Nikos Lountos
Solo hicieron falta tres días para que medio millón de palestinos regresaran al norte de Gaza, una zona sitiada durante meses.
La reapertura del corredor de Netzarim y la retirada del ejército israelí hicieron posible este retorno masivo.
La semana anterior, tras otro intento israelí de demorar el proceso, también se habilitó el paso de Rafah, permitiendo la evacuación de personas heridas hacia Egipto. Al mismo tiempo, continúa el intercambio de rehenes israelíes por cientos de prisioneros palestinos, como parte de una tregua frágil que, en el momento de escribir, lleva dos semanas en vigor.
“Estamos felices de volver a nuestra tierra. Es cierto, estamos agotados, pero al final hemos vencido”. Así lo expresó una mujer palestina, una de los cientos de miles de personas que el 27 de enero emprendieron el camino de regreso. A pie, recorrieron más de quince kilómetros para volver a lo que alguna vez fueron sus hogares, hoy reducidos a escombros por la maquinaria de guerra israelí.
Este regreso desafía de manera directa el plan de limpieza étnica que Israel ha intentado imponer durante los últimos quince meses. Pese a la muerte, la destrucción y la falta de condiciones mínimas para la vida, los palestinos han dejado claro que no abandonarán Gaza. No lo harán, sin importar lo que diga Donald Trump.
El Presidente de EEUU, tras conversaciones con los regímenes de Egipto y Jordania, reiteró su visión de Gaza como un “sitio en demolición” y sugirió que estos países deberían aceptar refugiados palestinos. Según The Wall Street Journal, funcionarios estadounidenses han intentado disfrazar esta propuesta con argumentos “técnicos”, asegurando que la reconstrucción de Gaza solo sería viable si una parte considerable de la población fuera desplazada.
El régimen de Al-Sisi
Pero no es solo la firmeza del pueblo palestino lo que obstaculiza estos planes. También el régimen de Al-Sisi en Egipto y la monarquía de Abdalá II en Jordania, junto con la Liga Árabe, han rechazado cualquier intento de trasladar forzosamente a los palestinos, temiendo que la medida desestabilice aún más la región.
En Egipto, la oposición a estos planes no proviene solo del gobierno. A pesar de la dura represión del régimen de Al-Sisi, las calles han sido escenario de múltiples manifestaciones en solidaridad con Palestina. La organización egipcia Socialismo Revolucionario denunció en un comunicado:
“Sisi es cómplice de la masacre sionista. Bloquea la entrada de ayuda a Gaza, persigue a quienes protestan contra los crímenes de Israel y, al mismo tiempo, facilita la exportación de gas egipcio a Israel y refuerza la cooperación de seguridad con los criminales de guerra”.
“En los últimos días, las fuerzas de seguridad han reprimido con violencia manifestaciones y vigilias en solidaridad con Palestina. Pero, a pesar de la represión, las protestas continúan. En las universidades, en los colegios profesionales, en las calles, el pueblo egipcio sigue mostrando su apoyo a la lucha palestina.”
Estas manifestaciones son aún más significativas en un país donde la disidencia ha sido sistemáticamente sofocada durante la última década. La causa palestina sigue siendo un punto de unidad en la resistencia egipcia.
Por ahora, el ejército israelí, que hasta hace pocos días disparaba contra quienes intentaban cruzar, se ha visto obligado a retirarse del corredor de Netzarim y permitir el retorno de la población desplazada.
Combatientes
Mientras tanto, la tregua no ha frenado la tragedia humanitaria. Desde su inicio, la cifra de muertos no ha dejado de aumentar: de 46.913 cuando entró en vigor, ya supera los 47.518, con más de 14.000 personas desaparecidas bajo los escombros.
Lejos de debilitar a la resistencia, la guerra ha fortalecido a Hamás. Según fuentes del Congreso estadounidense citadas por Reuters, aunque el grupo ha sufrido grandes pérdidas, ha logrado reclutar entre 10.000 y 15.000 nuevos combatientes, un número similar al de sus bajas.
Las negociaciones para el intercambio de prisioneros siguen en marcha. Cuatro soldados israelíes fueron liberados recientemente a cambio de 200 palestinos. Este proceso se extenderá hasta la finalización de la primera fase de la tregua, iniciada el 19 de enero con la liberación de 33 rehenes israelíes y más de 1.900 prisioneros palestinos.
En Israel, las protestas exigiendo la prolongación de la tregua para asegurar la liberación de todos los rehenes se han intensificado. La indignación creció aún más al confirmarse que ocho de los cautivos israelíes que se esperaba fueran liberados murieron a causa de la continuación de la guerra impulsada por Netanyahu.
Mientras tanto, se espera que las negociaciones indirectas en Doha se reanuden en los próximos días para definir las siguientes fases del acuerdo.
Sin freno
Pero con las recientes declaraciones de Trump y Netanyahu —quien, tras defender el saludo nazi de Elon Musk, calificó a Hamás de “neonazis” a los que debe erradicar completamente—, es evidente que Israel amenaza con romper la tregua. Podría hacerlo tan pronto como termine el intercambio de prisioneros o usar la tregua como herramienta de presión para imponer sus condiciones en la siguiente fase. En cualquier caso, ya ha dejado claro que no permitirá que ni Hamás ni la Autoridad Palestina gobiernen Gaza tras la guerra.
Paralelamente, los ataques del ejército israelí y de los colonos en Cisjordania siguen sin freno, especialmente en Yenín y Tulkarem. Se reportan asesinatos, detenciones masivas, bloqueos de carreteras, desalojos y la destrucción sistemática de hogares, negocios e infraestructuras palestinas.
En el sur del Líbano, la ocupación israelí persiste a pesar de que el plazo para su retirada venció el 26 de enero. En un nuevo acto de brutalidad, soldados israelíes abrieron fuego contra civiles que intentaban regresar a sus aldeas ese mismo día, dejando un saldo de 22 muertos y 124 heridos.
En respuesta, el gobierno estadounidense anunció unilateralmente la extensión del alto el fuego entre Israel y Hezbolá hasta el 18 de febrero. Sin embargo, el nuevo presidente libanés, Joseph Aoun, insistió en una conversación con Emmanuel Macron en la urgencia de que Israel “detenga sus repetidas violaciones, especialmente la destrucción de aldeas fronterizas para impedir el regreso de sus habitantes”.
La situación sigue siendo explosiva. La resistencia palestina, alimentada por la determinación de su pueblo y el respaldo de la calle árabe, deja claro que, por más brutalidad que ejerza Israel con el apoyo incondicional de Occidente, la lucha por la liberación de Palestina está lejos de ser sofocada.
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