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Paco Priego

La Ilustración Oscura, también conocida como Movimiento Neorreaccionario o Nrx, es una corriente filosófico-política de extrema derecha surgida a principios de la década de los años 2000 en Estados Unidos.

Podemos considerarla el cimiento de lo que teóricos como Cédric Durand o Yannis Varoufakis llaman tecnofeudalismo. Es una ideología nativa digital, ya que, como veremos, las obras fundamentales de la misma no las hemos de buscar originalmente en textos impresos, sino en publicaciones en blogs y foros de Internet.

Aunque confluye en espacio y tiempo con la Alt-right, y muchas veces suman fuerzas, no debemos confundir ambos movimientos. La Alt-right es básicamente un renacimiento de la ultraderecha más clásica, carente del factor de devoción hacia la tecno-oligarquía que, como veremos, es esencial en la Ilustración Oscura. La relación entre ambas corrientes, además, no ha estado exenta de roces.

Podemos rastrear el germen de esta ideología en el texto de 1997, The Sovereign Individual, de James Dale Davidson y William Rees-Mogg. En esta obra, Davidson y Rees-Mogg teorizan que, con el advenimiento de la sociedad de la información, el estado dejará de tener sentido como estructura y, asumiendo una visión anarcocapitalista de las relaciones sociales, el individuo emprendedor se verá liberado de las restricciones colectivistas.

También profetizan la substitución del dinero fiduciario respaldado por los bancos centrales por alguna clase de moneda digital, respaldada solo por su valor de mercado. Si a usted eso le hace pensar en criptomonedas, pues sí, básicamente se trata de eso. Es difícil saber si aquí estamos hablando de una profecía cumplida o de una inspiración posterior, ya que el origen de la primera criptomoneda de la historia, el Bitcoin, a día de hoy sigue envuelto en un misterio, y se desconoce la identidad real tras el alias Satoshi Nakamoto, creador de la misma y, por tanto, también de dónde pudo sacar la idea de crear su propia moneda digital.

En cualquier caso, la Ilustración Oscura como tal se inicia con los escritos de Curtis Yarvin, alias Mencius Moldbug, en el blog Unqualified Reservations. Con Yarvin, ingeniero de software de profesión, y emprendedor empresarial del sector, vemos una constante en este movimiento, y es su relación con el mundo de la informática y las empresas tecnológicas.

Sus escritos serían posteriormente refinados por el filósofo británico Nick Land, un apasionado de la cultura digital y de la ciencia-ficción. A él le debemos el término Ilustración Oscura, como crítica al concepto de Ilustración, en su ensayo del mismo título de 2012, donde expone de forma resumida las ideas de Yarvin sobre el inevitable colapso de la democracia liberal.

Es un texto extraño, lleno de guiños a la cultura popular, de lectura absorbente, incluso si eres consciente de su extrema toxicidad, donde se tergiversan las palabras y se distorsionan los conceptos, hasta hacerles significar su mismo opuesto.

En él, teoriza sobre que del colapso citado surgirá un nuevo orden, similar a ciudades-estado corporativas, que será autoritario, sí, pero justo y próspero. Un gobierno de CEOs, basado en la meritocracia empresarial, con un clasismo justificado por un darwinismo social absoluto, y con devoción acrítica hacia la tecnología, como factor impulsor de un nuevo salto evolutivo. Si a usted todo esto le suena a distopía cyberpunk, está captando la esencia del concepto.

Cinco pilares

Habitualmente se acostumbra a mencionar cinco pilares de esta ideología. Estos serían:

  • El rechazo a la democracia

En su teorización, la democracia es el germen del fascismo (suena cómico, pero estamos tratando con una lógica que distorsiona los conceptos). En su visión de un anarcocapitalismo utópico, la democracia y la libertad son incompatibles, ya que la tiranía de la mayoría restringe el genio creador del emprendedor, que debería tener libertad absoluta.

Los teóricos de la Ilustración Oscura idealizan la vida en las antiguas colonias obreras gestionadas por las corporaciones, así como la vida actual en las megalópolis asiáticas, cuyas bajas tasas de criminalidad elogian, dejando que el brillo de las luces de neón oculte, y hasta justifique, las tremendas desigualdades sociales de dichas urbes, aceptando el autoritarismo político y la corrupción tras estos proyectos sociales no ya como mal menor, sino como la vía necesaria hacia el progreso.

Algunos teóricos neorreaccionarios plantean el concepto de “votar con los pies”: básicamente, si no te gusta lo que la vida en nuestra ciudad perfecta te ofrece, lárgate, de nuevo obviando cínicamente la imposibilidad de hacer tal cosa para las personas más desfavorecidas que puedan quedar atrapadas en tamaña distopía.

  • El desprecio hacía la sociedad liberal y sus instituciones

En una analogía religiosa, se refieren al entramado de instituciones y consensos que regulan nuestra vida social como “la Catedral”, y encuadran su oposición a la misma como una rebelión contra una opresión religiosa, caricaturizando conceptos como la corrección política, el igualitarismo, la justicia social, etc. como meros mandamientos religiosos, de los que podemos y debemos liberarnos.

