ES CA

Si yo le menciono el nombre del cantante Ron Dante, probablemente a usted, persona que se considera a sí misma poseedora de un cierto grado de cultura musical, le resulte desconocido.

Si a continuación le comento que logró mantener, durante tres semanas seguidas, dos temas entre los 10 primeros de la lista Billboard Hot 100 en la influyente revista del mismo nombre, actuando como vocalista de una banda distinta para cada uno de ellos, usted probablemente sienta curiosidad por saber cuándo ocurrió tal anécdota, y cuáles fueron las bandas implicadas.

Cuando yo le comente que eso sucedió en octubre de 1969, usted, persona conocedora de la música popular que triunfaba por entonces, probablemente comience a ponerse en guardia.

En el momento en que yo le confirme sus temores, indicándole que uno de esos temas acabó siendo el sencillo más vendido ese año, usted probablemente reaccione irritado, diciendo que eso no era música de verdad, que era todo falso, prefabricado en estudio y pensado expresamente para la televisión, mientras intenta sin éxito desalojar de su cabeza el pegajoso estribillo de la canción en cuestión, sí, Sugar Sugar, de The Archies (el otro tema era Tracy, de The Cuff Links). Uno de los himnos de un género que es la misma definición de placer culposo, el Bubblegum Pop.

La creación de la etiqueta bubblegum (goma de mascar) para definir este estilo se suele atribuir al productor Jeffry Katz, y nos da una pista de su público objetivo: adolescentes y preadolescentes. Aunque la etiqueta sigue en uso hoy día para referirse, casi siempre de forma peyorativa, a la música pop orientada hacia ese mismo segmento de edad, el bubblegum pop propiamente dicho triunfó entre la segunda mitad de los 60’s y la primera de los 70’s.

Sus características eran: ritmo animado, estribillos repetitivos y pegadizos, habitualmente cantados a coro, y letras centradas en preocupaciones propias de adolescentes, como los primeros amores o desamores, en un tono inocente y optimista. Música para divertirse y bailar, en esencia.

Sencillo

Debido al limitado poder adquisitivo de su público objetivo, se priorizaba el formato sencillo, más barato, frente al álbum, más caro.

No faltaban las veces en que se ensamblaba una banda improvisada para interpretar temas previamente compuestos (como fue el caso de los ya citados The Cuff Links). Esto hizo que sea uno de los géneros con mayor cantidad de “one hit wonders” (bandas maravilla de un solo éxito) que existe.

Parte del estigma que acarrea viene de ese enfoque juvenil y esa producción industrial, pero a la percepción de su propuesta como algo falso y poco serio también contribuye en gran medida su estrecha relación con la televisión. Con el bubblegum, la televisión comienza a substituir a la radio como el medio que va a marcar las tendencias del momento.

Las fronteras sobre lo que se considera o no bubblegum, o cuando inicia propiamente, son difusas y a menudo están envueltas en polémicas entre fans, por la inclusión o exclusión de tal o cual banda concreta. Muy especialmente de la que voy a citar a continuación, ya que personalmente estoy de acuerdo con la corriente que afirma que el sonido bubblegum se inicia con The Monkees.

Tienen todas las características indicadas, muy especialmente la de relación con la televisión, ya que The Monkees nació como serie de televisión en 1966, y que la banda sobreviviera a la cancelación de la serie tras su segunda temporada, no altera este hecho.

Sus miembros fueron elegidos mediante un casting, como en cualquier otro proyecto televisivo, y por ello siempre cargaron con ese estigma de artificialidad tan ligado al bubblegum. Si necesitan más pruebas de la “bubblegumidad” de The Monkees, el máximo himno bubblegum, la citada Sugar Sugar, era un tema propuesto en principio para esta serie, que fue descartado y posteriormente recolocado en otro programa de televisión.

No sería la única banda encuadrada habitualmente en el género que nacería en un programa de televisión. The Partridge Familly también nació como serie de televisión, emitida entre 1970 y 1974. Pero la fusión perfecta entre bubblegum pop y televisión ocurrió cuando se convirtió en el sonido de las series animadas. The Archie Show, programa a cuya banda sonora pertenece Sugar Sugar, inspirado en la misma tira de cómic que también sirvió de inspiración a la serie Riverdale de Netflix, marcó la pauta, presentando a The Archies en 1969.

Pronto, muchos temas extraídos directamente de programas de caricaturas se posicionaron en las listas de éxitos de la época. Estas bandas de dibujos animados aumentaron la percepción de género artificial y mercenario del bubblegum, pues sus integrantes ya eran del todo desconocidos, anónimos músicos de estudio que, gracias a la chiquillería, se codeaban en las listas de éxitos con estrellas reconocidas, para escándalo de los más puristas.

Franquicia

Pero el sonido bubblegum no estaba restringido a las bandas sonoras televisivas. Y aquí hemos de hablar de Buddah Records, la discográfica por excelencia del sonido bubblegum, que lanzó a grupos como Ohio Express o 1910 Fruitgum Company.

Ohio Express es otro caso que se cita a menudo para desprestigiar el bubblegum, ya que más que una banda propiamente dicha, era una franquicia cuyos miembros iban cambiando continuamente, e incluso tenían una alineación de gira en directo, mientras otra grababa nuevos temas en estudio al mismo tiempo. Esto causaba que a veces la banda que actuaba en directo no fuese capaz de tocar los temas solicitados por los fans, pues habían sido grabados por otros músicos mientras ellos estaban de gira sin saberlo.

Ya en los 70, con el declive del bubblegum, Buddah Records se centraría en otros géneros, como el rock psicodélico, sonido en el que también fue un referente.

Por todos los factores explicados, el sonido bubblegum a menudo es denostado, considerado una especie de Frankenstein musical, una creación artificial destinada a lucrarse con el dinero de las golosinas. Un género exitoso pero carente de verdaderas estrellas, lo cual no es del todo cierto.

Por ejemplo, Cheryl Ladd, que se hizo famosa en la serie “Los ángeles de Charlie”, inició su carrera cantando para una de esas bandas de dibujos animados, Josie and the Pussycats.

También The Jackson 5 pueden encuadrarse dentro del sonido bubblegum, y todos sabemos quién era el menor de aquellos cinco hermanos (por si acaso, era Michael Jackson).

Pero, aparte de estas futuras estrellas, lo importante es que, como en toda industria, tras ella había honestas personas trabajadoras, en este caso humildes músicos de estudio, que compusieron e interpretaron himnos del pop, creando un sonido que influenciaría posteriormente géneros tan dispares como el soul, el rock psicodélico o hasta el punk. Artistas cuyos nombres nunca fueron conocidos, aunque su obra sigue con nosotros.

Por todo ello, me gustaría pedirles que reivindiquemos el sonido bubblegum, y recordemos con respeto aquella vez que un intermedio musical de un episodio de dibujos animados se convirtió en el sencillo más vendido del año.

Cantemos juntos: “I just can’t believe / The loveliness of loving you / I just can’t believe it’s true…”


Una larga lista en Spotify de canciones Bubblegum, compilada por el autor: