Tomáš Tengely-Evans
Estados Unidos se vio obligado a aceptar un alto el fuego con Irán la noche del martes, 7 de abril, apenas horas después de que Donald Trump dijera que “destruiría toda una civilización”.
Israel ha afirmado que también aceptará el alto el fuego de dos semanas una vez que Irán ponga fin a su bloqueo del estrecho de Ormuz.
Esta marcha atrás es otra confirmación de que Trump está en serias dificultades y de que el imperio estadounidense está en declive.
Irán dijo que permitiría el “paso seguro” por el estrecho de Ormuz durante la duración del alto el fuego. Su consejo de seguridad afirmó haber presentado un plan de diez puntos a Estados Unidos a través de Pakistán, pero insistió en que la guerra había terminado.
Pakistán se ha ofrecido a acoger conversaciones. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, declaró: “Ambas partes han demostrado una notable sabiduría y comprensión y han mantenido un compromiso constructivo en favor de la paz y la estabilidad. Esperamos sinceramente que las ‘Conversaciones de Islamabad’ logren una paz sostenible y confiamos en poder compartir más buenas noticias en los próximos días”.
El plan iraní de diez puntos incluye la exigencia de poner fin a los ataques israelíes contra el Líbano, cesar todos los combates contra los aliados de Irán, levantar todas las sanciones y “la retirada de las fuerzas de combate de Estados Unidos de todas las bases y puntos de despliegue en la región”.
Sorprendentemente, Trump dijo: “Hemos recibido una propuesta de diez puntos de Irán y creemos que es una base viable para negociar”.
Estados Unidos e Israel habían amenazado con lanzar una ola de crímenes de guerra contra la población iraní. Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmaron que comenzarían ataques aéreos el martes contra centrales eléctricas, transporte y otras infraestructuras si Irán no reabría el estrecho de Ormuz.
El ejército israelí emitió una advertencia amenazante a las y los “pasajeros en Irán”, diciendo que “la presencia en trenes y cerca de vías férreas ponía en peligro sus vidas”.
Trump afirmó que Irán “podría ser eliminado en una noche” y que el pueblo iraní estaba “dispuesto a sufrir” y quería que Estados Unidos “siguiera bombardeando”. Una vez más, amenazó con bombardear centrales eléctricas si Irán no reabría el estrecho antes de las 20h del martes 7 de abril.
Estas amenazas subrayan que las bombas estadounidense-israelíes nunca traerán liberación. Y existe la necesidad de un movimiento antibélico y antiimperialista internacional.
Incluso Brian Finucane, ex asesor legal del Departamento de Estado de EEUU, afirmó: “Esta amenaza contra ‘una civilización entera’ podría interpretarse plausiblemente como una amenaza de genocidio”.
Las amenazas se produjeron tras el bombardeo estadounidense de instalaciones militares en la isla de Kharg, una terminal estratégica de petróleo y gas en el Golfo Pérsico, al noroeste del estrecho de Ormuz. Casi el 90 % del petróleo iraní pasa por la isla, ya que las aguas costeras son demasiado poco profundas para grandes petroleros.
Estados Unidos se había contenido hasta ahora de atacar la isla. Temía que destruir la capacidad de Irán para exportar petróleo lo convirtiera en un “Estado fallido”, lo que podría generar múltiples desafíos para EEUU e Israel.
Tampoco quería provocar una reacción de su principal rival imperialista, China, que compra el 90% del petróleo iraní. Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz, pero sigue permitiendo el paso de parte del petróleo y gas con destino a China.
Con los precios del petróleo disparándose y la impopularidad de la guerra en aumento, Trump se está desesperando. Mientras muchos líderes occidentales se esfuerzan por justificar una guerra impopular, se encuentra atrapado y busca desesperadamente una salida.
Sus patrocinadores multimillonarios y las grandes empresas no quieren sufrir el impacto de un shock petrolero global. Además, se enfrenta al rechazo de los votantes republicanos en las importantes elecciones de noviembre, a medida que sube el precio del combustible.
Y los regímenes del Golfo, que albergan bases estadounidenses, han sufrido ataques de represalia contra su infraestructura energética.
Fracasado
Los intentos de EEUU de encontrar una salida han fracasado hasta ahora. Israel, el Estado guardián de EEUU en Oriente Medio, quiere avanzar hacia un “cambio de régimen” en Irán y apoderarse del sur del Líbano.
Israel fue el impulsor de la guerra y logró arrastrar a Estados Unidos.
Rubio lo reconoció cuando dijo: “Sabíamos que iba a haber una acción israelí. Sabíamos que eso provocaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses. Sabíamos que, si no actuábamos preventivamente, sufriríamos más bajas”.
Un informe anterior del Washington Post reveló que Rubio indicó a los legisladores que el momento y los objetivos de la misión estuvieron condicionados por el hecho de que Israel iba a atacar con o sin Estados Unidos.
A medida que el dominio global del imperialismo estadounidense disminuye, depende cada vez más de potencias regionales para asegurar sus intereses. Trump ha reforzado vínculos con los Estados del Golfo y el nuevo régimen en Siria, junto a aliados clave como Israel y Arabia Saudí.