Llevado a sus últimas consecuencias, este concepto ha llegado a justificar teorías de conspiración, donde un Estado profundo busca censurar y reprimir, al estilo de una inquisición, cualquier disenso del dogma social establecido.

  • Racismo

La Ilustración Oscura es un movimiento abiertamente racista, hasta el punto de acuñar el término hiperracismo para definirse. Son tan racistas como para resucitar trasnochadas ideas de superioridad racial y eugenesia, que parecen sacadas directamente de textos del siglo XIX o principios del XX.

Abominan de la “mezcla de razas”, y sostienen que un factor fundamental de la prosperidad de las megalópolis asiáticas que tanto admiran es su “homogeneidad racial” (recordemos de paso que no existe tal cosa como “raza” en el sentido biológico; las “razas” son un producto del racismo).

Entre algunos seguidores esta obsesión por la eugenesia ha derivado en un culto a la natalidad, por supuesto de criaturas “arias”, que les hace oponerse al aborto, a los derechos reproductivos de las mujeres, y a la liberación de las mujeres en general.

“Musk es otro gran adepto a la Ilustración Oscura, cosa que podemos ver en su culto al natalismo.”
  • Culto al apocalipsis y aceleracionismo

La Ilustración Oscura no niega la crisis del capitalismo. Al contrario, la asume y propone acelerar el colapso del sistema, lo que llaman aceleracionismo.

Cuanto antes caiga ese presunto capitalismo liberal, con sus restricciones morales que abominan, antes se podrá construir sobre sus ruinas ese ideal postcapitalista de distopía futurista, llegando algunos partidarios del movimiento en la defensa de ese futuro postapocalíptico a internarse en terrenos más propios de la ciencia-ficción que de la teoría política, como el transhumanismo (la evolución de los humanos biológicos a cyborgs) o la creación de ciudades fortaleza tecnológicas en islas artificiales o en el espacio.

  • Formalismo

Esta palabra, en el contexto de la Ilustración Oscura, significa abandonar todo prejuicio moral, y abrazar la realidad tal cual es, con toda su brutalidad. Dejar de fingir que el poder real puede moderarse mediante leyes y tratados, y formalizar el statu quo militar real.

En resumen, abandonar cualquier ilusión pacifista, y abrazar la ley del más fuerte como el único camino válido hacia una paz duradera, una paz basada en la sumisión al más fuerte, al estilo de la “pax romana”.

Influencia

Este ideario, lejos de ser una anécdota intelectual, tiene un peso político fundamental en el resurgimiento de la ultraderecha durante esta década. Su culto a la tecnología, su enfoque futurista, sus guiños a la ciencia-ficción, fueron muy bien acogidos en el mundillo de las ciencias de la computación, en parte por reivindicar el estereotipo del informático friki y antisocial.

Su influencia en Silicon Valley es notoria, tanto entre el personal técnico que trabaja a pie de teclado, como entre emprendedores del sector y, sobre todo, entre los dueños de las grandes corporaciones ya establecidas.

Así, aparte del mismo Yarvin, creador de la plataforma Urbit, podemos destacar al ex-ingeniero de Google y jugador de póker profesional Patri Friedman, nieto del mismísimo Milton Friedman. Es uno de los grandes impulsores de la idea de ciudades flotantes a través de la organización The Seasteading Institute, fundada junto con el también ingeniero de software Wayne Gramlich.

Tanto Yarvis como Friedman vieron financiados sus proyectos por el gran mecenas de la Ilustración Oscura: Peter Thiel.

Capitalista de riesgo que, tras hacer fortuna durante la burbuja puntocom en los 90, ha fundado diversas empresas tecnológicas, como Palantir Technologies, dedicada al análisis y minería de datos. Seguramente, la más conocida es Confinity, que posteriormente se convertiría en PayPal, tras su fusión con X.com. No, la red social no, sino otro servicio de monedero digital similar a Confinity, pero sí, propiedad de, ya tardábamos mucho en nombrarlo, Elon Musk.

Musk —¡cómo no!— es otro gran adepto a la Ilustración Oscura, cosa que podemos ver en su culto al natalismo o a la colonización espacial, o en sus escarceos con el transhumanismo, en proyectos como Neuralink.

En cuanto a lo puramente político, Steve Bannon, antiguo asesor de Donald Trump e ideólogo de la internacional reaccionaria actual, se confiesa influido por las ideas de Yarvin, cosa que también hace el actual vicepresidente del gobierno Trump, J.D. Vance, también ex-capitalista de riesgo en el sector tecnológico, y que en su día trabajó para Thiel en otra de sus empresas, Mithril Capital (sí, Thiel es un gran fan de la obra de Tolkien).

En resumen, la Ilustración Oscura es un movimiento tan extravagante como peligroso, que flirtea con el apocalipsis, aunando fascismo con cyberpunk, que ha seducido a miles, si no millones, de adeptos del mundo de la tecnología, y que actualmente ha puesto sus pies en las instancias más poderosas de nuestro planeta. Un peligro que ya no podemos permitirnos el lujo de ignorar.