ES CA

Andy Daglish informa desde Lisboa

El 11 de diciembre, Portugal se vio sacudido por su mayor huelga general en más de una década, con toda una nueva generación de personas trabajadoras saliendo a las calles para enfrentarse a los ataques del gobierno derechista del PSD contra los derechos laborales.

Para muchas personas jóvenes, esta es su primera huelga general, y se lanzan a la lucha con mucha rabia y determinación.

El gobierno conservador está impulsando cambios radicales en la legislación laboral —más de 100 modificaciones en total— que, según los sindicatos, podrían destruir protecciones laborales tradicionales y otorgar a los empleadores un poder sin precedentes sobre su fuerza laboral.

La huelga, convocada por la principal central sindical, la CGTP, ha paralizado los centros de trabajo en todo el país.

Las modificaciones del gobierno y por qué hay resistencia

Despidos más fáciles y menor seguridad laboral

Con las leyes propuestas, los empleadores podrían despedir a las y los trabajadores con mucha más facilidad, especialmente en las pequeñas y medianas empresas. La gente empleadora ya no estaría obligada a presentar pruebas cuando una plantilla impugna un despido ni a permitir que se escuche a sus testigos.

Incluso en casos de despido improcedente, las empresas podrían solicitar a los tribunales que bloqueen la reincorporación si esta “perturba las operaciones”. Los sindicatos afirman que esto reduce la protección contra el despido improcedente.

Empleo más precario y de corta duración

Las reformas ampliarían el uso y la duración de los contratos temporales y eliminarían las restricciones a la externalización tras los despidos. En lugar de crear empleo estable, argumentan los sindicatos, las medidas aumentarían la inseguridad y profundizarían la precariedad laboral.

Retorno a los “bancos de tiempo individuales” y horarios más flexibles

Las personas trabajadoras podrían verse obligadas a trabajar hasta dos horas extra al día bajo esquemas individuales de “bancos de tiempo”.

Los sindicatos afirman que esto desregularía efectivamente el tiempo de trabajo, extendiendo la jornada laboral y socavando las protecciones logradas con tanto esfuerzo y lucha.

Un ataque a la negociación colectiva y los derechos sindicales

Muchas de las reformas desplazarían la toma de decisiones de los convenios sectoriales a acuerdos individuales entre cada persona trabajadora y su patrón. Se derogarían las normas que actualmente facilitan la organización sindical en lugares de trabajo no sindicalizados. Los sindicatos lo consideran un intento directo de debilitar el poder colectivo.

Restricciones al derecho de huelga

El gobierno querría redefinir los servicios mínimos durante las huelgas, una medida que, según los sindicatos, está diseñada para reducir la eficacia de las mismas y limitar un derecho democrático fundamental.

Ataques a los derechos parentales y de lactancia

Las propuestas restringirían los horarios flexibles para la lactancia materna y otras protecciones familiares, recortando derechos por los que los y las trabajadoras lucharon durante décadas.

“Estamos hartos de vivir al día”

A pesar de los intentos del gobierno por restar importancia a la acción, se ha registrado una gran participación en Lisboa, Oporto y docenas de otras ciudades. Miles de huelguistas se han congregado en las principales plazas y calles, llenándolas de pancartas, cánticos y protestas contra un gobierno que insiste en que la mayoría de las personas trabajadoras ignoró la huelga.

Pero las cifras de la CGTP cuentan una historia muy diferente: la federación sindical estima que 3 millones de personas, de una plantilla de 5 millones, se unieron a la huelga.

En Setúbal, la huelga generó uno de los momentos más conmovedores del día. Hablé con João Reis, delegado sindical de STAZA en Autoeuropa, una de las mayores empresas industriales del país, quien afirmó que la línea de producción se detuvo cuando la plantilla se unió masivamente a la huelga. Su cierre envió una señal a todo el cinturón industrial al sur de Lisboa.

Un portavoz de la CESP —Sindicato dos Trabalhadores do Comércio, Escritórios e Serviços de Portugal— en Lisboa resumió el estado de ánimo: las y los trabajadores están “hartos de vivir al día todos los meses”, mientras que las mayores corporaciones de Portugal, incluidas SONAE, DHL y GALP, registraron 30 millones de euros diarios en beneficios en el primer semestre del año.

El contraste entre el aumento vertiginoso de la riqueza corporativa y las dificultades de las personas trabajadoras ha alimentado la explosión de ira de hoy.

La juventud toma la iniciativa

A última hora de la tarde, miles de personas más de localidades cercanas a Lisboa y Oporto se unieron a las manifestaciones. En Lisboa, una multitud significativa, compuesta principalmente por personas jóvenes trabajadoras, se concentró frente a la Asamblea Nacional. Las y los diputados calificaron la huelga general de “inconsecuente”. Los y las manifestantes estallaron de furia ante la afirmación.

El canal CNN Portugal transmitió entrevistas con personas jóvenes huelguistas indignadas que afirmaron estar dispuestas a permanecer fuera del parlamento hasta que el gobierno retire por completo su paquete laboral.

Un punto de inflexión

La huelga general de hoy marca un momento decisivo en la política portuguesa. Tras 12 años sin un paro nacional, las personas trabajadoras han redescubierto su poder colectivo y una nueva generación ha dado un paso al frente para defender su futuro.

Ya sea que el gobierno siga adelante o se retire, el día de hoy ha demostrado que millones de personas están dispuestas a luchar, y que la lucha sobre la legislación laboral del país apenas comienza.