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Las mujeres nunca se han rendido ni han aceptado ideas opresivas y sexistas. En la lucha por la liberación han proliferado las ideas revolucionarias.

Judy Cox

Las mujeres nunca han aceptado pasivamente la desigualdad, la exclusión y el abuso. A veces, su resistencia es bastante sutil: una respuesta a bromas sexistas o una discusión sobre la discriminación en el trabajo. Pero hay momentos en los que el goteo se convierte en una avalancha. Uno de estos momentos fue la huelga de un millón de médicos indios en agosto de 2024. Esto demostró cómo las mujeres y los hombres pueden utilizar su poder colectivo, como personas trabajadoras, para luchar juntas contra la violencia hacia las mujeres.

A lo largo de la historia, las mujeres siempre han estado al frente de los movimientos revolucionarios. Cuando el mundo se pone patas arriba, los más oprimidos encuentran su voz y se dan cuenta de su poder. Allá por la década de 1640, mujeres como Elizabeth Lilburne y Mary Overton aprendieron a organizar peticiones femeninas mientras se gestaba la revolución contra el rey Carlos I.

Posteriormente, las mujeres pobres francesas ayudaron a arrastrar al rey Luis XVI de su trono a la guillotina y comenzaron a crear clubes y sociedades para reivindicar sus derechos como mujeres en la década de 1790. En esencia, las mujeres lucharon por sus propios derechos dentro de los movimientos revolucionarios creados junto a los hombres.

Asimismo, mujeres esclavas como Nanny de los Cimarrones en el siglo XVIII y Sanité Bélair de la Revolución Haitiana de 1802 se unieron repetidamente a las rebeliones de esclavos y reivindicaron su humanidad.

Más adelante, las mujeres pobres de las ciudades se unieron a las barricadas levantadas por toda Europa en 1848. Exigían derechos democráticos, libertad nacional y el derecho al trabajo.

Pocos años después, en la Comuna de París de 1871, mujeres como Louise Michel, Elisabeth Dmitrieff y Anna Jaclard demostraron su capacidad de organización y su valentía. Las mujeres comuneras fueron pioneras en lo que la autora M.E. O’Brien ha denominado “reproducción social insurgente”. Las mujeres no se limitaron a abandonar sus hogares para ir a las barricadas, sino que crearon formas comunitarias de cuidar a los niños y de proporcionar alimentos que sostuvieron la insurgencia contra la clase dominante francesa.

“Las mujeres estuvieron al frente de la creciente oposición a la matanza de la Primera Guerra Mundial”

Con la llegada del siglo XX, las mujeres estuvieron al frente de la creciente oposición a la matanza de la Primera Guerra Mundial. Igualmente, desencadenaron las revoluciones rusas de 1917 liderando protestas por el aumento de los precios, la escasez de alimentos y haciendo huelga en las fábricas. Tras la revolución, Alexandra Kollontai, Inessa Armand y Nadezhda Krupskaya fundaron Zhenotdel. El grupo difundía ideas revolucionarias y educaba a las mujeres sobre sus nuevos derechos. Además, las trabajadoras de Zhenotdel viajaron a Asia Central, llevando velos y organizando diferentes actividades para llegar a las mujeres musulmanas.

Gracias a estos esfuerzos, en 1920, las mujeres rusas ya tenían derecho al aborto libre y legal bajo demanda. Se trataba de una medida de atención sanitaria básica, pero también era vital para el derecho de las mujeres a controlar sus propios cuerpos. Del mismo modo, la homosexualidad fue despenalizada en 1918. En 1923, el comisario soviético de sanidad describió las nuevas leyes como “deliberadamente emancipadoras y ampliamente aceptadas en la sociedad”.

Incluso, en 1926, era legal cambiar el sexo registrado en los pasaportes. Los médicos podían realizar cirugías de reasignación de género a petición de las y los pacientes. Paralelamente, la repulsa contra la matanza de la Primera Guerra Mundial provocó una ola de resistencia en las colonias europeas. Así, las mujeres de la India, China, Egipto e Irán se sumaron a las huelgas y revueltas antiimperialistas. Comenzaron a exigir su derecho a la educación, al voto y al control sobre sus vidas.

Más tarde, las mujeres participaron activamente en la lucha contra el fascismo europeo en la década de 1930. Y se organizaron cuando esa lucha se convirtió en una revolución en la España de 1936. En Barcelona, el acoso sexual endémico se evaporó en el calor de la solidaridad generada por la revolución. Enriqueta Rovira recordó cómo las mujeres caminaban por las calles de Barcelona sin acompañantes y no eran acosadas por los hombres.

Escribió: “Los sentimientos que teníamos entonces eran muy especiales. Era muy bonito. Había una sensación de… ¿cómo diría? De poder, no en el sentido de dominación, sino en el sentido de que las cosas estaban bajo nuestro control, si es que estaban bajo el control de alguien. De posibilidad. Una sensación de que juntas podíamos hacer realmente algo”.

“El sexismo se ve golpeado por la solidaridad forjada en la lucha”

A lo largo de las grandes rebeliones de la década de 1960, las mujeres lucharon contra la guerra imperialista, el racismo y su propia opresión. Las mujeres de la clase trabajadora lucharon por la igualdad salarial a través de sus sindicatos.

Las ideas sexistas no desaparecieron simplemente cuando las mujeres se incorporaron a la fuerza laboral y lucharon junto a los hombres. No obstante, el sexismo se ve golpeado por la solidaridad forjada en la lucha.

Hoy en día, las mujeres ocupan un lugar más central que nunca en la clase trabajadora mundial. Y, especialmente, las mujeres del Sur Global suelen liderar el camino. En el siglo XXI, las mujeres tuvieron una gran visibilidad en la Primavera Árabe de 2011 y en el levantamiento sudanés que comenzó en 2018.

Más recientemente, cuando Mahsa Amini fue asesinada por la policía religiosa iraní en 2022, las y los iraníes tomaron las calles con el movimiento Mujer, Vida, Libertad. Ahora, la juventud de las llamadas rebeliones de la Generación Z en Madagascar, Nepal y Kenia lucha por un cambio real.

En definitiva, muchas mujeres comienzan exigiendo cambios limitados, pero se dan cuenta de que solo el derrocamiento del sistema puede conseguir la liberación real. Puesto que una revolución socialista transforma las ideas, la posibilidad de cambio ha inspirado a miles de mujeres a organizarse y luchar bajo la bandera roja.


Este artículo apareció en Socialist Worker, nuestra publicación hermana en Gran Bretaña.