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Natalia Boffa

“La plata la tiene Cristina” (Cristina Fernández de Kirchner) dijo al pasar una vecina en el momento en que durante la Asamblea Abierta de Bahía Blanca se discutía el problema de los ajustes y recortes en los presupuestos en educación, salud y comedores comunitarios.

La Asamblea se estaba llevando a cabo en la plaza central de la ciudad, a micrófono abierto y de forma pacífica. A pesar de que no ha habido incidentes violentos y de que el gobierno municipal no ha ordenado la presencia policial durante las mismas, ha generado cierta sospecha y “vigilancia” vecinal por parte de personas que mantienen expectativas positivas respecto al nuevo gobierno.

El presidente Javier Milei, a través de su compulsiva interacción en las redes sociales y medios de comunicación, se erigió a sí mismo como portador del “cambio”. En este sentido, ha sido muy eficaz a la horra de desviar la atención de los problemas estructurales reales y construir un enemigo al que apuntar.

A partir de esto, ha habilitado y naturalizado las demostraciones de odio entre ciudadanos, tanto en redes sociales como en la vida fuera de las redes. Más allá del fenómeno comunicativo, es interesante pensar estos procesos como parte de las viejas y nuevas dinámicas de participación social y política en contextos no metropolitanos.

Bahía Blanca: una ciudad con expectativas

Bahía Blanca es una ciudad de menos de 400 mil habitantes, cuenta con una zona portuaria internacional, está rodeada de explotaciones agro-exportadoras y campos de molinos eólicos, cuya energía también se exporta.

En la segunda vuelta del 19 de noviembre de 2023, Milei (La Libertad Avanza) obtuvo el 63,28% de los votos mientras que Massa (Unión por la Patria, coalición respaldada por Kirchner) llegó al 36,71%. Las primeras medidas de “shock” del nuevo gobierno fueron recibidas de forma heterogénea, entre las expectativas, la bronca y la desazón.

En este contexto, una parte importante de la ciudadanía estaba a la expectativa de la llegada del “cambio”. Uno de los participantes de la Asamblea nos comenta que “hay sectores esperando qué había de cierto en que las políticas del gobierno iban a ir contra la casta, esperando ver la luz al final del túnel” (Enrique Gandolfo, CTA-Bahía Blanca).

No obstante, hacia finales de diciembre, se comenzaron a organizar reuniones populares semanales, que se aglutinaron con el nombre Asamblea Abierta de Bahía Blanca (AABB). La primera reunión fue convocada por la Unión de Músicos del Sur (UMSUR), preocupados por el recorte presupuestario de Milei en el campo de la cultura. El problema para Gandolfo es que incluso las personas que están expectantes ven que “el deterioro de los medios de vida está haciendo pensar mucho en hacia a dónde va todo esto”.

Un contexto particular

Es importante mencionar que el 16 de diciembre la ciudad de Bahía Blanca sufrió un fuerte temporal de lluvia y ráfagas de viento de 180 kilómetros por hora que produjeron inmensas pérdidas materiales y humanas. La tragedia recayó mayormente sobre los sectores más vulnerables de la ciudad, donde el temporal dejó al descubierto la precarización de la vivienda en la ciudad y la falta de infraestructuras.

A esto se le sumó que el 20 de diciembre, se publicó en el Boletín Oficial de la República Argentina el Decreto de Necesidad y Urgencia “Bases para la reconstrucción de la economía argentina” (DNU 70/2023). En tercer lugar, el 27 de diciembre de 2023 el presidente Javier Milei envió al congreso el proyecto de “Ley Ómnibus: Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”.

En este contexto, las organizaciones sociales y sindicales, al mismo tiempo que atendían y asistían a comedores comunitarios, centros de donación y centros de evacuados, comenzaron a construir el espacio asambleario popular.

Lo importante, dice Gandolfo, es que a pesar de que las primeras convocatorias partieron de organizaciones sindicales “de todas maneras, no se ciñó la política de estas conducciones sindicales a armar una convocatoria puramente sindical. Creo que eso tiene un valor, porque permite que, algo que vimos en las primeras asambleas, muchos compañeros y compañeras individualmente, se sumen, escuchen, vengan a dar sus opiniones, como personas indignadas frente a las políticas de Milei y de su gobierno”.

Redes, historia y memoria asamblearia

Durante las asambleas, uno de los relatos que aparece con frecuencia es la memoria de las asambleas y movimientos populares de 2001. Aquellos procesos dejaron marcas muy profundas en la historia argentina.

Gandolfo encuentra en común la gran crisis de representatividad que existía en aquella época con la situación que llevó a Milei al poder. Más concretamente, nos recuerda que la crisis tiene sus causas centrales en las políticas neoliberales atadas al FMI que siguieron los dos partidos que gobernaron durante la década del 1990 (el Partido Justicialista y la Alianza).

Esta raíz histórica común se suma a las consecuencias reales de las primeras medidas del gobierno, como la avanzada hacia el poder político por parte del capital financiero, posibilitada por Milei, que ha producido una pauperización de los salarios de los y las trabajadoras y ha acentuado la precarización laboral a niveles históricos. Entonces, esta reeditada crisis de representatividad produce demanda de espacios ciudadanos, no necesariamente partidarios o sindicales, donde lo común prevalece frente a quienes aún están esperando el “cambio” y solo saben “culpar” a la “casta” de los males nacionales.

Las asambleas populares han surgido a largo del país como espacios de politización de la población indignada, pero no como núcleos aislados; por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires hay 30 asambleas populares que han conformado una potente red de comunicación y solidaridad, incluida la AABB. El odio que desparrama Milei no tiene eco en estos espacios