presidente de la FIFA un certificado como el ganador inaugural del Premio de la Paz de la FIFA en diciembre de 2025 por su “compromiso inquebrantable con el avance de la paz y la unidad”.

El macroevento futbolístico del verano se presentaba como un importante impulso económico para los países anfitriones.

Sin embargo, nuevos datos publicados por la American Hotel & Lodging Association (AHLA), con más de 12.000 asociados, reducen notablemente las expectativas de negocios, pues las reservas evolucionan por debajo de las previsiones iniciales.

En su último informe, FIFA World Cup 2026 Hotel Outlook, la patronal advierte de que la demanda prevista “no se ha traducido en reservas hoteleras sólidas” y que las y los viajeros nacionales “superan” a los internacionales. Rosanna Maietta, presidenta y consejera delegada de la AHLA, señala las cancelaciones de los cupos de habitaciones reservados por la FIFA, las restricciones de visado, las tensiones geopolíticas y el encarecimiento de los costes como “factores clave” del debilitamiento de la demanda de hoteles.

Maietta considera que Estados Unidos y la FIFA deben garantizar “una experiencia acogedora y fluida para los viajeros internacionales”. Añadió que “esto implica evitar aumentos de costes innecesarios en visados y en el transporte hacia y desde los estadios, y disuadir a las administraciones locales de aprobar subidas de impuestos de última hora que perjudiquen al torneo y a los consumidores”.

Un poco de historia

Si bien la FIFA se fundó en París en 1904 y el Cuju chino es el juego más antiguo similar al fútbol, se considera que el fútbol moderno nació en Gran Bretaña en 1863 cuando en una reunión en la taberna londinense, Freemasons Tavern, se oficializaron las primeras reglas del fútbol.

Pero lo cierto es que fue un proceso colectivo que involucró a diversas culturas y tiempos. Actualmente 270 millones de personas lo practican diariamente y cuenta con 4.000 millones de aficionados

A pesar de que la Football Association creada en 1863 no lo profesionalizó hasta 1885, el fútbol ha evolucionado hacía aspectos excesivamente empresariales y mercantiles que, poco a poco, van destruyendo su esencia como los 285 millones de dólares que, según la revista Forbes, ganará Cristiano Ronaldo en 2026.

En un artículo aparecido en febrero de 2025 en el blog Balanzone, se afirma que el fútbol es el fruto de la Revolución Industrial.

Una ley británica, la Factories Act de 1847 (10 horas de trabajo), permitió la separación entre tiempo de trabajo y de ocio por lo que las actividades recreativas debían ajustarse a límites temporales. La aprobación en 1850 de la media jornada los sábados permitía a partir de las dos de la tarde dedicarse a jugar al fútbol.

Luego está el tren que permitía a los equipos viajar para competir. Y la conversión de terrenos baldíos en estadios donde los trabajadores establecían lazos sociales contribuyendo en muchas ocasiones al fortalecimiento de la conciencia política.

El fútbol nació como una forma de evasión y una religión laica para las comunidades obreras. Sin embargo, su esencia ha mutado hacia un modelo de negocio globalizado que a menudo choca con los sentimientos de las aficiones tradicionales. A pesar de los intentos de las corporaciones y la élite por quitarle el fútbol a la gente común, sigue siendo un espacio de lucha por la comunidad y la pertenencia en medio de la alienación capitalista.