Israel sigue dependiendo militarmente de Estados Unidos y ha reconfigurado la región en favor de Occidente durante los últimos dos años de genocidio. Pero también se ha convertido en un poderoso Estado capitalista, ya no totalmente dependiente de la ayuda estadounidense, y ha crecido como potencia imperialista regional.
Esto le permite actuar con mayor autonomía y presionar para que haya más guerra, incluso si va en contra de los deseos de EEUU. Sabe que, en última instancia, Estados Unidos siempre lo respaldará.
Esto permitió a Netanyahu arrastrar a Trump al ataque. El primer ministro israelí estaba y está decidido a lograr un “cambio de régimen” en Irán y quería sabotear las conversaciones sobre su programa nuclear.
Sin embargo, la relación no ha cambiado fundamentalmente: Israel sigue siendo un bastión del imperialismo estadounidense.
Trump intentará reafirmar su dominio, pero será más difícil que durante la guerra de los doce días del verano pasado. Israel no aceptará detener sus ofensivas en la región.
El Estado iraní tampoco ha cedido. Trump proclamó que EEUU “arrasaría” la industria de misiles iraní y exigió que la Guardia Revolucionaria depusiera las armas o se “enfrentara a una muerte segura”.
Los primeros días del ataque mataron al líder supremo Ali Jamenei, al comandante Mohammad Pakpour y a más de 40 altos cargos, inutilizaron la fuerza aérea iraní y hundieron gran parte de su fuerza marina.
Pero no decapitaron al régimen iraní. Este se ha mantenido intacto y ha resistido militarmente. Ha lanzado ataques exitosos contra bases estadounidenses y contra infraestructuras energéticas en Estados del Golfo aliados de Occidente. Y, de forma crucial, ha utilizado su control del estrecho de Ormuz para bloquear los suministros de petróleo y gas, sacudiendo la economía global.
El régimen ha afirmado que seguirá luchando si no se satisfacen sus demandas.
El alto el fuego revela las debilidades de EEUU, pero no detiene la lógica de la escalada de la guerra.
La guerra contra Irán subraya que Estados Unidos es un imperio en declive. En 1956, Reino Unido, Francia e Israel invadieron Egipto tras la nacionalización del canal de Suez, lo que destruyó su poder en la región.
Podríamos estar presenciando el comienzo del fin del dominio estadounidense en el Asia Occidental. Pero, como el imperio británico en declive, EEUU está dispuesto a hacer lo que sea para mantener su poder.
Hay que continuar la lucha contra el belicismo de Trump y la complicidad de sus aliados europeos.
No pagaremos su guerra
Sea cual sea el resultado, la guerra ya ha desatado el caos en todo el mundo.
Cuando los analistas convencionales hablan de las consecuencias, reflexionan abstractamente sobre el impacto en los mercados y la economía.
Pero el precio de la guerra de Trump no lo pagará una abstracta economía global. Lo pagarás tú, tu familia, tus amigos y millones más de personas trabajadoras.
“Aunque la guerra podría influir la economía global de diferentes maneras, todos los caminos conducen a precios más altos y un crecimiento más lento”, afirma el Fondo Monetario Internacional.
Las repercusiones del Estrecho de Ormuz ya están afectando a los agricultores de la India. El bloqueo ha disparado el precio del nitrógeno y de la urea, utilizados en fertilizantes, en un 170%. Esto significa que los agricultores indios no podrán comprar fertilizantes a precios subvencionados.
Las consecuencias son aún más amplias. India exporta cereales a toda Asia, incluidos los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
Mientras tanto, políticos y medios de comunicación en Corea del Sur temen el impacto inminente en los precios de los alimentos. Corea del Sur importa más del 40% de su urea de Oriente Medio, y casi toda pasa por el estrecho de Ormuz.
Un informe del banco de inversión Goldman Sachs advierte sobre el aumento de los precios de los alimentos, ya que “los fertilizantes representan aproximadamente el 20% de los costos de la producción de cereales”.
La industria alimentaria en Europa no es inmune. Las y los agricultores ya se han enfrentado al aumento en el precio del diésel, un incremento mucho mayor que el de la gasolina para automóviles.
Europa importa gran parte de sus fertilizantes nitrogenados. Incluso cuando no provienen de Oriente Medio, los precios mundiales se ven afectados si se interrumpe el suministro principal en Ormuz.
A largo plazo, esto puede ejercer presión al alza sobre los precios de los cultivos.
Pero, incluso a corto plazo, los dueños de los supermercados pueden aumentar los precios de los alimentos. Buscarán usar la guerra como excusa para obtener más ganancias. Lo vimos en el repunte inflacionario que siguió a la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Los gobiernos europeos, que siempre ceden ante la presión de las grandes empresas, redoblarán sus esfuerzos para que la clase trabajadora pague las consecuencias.
Popularicemos el lema “No pagaremos la guerra de Trump” en el movimiento obrero. La única manera de asegurarnos de no pagar es mediante huelgas mucho más contundentes. Debemos organizarnos ahora para un otoño turbulento.





