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Xoán Vázquez

Surgido en Francia en 1924 en torno a la figura del poeta André Breton, el movimiento surrealista cumple 100 años y ha continuado sus actividades de investigación, juego y creación colectiva hasta hoy.

Se suele catalogar el surrealismo como un movimiento esencialmente artístico con una enorme influencia en el arte moderno y que no supo sobrevivir a la muerte de André Breton. Nada más lejos de la realidad pues, desde Praga a Madrid y de París a Chicago, los grupos surrealistas no se han limitado a reproducir prácticas anquilosadas, sino que han intentado aportar su punto de vista a la crítica del capitalismo globalizador, reflexionando sobre cuestiones tan actuales como la inhumana ola de digitalización, la quiebra del modelo productivo o la crisis medioambiental, dando a la vez continuidad a viejos debates sobre si el surrealismo todavía podía aportar algo significativo.

La declaración de 1968 firmada por los grupos de Praga y París y la publicación en 1976 de “La civilización surrealista” sentaron las bases para el posterior despegue de una acción surrealista colectiva y que continuó a lo largo de estos años con numerosas exposiciones, publicaciones —Salamandra, Bulletin de liaison surrealiste, Surréalisme, SURR (Surrealismo, Utopía, Sueño, Revuelta), ¿Qué hay de nuevo viejo?, A Idea… )— así como una serie de declaraciones colectivas, recogidas en el volumen, editado por Guy Girard, Insurrección poética.

Las obras de Magritte, Leonora Carrington, Remedios Varo, Max Ernst, Dalí, Miró, Maruja Mallo, Masson, Tanguy o De Chirico ponen de relieve que el surrealismo ocupó y ocupa una página especial de la historia del arte creando un mundo mágico y en permanente revuelta.

Pero el movimiento surrealista también dejó una contribución múltiple en el pensamiento contemporáneo: estudios sobre el lenguaje, la escritura automática, la creación poética, la liberación de la imaginación o la reivindicación de la histeria. Pero a pesar de esa teorización de lo inconsciente y lo irracional llegó un momento en que las circunstancias exigieron de los surrealistas tomar parte en la acción política.

Transformar el mundo y cambiar la vida

Desde los comienzos del movimiento, Breton, que ya había leído a Lenin y Trotski, manifestó su adhesión al materialismo dialéctico.

Era la primera vez que jóvenes creadores rechazaban ser encerrados en el gueto cultural. Ese rechazo al mundo cultural coincide en el tiempo con la fase ultraizquierdista de los partidos comunistas lo que llevó a los surrealistas a un acercamiento al PCF dando origen a una relación tormentosa que tendría su primera expresión en la expulsión en 1933 de Breton, Eluard y Crevel, acusados de solidarizarse con un artículo de Ferdinand Alquié en el que denuncia “el viento de cretinización que soplaba desde la URSS”, materializado en films que exaltaban valores conformistas como el amor al trabajo.

Pero esta ruptura con la sección francesa de la Internacional Comunista no significó una ruptura con la revolución y prueba de ello es la fundación el 7 de octubre de 1935 de Contre-Attaque (Unión de lucha de los intelectuales revolucionarios) con declaraciones contundentes contra el patrioterismo, el capitalismo y sus instituciones políticas como el Frente Popular y la corriente de resignación que arrastraba a las personas trabajadoras a una sumisión al fascismo.

Es a partir de este momento y hasta el comienzo de la guerra cuando el movimiento surrealista tuvo intervenciones más activas y comprometidas tanto en el terreno político como en la vida cotidiana.

La crítica de los procesos de Moscú, la defensa de Freud detenido en Viena o el apoyo a la revolución española materializado en la presencia de figuras como los poetas Juan Brea y Benjamín Peret, la escritora Mary Low o la pintora Remedos Varo que colaboraron activamente con el POUM. Esta etapa culmina con el Manifiesto Por un arte revolucionario e independiente redactado en 1938 en México por Breton y Trotski y al que se adhirió el pintor Diego Rivera y cuya finalidad era una crítica al mundo del arte que se movía solo entre dos tendencias: el arte burgués y el realismo socialista.

Del situacionismo al punk

En los años 50 las corrientes vanguardistas, que acabarían confluyendo en 1957 en la Internacional Situacionista, opinaban que el surrealismo se había vuelto aburrido y que “era necesario en la cultura un movimiento revolucionario que se apropie, con gran efectividad, de la libertad de espíritu y la libertad concreta de las costumbres que reivindicó el surrealismo”.

Aunque para el situacionismo, el surrealismo había sido solo el comienzo de la experiencia revolucionaria cultural, reconocían que era muy difícil crear un movimiento más liberador que el surrealismo de 1924.

Las bases ideológicas y estéticas de los situacionistas fueron el marxismo y el surrealismo, profundizando en conceptos procedentes del marxismo como la alienación o la cultura como mercancía e influyendo en las corrientes consejistas y luxemburguistas en mayo del ‘68.

“El patriotismo es un egoísmo en masa” nos recordaban los muros de París durante la revuelta estudiantil de mayo del 68. Ya no era una pequeña vanguardia quien tenía la exclusiva de la provocación, sino miles de jóvenes usando las armas creadas por dadaístas y surrealistas como las performances y el arte encontrado (realizado con objetos que normalmente no se consideran artísticos). Una rebelión total contra la sociedad capitalista moderna y la sociedad de consumo, cuestionando sus objetivos y medios.

En 1972 se disolvía la Internacional Situacionista, pero el hilo histórico que había comenzado con los dadaístas y el Cabaret Voltaire y continuado con el surrealismo y situacionismo no se iba a romper porque en 1976 nace el punk.

Aquellos que siguen viendo el surrealismo solo como un movimiento artístico y no ven qué relación puede tener el punk con el arte surrealista se equivocan. Pues sí la tiene y si no, pensemos qué hay más punk que la frase de uno de los grandes escritores surrealistas Artaud: “Vivimos como si al nacer apestara ya a muerte.”

Para los amantes de las efemérides, los especialistas sitúan el nacimiento del punk un 4 de julio de 1976 con el concierto de los Ramones en el Roundhouse en Camden (Londres) aunque hay quienes lo sitúan un mes antes en la actuación de Sex Pistols en Manchester.

Y como sucedió con el surrealismo, hubo un punk que no tenía cabida en los medios de comunicación, un punk de bandas de barrios, okupa y anarquista. Este punk sigue vivo porque las razones de su origen siguen presentes: crisis socioeconómica, precariedad…

Y un punk que acabó integrado en el sistema. Prueba de ello es que el 40 aniversario de este movimiento en Gran Bretaña, se celebró con una serie de exposiciones y conferencias patrocinadas por la alcaldía de Londres y la lotería Nacional… lo que vino a corroborar una vez más que el sistema lo acaba integrando casi todo

Pero como dijo André Breton en una conferencia de la universidad de Yale: El Surrealismo no está muerto. No podrá estarlo salvo que nazca otro movimiento de mayor fuerza emancipadora.