Mujeres en la historia

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Huelga clave protagonizada por las mujeres en 1912

Judith Orr

Hace más de un siglo, una huelga de trabajadoras de fábrica mal pagadas sacudió a la clase dirigente estadounidense. Este artículo analiza los acontecimientos y el poderoso impacto que tuvieron en el resto de la clase trabajadora.

Una huelga de diez semanas, protagonizada principalmente por trabajadoras de fábrica en enero de 1912, se convirtió en una de las luchas industriales y políticas más inspiradoras que jamás haya visto Estados Unidos.

El lema de una de las pancartas de las trabajadoras dio a la huelga el nombre que hoy la recuerda: “¡Queremos pan y también rosas!”.

Estaban luchando contra un recorte salarial impuesto por la American Woolen Company (Empresa Estadounidense de Lana), pero también querían dignidad.

Contra todo pronóstico, los y las trabajadoras de Lawrence, Massachusetts, ganaron ambos. Su victoria pasó a los libros de historia y se convirtió en una inspiración para la gente trabajadora de Estados Unidos y el mundo.

La plantilla de textiles de las fábricas de la American Woolen Company en la ciudad de Lawrence en 1912 estaba formada por 28 nacionalidades diferentes. Hablaban unos 45 idiomas diferentes.

La mitad de la plantilla eran niñas y mujeres jóvenes de entre 14 y 18 años. No estaban sindicalizadas y recibían salarios bajos. Las condiciones eran mortales. Elizabeth Shapleigh, una doctora local, escribió: “Un número considerable de niños y niñas mueren dentro de los primeros dos o tres años después de comenzar a trabajar; 36 de cada 100 de todos los hombres y mujeres que trabajan en la fábrica mueren antes de cumplir los 25 años”.

El salario medio de la plantilla era de solo 9 dólares a la semana. Vivían en casas de la empresa o en hacinadas viviendas de madera que podían costar hasta 6 dólares a la semana.

Su trabajo ayudó a impulsar la industrialización masiva y la expansión del capitalismo estadounidense a principios del siglo XX.

La principal federación sindical estadounidense en ese momento era la American Federation of Labour (AFL, Federación Estadounidense del Trabajo). Organizó a personas trabajadoras calificadas, en su mayoría blancos y hombres. Les parecía imposible organizar a las trabajadoras de la fábrica. Sin embargo, en la década anterior a la Primera Guerra Mundial se produjeron huelgas colosales de trabajadores/as pobres y migrantes.

La batalla en Lawrence comenzó cuando la American Woolen Company recortó el salario de las trabajadoras. Esto se produjo tras la entrada en vigor de una nueva ley estatal que fijaba un límite a la cantidad de horas a la semana que podían trabajar las mujeres.

Las primeras en recibir el salario reducido fueron un grupo de tejedoras polacas. Indignadas, pararon sus telares y se marcharon gritando: “¡Pago corto! ¡Pago corto!” Al día siguiente, la plantilla de otra fábrica se sumó a la huelga. Marcharon de planta en planta. Corrieron hacia las puertas de una y cortaron el suministro eléctrico de los telares. Miles más salieron para unirse a la huelga. El primer día 10.000 trabajadores textiles se habían sumado al paro. En el segundo, esa cifra había aumentado a 25.000.

Las y los huelguistas se reunieron y decidieron que necesitaban ayuda. El sindicato al que recurrieron fue el Industrial Workers of the World (IWW), o los Wobblies, como se les conoció popularmente. Socialistas, anarquistas y sindicalistas radicales crearon la IWW en 1905, que dió la bienvenida a todas las personas trabajadoras (migrantes, calificadas y no calificadas, mujeres y hombres) y buscó construir la máxima unidad de toda la clase trabajadora.

Idiomas

La IWW envió a uno de sus organizadores veteranos a Lawrence. Había liderado huelgas y organizado los astilleros de San Francisco, así como los campamentos mineros y madereros de la costa oeste.

Se llamaba Joseph Ettor y tenía 27 años. Era italiano y dominaba muchos de los idiomas hablados por las personas trabajadoras de Lawrence. En 48 horas había organizado un comité de huelga de 50 trabajadores de todas las nacionalidades representadas. Posteriormente, Ettor fue arrestado. La IWW envió a otros organizadores conocidos, incluidos Bill Haywood y Elizabeth Gurley Flynn, para ayudar a liderar la lucha.

La organización de las y los huelguistas fue impresionante. Inventaron un piquete en constante movimiento que llevaban brazaletes blancos con la leyenda “no seas esquirol” escrito en ellos.

