Homenaje a Catalunya, desde Burgos

Acacio Puig y Oscar DB

El Estado español ha perdido una batalla esencial. Creemos que nada volverá a ser igual tras el 1 de octubre en la relación entre Catalunya y el Estado español. Más de 2 millones de personas votaron en el referéndum a pesar de que el gobierno del PP, el PSOE y Cs cargaron contra Catalunya y la voluntad popular con todo lo que tenían: jueces, detenciones, multas, y miles de policías y guardias civiles. Solo faltó el ejército en esta fase de la fiesta.

Si las fuerzas constitucionalistas se atreviera a usarlo de algún modo, sería criminal (y suicida para la izquierda) no expresar su rechazo y solidaridad con quienes ya están decidiendo su futuro como país.

La suspensión de facto de la autonomía catalana, la ocupación policial de ciudades y pueblos, la prepotencia y desprecio por lo catalán de los unionistas, la brutalidad y salvajismo de las fuerzas policiales estatales, el aura de odio creado durante semanas… no pudieron con la voluntad política de millones de personas que hicieron frente a ese estado de sitio y acudieron a votar y a enfrentarse de manera decidida a un estado que les negaba la raíz de la democracia; la capacidad de elegir.

El pueblo catalán ha peleado durante semanas, se ha organizado de múltiples formas y ha conseguido llevar a cabo aquello que todos daban por imposible. En esta lucha han convergido amplios sectores; desde los trabajadores portuarios, los bomberos, los payeses, el estudiantado, la familia educativa, asociaciones feministas, la izquierda en el gobierno y las organizaciones de la izquierda radical, y hasta 400 curas católicos situados en la estela del fallecido Xirinachs, aquel honesto combatiente antifranquista que perdura en nuestra memoria.

En definitiva, una multiplicación de voluntades y fuerzas imparables.

No ahondaremos en los datos conocidos por todas y todos (los más de 2 millones de votantes, los miles de efectivos policiales…) ni en las escenas que se quedarán guardadas en nuestra mente (tanto del salvajismo policial como de la resistencia del pueblo catalán), pero nos parece necesaria una breve reflexión acerca del papel que ha desempeñado la izquierda.

Ya se desarrollaba este tema de manera mucho más brillante en un artículo de Viento Sur donde los autores planteaban las tareas de la izquierda no independentista en el asunto que nos ocupa, pero a nivel más doméstico, la escasa movilización de la izquierda burgalesa deberíamos preocuparnos: ni Podemos ni IU han movido ficha; incluso han boicoteado el propio referéndum tachándolo de maniobra sin garantías, sumándose así al coro unionista que deslegitimaba la votación y todo ello, al margen y en contra de las posiciones de sus propios órganos de dirección federales. Se perdió así una oportunidad de oro para golpear al Régimen del 78 de manera efectiva todas y todos juntos.

No hay cadena mas fuerte que su eslabón mas débil, y en el Estado español el eslabón mas débil, hoy por hoy, del régimen capitalista heredero del franquismo es Catalunya, un país que ha demostrado ya su voluntad de romper con un Estado español que ha llenado las calles de las ciudades de fascistas con enseñas del franquismo y ha avivado el odio mas irracional contra el pueblo catalán. Así lo hemos vivido en nuestra ciudad; con cientos de personas en la Plaza Mayor demandando el fin de la autonomía catalana, insultando a los catalanes y usando los mismos lemas que se coreaban en el franquismo. Allí vimos, en su salsa, a concejales del PP…

La izquierda burgalesa no hemos logrado, por el momento, estar a la altura del reto de acompañar al pueblo catalán con un proceso de debate y movilizaciónes de todo tipo que debilitara la demagogia y la capacidad represiva del nacionalismo español y que hiciera pedagogía en la defensa clara del derecho de autodeterminación del pueblo catalán. Con miles de efectivos policiales que arribaron para imponer la voluntad del PP y PSOE a golpe de porra, la izquierda reformista no se apeaba del mantra del llamado a un referéndum con garantías o pactado, sin darse cuenta de que el tiempo de las concesiones y el mangoneo terminó.

La desobediencia a unas leyes que impiden a la ciudadanía ejercer su derecho a decidir su relación con el Estado español y que constriñen los derechos laborales y sociales de la clase trabajadora a costa de los beneficios de una minoría es una obligación para quien aspire a dar una solución digna a la cuestión catalana.

Mas allá de lo que cada cual pensamos que debiera hacer el pueblo catalán con su derecho a decidir, nos toca respetar su soberanía y ahondar en el esfuerzo para debilitar por todos los flancos al gobierno del PP y exigir que se obedezca a la voluntad que expresaron más de 2 millones de personas.


Los autores son activistas anticapitalistas en Burgos

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