Alejandro García Rodríguez, Marx21
En enero de 2018 empecé a trabajar de profesor de filosofía para la educación pública de Andalucía.
Desde entonces, he pasado por diferentes institutos de las provincias de Cádiz, Málaga, Huelva, Sevilla y Almería. En esta última estoy destinado actualmente, concretamente en Campohermoso, una localidad que pertenece al municipio de Níjar.
Su economía se basa, casi exclusivamente, en la agricultura intensiva en invernaderos, donde la mayoría de sus trabajadores son migrantes, algunos de segunda generación (la población de la localidad no ha dejado de crecer durante los últimos 25 años, alcanzando, en 2024, la cifra de 10 mil habitantes).
En el instituto donde doy clases (el único del municipio de Níjar que ofrece bachillerato) hay, entre el alumnado, 19 nacionalidades, siendo las mayoritarias la española y la marroquí, si bien aquí conviene realizar una aclaración.
Buena parte del alumnado de origen marroquí (es decir, de padre y madre marroquíes) ha nacido en el Estado español. Desconozco si tienen el DNI español o bien si el padre y la madre, ambos marroquíes, lo o la han inscrito en un consulado marroquí y, por tanto, adquieren la nacionalidad marroquí (o tienen doble nacionalidad).
No voy a negar que en el instituto existen conflictos entre el alumnado: peleas (aunque casi nunca llegan a las manos), insultos, uso de vapers en los servicios, faltas de respeto al profesorado… Pero son conflictos que me he encontrado en otros institutos donde apenas hay alumnado de otras partes del mundo.
Con esto quiero decir que el conflicto, casi inherente en estas edades (por diferentes motivos), no viene motivado (o, en todo caso, de una manera no significativa) por el diferente origen étnico del alumnado. ¿Hay episodios racistas (y, por ser más específico: islamófobos) entre ellos y ellas? Diría que apenas.
Si bien es cierto que muchos y muchas de ellos y ellas se juntan con quienes son de su mismo origen étnico, también he podido observar, en mi quehacer diario, que surgen amistades entre alumnos y alumnas de diferente procedencia. No es para nada extraño que se dé la amistad entre alumnado de origen marroquí y alumnado de origen español.
Desmontar bulos
Hay otro asunto que me parece interesante comentar: de entre todas las alumnas musulmanas en edad de llevar el velo, aproximadamente un 20% lo lleva, sin que ello suponga ningún tipo de problema para nadie.
Tan normal se ve a quien lleva el velo como a quien no lo lleva, al menos a ojos del alumnado. No tendría ningún sentido su prohibición, respondiendo esta, además, a motivaciones islamófobas.
Entonces ¿no hay racismo en el instituto de Campohermoso? Bueno, hay una parte del profesorado (creo que, en cualquier caso, es minoritaria, aunque no he podido profundizar) que sí tiene actitudes racistas, en concreto islamófobas. Realizan comentarios del tipo: “poco a poco nos están invadiendo, en el pueblo de al lado ya todos los negocios son suyos, y esto va a provocar un estallido como en Francia”.
Por concluir. Claro que es posible el entendimiento y la convivencia entre diferentes grupos étnicos, además de ser necesarios y enriquecedores (algo que he intentado mostrar en este artículo), pero los discursos de odio y, en concreto, islamófobos, se expanden cada vez más por culpa del auge de partidos como Vox (no en vano, en el municipio de Níjar gobierna el PP con el apoyo de Vox).
Es imprescindible, por tanto, desmontar las mentiras y los bulos en los que se basa su discurso porque quienes sobran no son las personas migrantes sino las racistas.





