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El presidente Traoré de Burkina Faso se ha convertido en el último héroe panafricanista. Salvador Ousmane plantea la pregunta: ¿esto es suficiente para superar el legado del colonialismo?

Una serie de golpes militares han llevado a nacionalistas al poder en varios países de África Occidental, como Malí, Burkina Faso y Níger. Sus líderes, en particular Ibrahim Traoré de Burkina Faso, han obtenido un amplio apoyo por su retórica nacionalista y por expulsar a las tropas francesas.

Sin embargo, no han cumplido sus promesas de derrotar rápidamente a los grupos armados islamistas y luego abandonar el poder. Tampoco han tomado medidas significativas para abordar el problema fundamental de una espantosa desigualdad, agravada por las reformas neoliberales del libre mercado.

Ibrahim Traoré llegó al poder en septiembre de 2022. Desde entonces, la violencia en Burkina Faso ha aumentado significativamente. Ahora afirma que permanecerá en el poder otros cinco años y que luego se presentará a las elecciones democráticas previstas.

Como en la mayoría de los países africanos, el problema clave es la desigualdad, no la denostada opresión por parte de Francia y otros gobiernos imperialistas.

Desigualdad

Las desigualdades en Burkina Faso son realmente asombrosas. Se estima que la riqueza de las 10 personas más ricas del país supera los 4.000 millones de dólares. Alguien que vive en el umbral de pobreza del Banco Mundial, con 5 dólares al día, necesitaría 100.000 años para alcanzar la riqueza de cada una de esas personas más ricas. El 80 % de las personas burkinesas gana menos de los 5 dólares diarios.

Bajo el mandato de Traoré se han producido algunos avances económicos limitados. Se han abierto un par de plantas procesadoras de tomates, se han nacionalizado dos minas de oro y se han construido miles de kilómetros de carreteras con la ayuda de JICA, la agencia de ayuda japonesa.

Las tropas francesas se han marchado, pero las han reemplazado tropas rusas. Rusia también ha contribuido a forjar la reputación de Traoré con una campaña en redes sociales que exagera enormemente sus logros.

Traoré podría hacer mucho más para reducir la pobreza, la desigualdad y la corrupción. Los dirigentes sindicales de Burkina Faso presentaron una serie de demandas en su reunión “anual” con el Gobierno, celebrada en febrero de 2025: de hecho, fue la primera desde 2021. Los sindicatos pidieron acción sobre los siguientes temas, entre otros muchos:

  • El despido e intento de arresto de Moussa Diallo, secretario general del sindicato CGT-B.
  • El aumento del coste de la vida.
  • La necesidad de un seguro médico para facilitar el acceso a la atención médica.
  • La revisión de la ley sobre la libertad sindical.

El Gobierno aceptó siete de los 31 puntos que plantearon, pero no estableció un calendario para implementarlos. Los salarios de los más altos funcionarios fueron reducidos en entre un 30 y un 50%, pero el personal subalterno no recibió el aumento del 50% que se había exigido.

El salario mínimo fue subido en un 30% en julio de 2023. Sin embargo, esto apenas compensó la inflación desde el aumento anterior —¡que fue 11 años antes!— y aún no se ha implementado en el sector privado. De ahí la segunda demanda de los sindicatos: que se aborde el aumento del coste de la vida.

Las organizaciones de derechos humanos presentan un panorama desolador ante la violación de las libertades fundamentales.

La Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) denuncia, en particular, las detenciones arbitrarias de las personas opositoras a la junta, el reclutamiento forzoso de civiles en el ejército, la desaparición de personas defensoras de las libertades y el fin de la libertad de prensa.

Las protestas callejeras están prohibidas en Burkina Faso desde el golpe de Estado liderado por Traoré en septiembre de 2022. Esta situación se ha agravado con la introducción de un sistema para hacer denuncias anónimas vía una línea telefónica especial. Solo en septiembre de 2024, se presentaron 726 denuncias que resultaron en al menos 350 detenciones.

Represión sindical

“Esto trata principalmente de la restricción de las libertades individuales y colectivas, que se traduce en desapariciones forzadas de ciudadanos, secuestros de ciudadanos por parte de individuos armados y encapuchados, reclutamiento forzoso y medidas para cerrar medios de comunicación”, declaró Moussa Diallo, secretario general de la Confederación General de Trabajadores de Burkina Faso (CGT-B), la principal central sindical de Burkina Faso.

Diallo fue despedido de su puesto de profesor universitario en abril de 2024 y ahora se esconde para evitar ser secuestrado o arrestado. En octubre, la CGT-B declaró que se trataba de un “acto de represión directa contra el sindicato que vulnera el derecho a la libertad de asociación”.

Otros sindicatos, especialmente el de periodistas, también sufren represión. En marzo de este año, la Junta disolvió la Asociación de Periodistas de Burkina Faso. Guézouma Sanogo, presidente de la Asociación, Boukari Ouoba, vicepresidente de la AJB, y el periodista Luc Pagbelguem fueron secuestrados. En cuestión de días, aparecieron imágenes que mostraban a los tres periodistas vestidos con uniformes militares, estacionados en una base militar y presentados al público como soldados alistados a la fuerza.

En gran parte debido a su retórica antifrancesa, Ibrahim Traoré se ha convertido en un icono para la juventud africana. Sin embargo, con esto no basta. Es necesario abordar seriamente los enormes niveles de pobreza, desigualdad y corrupción. Solo mediante acciones así se podrá abordar la inseguridad generalizada, especialmente en el norte del país.

La oposición a las fuerzas francesas se basó en gran medida en la incapacidad de éstas de derrotar a los grupos armados islamistas. La junta, liderada por Ibrahim Traoré y apoyada por mercenarios rusos, también ha fracasado en esto. No existe una solución militar a la inseguridad y la insurgencia inspirada en el islamismo a las que los pueblos del Sahel se enfrentan actualmente.


Salvador Ousmane es un socialista nigeriano que ha dedicado años al activismo, la organización socialista y el desarrollo de organizaciones e ideas radicales para un futuro anticapitalista en África.