Hasta 6.000 personas marcharon por Lawrence en una cadena humana cantando y coreando consignas las 24 horas del día durante las diez semanas que duró la huelga. Por la noche daban “serenatas” fuera de las casas de los esquiroles para asegurarse de que no pudieran dormir.

Organizaron alimentos y apoyo financiero para 50.000 personas y alimentaron a casi toda la ciudad, cuya población total era de 86.000 habitantes. Diferentes grupos de ámbito nacional organizaron comedores sociales, distribución de alimentos y atención médica.

El dinero fluyó de gente trabajadora de todo EEUU después de que las y los huelguistas pidieron su apoyo, recaudando un promedio de 1.000 dólares por día; una suma enorme en esa época. El historiador laborista Samuel Yellin escribió: “El problema de la ayuda se manejó con tanta eficiencia que durante las diez semanas de huelga no hubo vacilación alguna en las filas de las y los huelguistas”.

A cuatro semanas de empezar la huelga, socialistas y sindicalistas de Nueva York y otras ciudades se ofrecieron a acoger a las criaturas de los y las huelguistas en sus hogares en solidaridad. El 10 de febrero, 120 niños subieron al tren desde Lawrence y partieron hacia Nueva York. Unos 5.000 miembros de la Federación Socialista Italiana y del Partido Socialista los recibieron al bajar del tren, cantando la Internacional y la Marsellesa.

Jirones

Una de las mujeres que ayudó a organizar la estancia de los niños fue Margaret Sanger, quien más tarde se hizo activista a favor del control de la natalidad. Ella testificó a un comité del Congreso sobre las condiciones de vida en Lawrence. “De las 119 criaturas, solo cuatro llevaban ropa interior”, dijo. “Su ropa de fuera estaba casi hecha andrajos. Sus abrigos simplemente estaban hechos jirones”.

Un grupo de criaturas desfiló por la Quinta Avenida de Nueva York con sus pancartas. Pero esta solidaridad y desafío públicos fueron demasiado para las autoridades y pronto se vengaron.

El 24 de febrero, un grupo de criaturas se reunió en la estación de Lawrence para viajar hacia sus seguidores en Filadelfia. El lugar se llenó de policías que entraron y comenzaron a quitarles los niños a sus padres. Un testigo describió cómo la policía “nos rodeó con sus garrotes, golpeándonos a derecha e izquierda sin pensar en los niños que corrían un peligro inmenso de ser pisoteados hasta morir”. “Apenas podemos encontrar palabras para describir esta muestra de brutalidad”, agregó.

Las mujeres arrestadas se negaron a pagar las multas e insistieron en ir a prisión, a veces con sus bebés en brazos. No se romperían. Como dijo el fiscal del distrito de Lawrence: “Un policía puede encargarse de diez hombres, mientras que se necesitan diez policías para encargarse de una mujer”.

El 29 de enero, la huelguista Anna LoPizzo fue asesinada cuando la policía disolvió un piquete. Joseph Ettor y Arturo Giovannitti, un socialista y un poeta italianos, fueron arrestados y acusados de cómplices de asesinato. Estaban en una reunión a tres millas de distancia en el momento de la muerte de LoPizzo. Los dos pasaron ocho meses en prisión sin juicio. Fue necesaria una campaña masiva, incluida una huelga de un día de 15.000 personas trabajadoras de la fábrica de Lawrence, para absolverlos.

Pero la violencia infligida a mujeres y criaturas solo consiguió una mayor simpatía entre las y los huelguistas.

El 12 de marzo, los patrones de la American Woolen Company cedieron. Las y los trabajadores obtuvieron un aumento salarial de entre el 5 y el 11 por ciento. Insistieron en que el aumento más alto fuese para los peor pagados.

Las y los huelguistas de Lawrence no solo ganaron por sí mismos. En los meses siguientes, otras empresas textiles concedieron aumentos salariales para intentar evitar campañas de sindicalización y huelgas.

El Detroit News estimó que hasta 438.000 trabajadores textiles recibieron casi 15 millones de dólares en aumentos salariales como resultado indirecto de la huelga de Lawrence. Ésta rompió moldes. Demostró que las personas trabajadoras no calificadas y no organizadas (incluidos los migrantes y las mujeres) podían unirse y luchar juntas como clase.

Pero también mostró algo más. La gente cambió por la experiencia de estar en huelga y enfrentarse a sus jefes intimidadores. Las trabajadoras que no habían conocido nada más que un trabajo pesado y abrumador florecieron en la lucha.

Mary Heaton Vorse, periodista y activista, describió la transformación. “Lo peligroso era el espíritu de las trabajadoras”, escribió. “Siempre están marchando y cantando. Las multitudes cansadas y grises que fluían y refluían perpetuamente hacia las fábricas se habían despertado y abierto la boca para cantar”.