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Xoán Vázquez

Casi desde el mismo instante en que el politólogo Fukuyama decretaba el fin de la historia y el triunfo de la economía de mercado, allá por el año 1992, comenzaron a brotar como setas gurús neoliberales y sociólogos que desde revistas económicas, tertulias televisivas o tribunas políticas y de opinión dictaminaban que conceptos como clases sociales y lucha de clases estaban obsoletos y que los cambios producidos en la estructura de clases dentro del capitalismo habían refutado la teoría de Marx dejándola anticuada.

Por consiguiente, como intelectual y economista, Marx estaba muerto.

Sin embargo, como el tiempo coloca a cada uno en su lugar, ahí lo tenemos con 205 años y más vivo que nunca. Y es que la existencia de grandes desigualdades económicas y políticas en el siglo XXI es algo que solo un ingenuo o un mentiroso pondrían en duda.

Para la tradición marxista, las relaciones de clase vienen definidas doblemente, por un lado, como relaciones de dominación y por otro lado, como relaciones de explotación, si bien asistimos en los últimos años a ciertos niveles de movilidad que han hecho creer a la gente que las fronteras de clase son fáciles de superar. Nada más lejos de la realidad.

Hay personajes como el dirigente de Vox, Santiago Abascal, que cada vez que sale el tema de las clases sociales y lucha de clases repite el mantra de la Thatcher de que la lucha de clases es solo una vieja cantinela marxista. Mucho más humilde la cantante María Jiménez en su canción “Vámonos” decía no entender “esa cosa de las clases sociales”.

Vamos a intentar explicarlo con algunos ejemplos.

Macron o el discreto encanto de la burguesía

Estamos en el palacio de Versalles, en una cena ofrecida por Macron al rey de Inglaterra. Alrededor de la mesa están representadas todas las grandes fortunas: LVMH, Rothschild, Chanel, Renault, PDG Eurostar; acompañados de vendedores de armas y estrellas del espectáculo.

El menú confeccionado por grandes chefs incluye langosta azul (1.300 euros el kilo,), pollo de Bresse (70 euros el kilo), cangrejo con un velo de almendras y macarons rosa (2.500 euros). Todo ello regado con vino de 2.772 euros botella y champagne de 699 euros la botella. Cada sorbo equivale a varios días de salario de un basurero o de una cajera.

Un banquete en el que, suponemos que imbuido del espíritu de Maria Antonieta, se han gastado 6 millones de euros y que contrasta con su política hacia los colectivos más desfavorecidos sobre los que han caído como una plaga la reforma laboral y las medidas fiscales aprobadas por su gobierno. Así, por ejemplo, el endurecimiento de las leyes de inmigración o el ataque a los beneficiarios del RSA, un subsidio que garantiza un ingreso mínimo.

La prometida reducción de gasto público de 60.000 millones en cinco años que incluye la supresión de 120.000 funcionarios deteriorará aún más la asistencia social y sanitaria. Las rebajas fiscales beneficiarán a las personas con más ingresos y en especial a los patrimonios financieros, cuyos activos quedarán exentos del impuesto de solidaridad sobre la fortuna (ISF) al tiempo que se reduce el tipo del impuesto de sociedades del 33,3% actual al 25% y se eximen de cotización social las horas extras. Total 17.500 millones de euros de pérdida de recaudación.

Estamos ahora en la cola de uno de los 79 bancos de alimentos que hay en Francia. Cerca de 2,4 millones de personas de clase trabajadora recibían ayuda alimentaria a finales de 2022 de la red de bancos de alimentos y sus entidades asociadas, tres veces más que hace diez años. Pero la cifra real de esta caridad disfrazada de solidaridad está probablemente más cerca de los 5 millones, porque hay otras redes de ayuda alimentaria en Francia, como los “Restos du cœur” y la Cruz Roja.

Jacques Bailet, jefe de una red nacional de bancos de alimentos franceses, señala que, en términos de balance nutricional, actualmente en las donaciones “tenemos un déficit de carne y una falta de frutas y verduras”.

La “pensión alimenticia” de los Windsor

El gasto en comida de la Casa Real británica financiado por los contribuyentes y denominado eufemísticamente Subvención Soberana asciende a 1,4 millones de libras anuales.

Tal vez sea éste uno de los motivos por los que los medios de comunicación británicos se refieren a la familia real como The Firm (la empresa).

Contrastando con esta cuantiosa “pensión alimenticia” una encuesta realizada en Gran Bretaña por Living Wage Foundation encontró que cerca de un 60% de las familias trabajadoras ha utilizado un banco de alimentos y que dos de cada cinco se han saltado comidas con regularidad o se han retrasado en el pago de facturas de los gastos del hogar.

Y los informes de los bancos de alimentos son aún más desoladores pues en muchos de ellos la demanda de sus servicios ha alcanzado máximos históricos al tiempo que ha habido una reducción del 13% en las donaciones de alimentos

Katherine Chapman, directora de Living Wage Foundation dijo: “La investigación actual muestra que la crisis del costo de vida está lejos de terminar especialmente para los 3,5 millones de personas trabajadoras a las que se les paga menos que el salario digno real.”

El estuche de la vida

Decía el arquitecto Le Corbusier que la casa debe ser el estuche de la vida.

Esta definición perdió su carga poética a partir de la crisis financiera de 2007-2008, con el triunfo de las políticas nacionales de mercantilización y de financiarización de la vivienda que han dejado a millones de familias sin hogar en todo el mundo.

En 2022, según datos del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial), se iniciaron en el Estado español 38.266 ejecuciones hipotecarias sobre viviendas habituales, lo que nos lleva a una cifra de 105 al día.

Desde el inicio de la crisis en 2008, más de 400.000 familias han perdido sus viviendas. Entre 2008 y 2012 la PAH calcula que se llevaron a cabo al menos 244.278 desalojos.

Pero, como decíamos al principio, en todo hay clases. En 2019 el Ayuntamiento de Madrid ordenó el desalojo para octubre del chalé de 545m2 y cuatro plantas del matrimonio de dirigentes de VOX (Monasterio y Espinosa de los Monteros) tras vivir el matrimonio ilegalmente en el inmueble durante cinco años. ¿La razón? Que la casa carecía de licencia de primera ocupación y funcionamiento. La residencia no cumplía los permisos. En 2021 el Ayuntamiento legalizó el chalé y dio por cerrado el expediente tras unas obras en la mansión. Todo esto, a las puertas de la campaña electoral.

Como vemos en todos los casos la división y la lucha fundamental es, ahora más que nunca, entre capital y trabajo. Para los marxistas el concepto de clase no tiene como función definir la etiqueta adecuada para cada individuo sino identificar a las fuerzas sociales fundamentales cuyo conflicto es la fuerza motora de la historia.

Y es que, como dijo la escritora Ursula K. Le Guin: “Vivimos en el capitalismo. Su poder parece inexorable. También lo parecía el derecho divino de los reyes.”