Paty Gómez, Marx21
En 1910, en la localidad británica de Cradley Heath, mil mujeres fabricantes de cadenas se declararon en huelga; se manifestaron por el municipio junto a sus hijos e hijas, cantando, sonriendo y ondeando banderas.
Este fue el comienzo de la huelga de las fabricantes de cadenas, una movilización que logró que estas mujeres obtuvieran un salario mínimo por primera vez, duplicando así sus ingresos. Su lucha sirvió de inspiración para toda una generación.
Mary Macarthur fue una figura clave de esta huelga.
Nació en Glasgow, Escocia el 13 de agosto de 1880, en el seno de una familia acomodada. Fue a una buena escuela y comenzó a trabajar como contable en el negocio familiar.
La trayectoria sindical de Mary comenzó en 1901. Por aquel entonces, escribía a tiempo parcial para un periódico local y acudió a una reunión sindical con la intención de redactar un artículo burlándose de ella. Sin embargo, la convencieron y se afilió al Sindicato Nacional Unificado de Dependientes, Almacenistas y Empleados Administrativos.
Rápidamente asumió responsabilidades dentro del sindicato. Aun siendo muy joven, se convirtió en líder de la sección local y presidenta del Consejo Nacional Escocés del sindicato, además de ser la primera mujer elegida para la Ejecutiva Nacional del Sindicato de Dependientes.
Mary Macarthur se trasladó a Londres en 1903, poco antes de cumplir 23 años. Allí asumió el cargo de secretaria de la Liga Sindical de Mujeres, organización que fomentaba el sindicalismo femenino y hacía campaña a favor de cambios legislativos para mejorar las condiciones laborales de las mujeres.
A finales del siglo XIX, solo alrededor del 7 % de la afiliación sindical en Gran Bretaña eran mujeres. Mary Macarthur declaró: “Las mujeres están mal pagadas y maltratadas porque no están organizadas, y no están organizadas porque están mal pagadas y maltratadas”.
Cradley Heath, situada cerca de Birmingham, en el centro de Inglaterra, fue un importante centro de fabricación de cadenas. Durante su primera visita a la localidad, Mary Macarthur dijo que las fraguas le recordaban a las cámaras de tortura medievales.
Los salarios de miseria eran la norma. Mientras que el salario medio era de 26 chelines semanales para los hombres y 11 para las mujeres, las trabajadoras de cadenas a domicilio en Cradley Heath ganaban apenas entre 5 y 6 chelines por una dura semana laboral de 54 horas.
Tras una campaña nacional contra los salarios de miseria impulsada por la Liga contra la Explotación Laboral, el gobierno había promulgado una ley para acabar con dicha explotación en cuatro sectores, incluido el de la fabricación de cadenas a domicilio.
Esto debía suponer un salario mínimo de 11 chelines y 3 peniques semanales. Sin embargo, los empleadores se negaron a pagarlo.
Para entonces, Mary Macarthur y la Federación Nacional de Trabajadoras (NFWW, por sus siglas en inglés) habían logrado afiliar al sindicato a unas 400 trabajadoras del sector.
La NFWW exigió que se abonaran inmediatamente los 11 chelines y 3 peniques a las mujeres.
La respuesta de algunas de las fábricas más pequeñas fue cerrar sus puertas en un paro patronal. Aquello fue la chispa que las llevó a contraatacar. Macarthur organizó una asamblea multitudinaria y convocó a todas las trabajadoras de cadenas de la zona.
La huelga había comenzado.
Las empresas no esperaban una huelga prolongada. Sabían lo poco que cobraban aquellas mujeres y que quedarse sin ingresos significaba pasar hambre.
Macarthur, consciente de la urgente necesidad de fondos, volcó todas sus energías en recaudar dinero solidario para mantener a las huelguistas.
Para el 1 de septiembre, unas 650 trabajadoras estaban en huelga y realizaban marchas diarias para recaudar fondos. Se llevaban a cabo colectas a la salida de las iglesias y en los estadios de fútbol.
Mary Macarthur y estas huelguistas jugaron un papel clave en el crecimiento del sindicalismo británico
Macarthur redactó folletos y cartas solicitando apoyo. Pero también recurrió a un medio novedoso para la época: el cine. Produjo una película que mostraba las condiciones miserables de las trabajadoras para ganar apoyo y solidaridad. La cinta, vista por unos diez millones de personas, ayudó a recaudar el dinero que tanto necesitaban.
En muy poco tiempo, se logró recaudar suficiente dinero para pagar a cada huelguista 5 chelines semanales. La huelga no solo se mantuvo firme, sino que cobró fuerza.
Las trabajadoras tenían que elegir: cobrar 5 chelines por seguir trabajando o recibir la misma cantidad mientras luchaban por duplicar sus salarios, marchando, visitando lugares donde nunca antes habían estado y tomando el control de sus propias vidas.
El empoderamiento y la sensación de liberación les debieron de resultar embriagadores.
El 3 de septiembre, una marcha de las mujeres hacia una localidad vecina convenció a más trabajadoras para unirse a la protesta, elevando a 800 el número total de huelguistas.
Con la huelga consolidada y una oleada de solidaridad, los patronos empezaron a sentir la presión.
Tras otro mes más, finalmente cedieron.
El 22 de octubre, Mary Macarthur intervino en una concentración multitudinaria en Cradley Heath y anunció que, gracias a la huelga, se había conseguido un nuevo salario mínimo de 11 chelines y 3 peniques semanales. Las fabricantes de cadenas habían logrado un aumento salarial del 100 por cien.
Para entonces, habían recaudado fondos solidarios suficientes para abonar los salarios de todas las huelguistas. Incluso sobró dinero para construir un centro obrero.
Fue una victoria enorme, que alimentó el clima propicio para una escalada de huelgas antes de la Primera Guerra Mundial.
El movimiento sindical británico llegó a duplicar su tamaño, de dos millones a cuatro millones de personas. Mary Macarthur y las huelguistas de Cradley Heath habían jugado un papel clave en ese avance.






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