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Judy Cox

Donald Trump apoya los aranceles y algunos sindicatos también creen que ayudarán a proteger los empleos. Marx y Engels participaron en debates en el siglo XIX que aún nos pueden ayudar a abordar esta cuestión hoy.

Donald Trump afirma que “arancel” es la palabra más hermosa del diccionario. Está utilizando los aranceles para reavivar la grandeza del imperialismo estadounidense. Esto marca una ruptura con respecto al punto álgido del neoliberalismo, cuando EEUU intentó derribar las barreras comerciales.

Históricamente, algunos socialistas veían los aranceles como una forma de proteger la industria local en beneficio de los trabajadores. Otros respaldaron el libre comercio como un medio para debilitar a los Estados represivos.

Karl Marx y Friedrich Engels se negaron a aceptar que ni los aranceles ni el libre comercio beneficiaran a la clase trabajadora. En 1845, Engels escribió: “No tenemos intención de defender los aranceles proteccionistas más que el libre comercio, sino de criticar ambos sistemas desde nuestra propia perspectiva. La nuestra es la perspectiva comunista”. Ese punto de vista comunista se basa en los propios intereses de la clase trabajadora. Pero el socialismo revolucionario no se mantiene neutral ante las discusiones entre proteccionistas y defensores del libre comercio.

Marx y Engels fueron activistas socialistas en Inglaterra en la década de 1840. En aquel entonces, las Leyes del Maíz eran un arancel sobre los alimentos importados baratos que beneficiaba a agricultores y terratenientes. Mantenían altos los precios de los alimentos y enriquecían a los terratenientes.

Pero los dueños de las fábricas querían alimentos más baratos para poder recortar los salarios.

Marx y Engels apoyaron la derogación de las Leyes del Maíz. Pero comprendían que el libre comercio es la libertad del capital para “aplastar al trabajador”. Marx insistió en que el libre comercio “rompe las viejas nacionalidades y lleva al extremo el antagonismo entre el proletariado y la burguesía. En una palabra, el sistema de libre comercio acelera la revolución social”. Dijo: “Es solo en este sentido revolucionario que voto a favor del libre comercio”.

Marx y Engels adoptaron el mismo enfoque respecto a los aranceles. Comprendían que estos eran un arma económica desplegada por el Estado. “El sistema de aranceles proteccionistas pone en manos del capital de un país las armas que le permiten desafiar al capital de otros países”, escribieron.

Hipocresía

También señalaron la hipocresía de las potencias avanzadas. Exigían libre comercio, pero todas habían protegido a sus propias industrias emergentes mediante aranceles proteccionistas e imponiendo monopolios en los mercados coloniales.

Este análisis es vital para responder a las guerras arancelarias de Trump. Trump impulsa los aranceles como instrumento para dominar a las economías más débiles, y con el objetivo de aumentar los ingresos y restaurar el crecimiento industrial estadounidense.

Algunos sindicatos estadounidenses argumentan que los aranceles protegerán los empleos en EEUU de la competencia extranjera. Sin embargo, es más probable que perjudiquen el nivel de vida de las personas trabajadoras.

Las guerras comerciales provocarán un crecimiento más lento, una mayor inflación y el riesgo de que la caída de la demanda de productos estadounidenses en el extranjero provoque un mayor desempleo. En la década de 1930, las guerras comerciales proteccionistas condujeron a guerras reales; ese es un peligro real en el inestable mundo actual.

El proteccionismo también ata a las personas trabajadoras a sus jefes. Marx argumentó que los proteccionistas les dicen a los trabajadores: “Es mejor ser explotado por sus compatriotas que por extranjeros”.

Clase trabajadora

Pero eso no significa que el libre comercio sea la solución. La clase trabajadora estadounidense ha visto deteriorarse su nivel de vida durante la era de la “globalización” y los tratados de “libre comercio” impuestos por los gobiernos neoliberales desde la década de 1980.

Como reconoce el economista Paul Krugman: “Gran parte de la defensa que la élite hace de la globalización es básicamente deshonesta: falsas afirmaciones de inevitabilidad, tácticas de miedo y afirmaciones enormemente exageradas sobre los beneficios de la liberalización comercial”.

Los acuerdos de “libre comercio” están diseñados para beneficiar a las empresas estadounidenses, como palancas para abrir sectores de las economías de otros países a la inversión y los servicios. Permiten la libre circulación de capitales a través de las fronteras, pero no la libre circulación de la mano de obra.

Ni el proteccionismo ni el libre comercio resolverán la crisis económica del capitalismo. Como escribió el economista marxista Rudolf Hilferding, la solución no reside en “ni el proteccionismo ni el libre comercio, sino en el socialismo, la organización de la producción, el control consciente de la economía no por y para el beneficio de los magnates capitalistas, sino por y para la sociedad en su conjunto”.


Este artículo apareció en Socialist Worker, nuestra publicación hermana en Gran Bretaña.