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Xoán Vázquez

Hollywood está en huelga. A los piquetes del sindicato de guionistas (WGA) presentes desde el 2 de mayo ante las sedes de productoras como Paramount, Fox, Netflix, Disney, Universal o Fox, se ha unido desde el pasado 13 de julio el principal sindicato de actores y actrices SAG-AFTRA que representa a más de 160.000 miembros.

Además una coalición de sindicatos de la industria cinematográfica, televisiva y teatral, entre los que destacan el sindicato de directores (DGA), la Alianza internacional de trabajadores teatrales (IATSE) y los sindicatos que representan a unos 7.500 electricistas, conductores, plomeros, obreros, entrenadores de animales y otros, han sacado una declaración conjunta de apoyo a la huelga porque “Hollywood debe ser un lugar donde cada trabajador, dentro y fuera de la pantalla debe ser tratado de acuerdo con el valor de sus habilidades y talentos”.

No es la primera vez que ambos colectivos van a la huelga. En el caso de los y de las guionistas en 2007-08 y en el de los actores y actrices en 1978 y 2000. Pero una huelga de estas dimensiones que paraliza el cine y la televisión no se veía desde hace 63 años.

1960: la lucha por los derechos de imagen

Fue en 1960, en su etapa como actor y presidente del sindicato de actores (SAG), que Ronald Reagan —sí, ¡has leído bien!— lideró una huelga que también paralizó la industria del cine y consiguió cambios significativos en lo que respecta a las condiciones laborales de actrices y actores. Veinte años después, Reagan sería el impulsor de la mayor campaña antisindical, fomentando un ambiente muy hostil hacia los sindicatos.

Si ahora actores, actrices y guionistas se enfrentan a plataformas como Amazon Prime, Netflix o HBO y a los cambios que imponen estas plataformas de streaming, hace 63 años la huelga se desencadenó por la negativa de las productoras a pagar a los actores derechos de imagen cuando sus películas se pasaban por televisión.

A medida que la televisión ganaba popularidad y crecía la programación de películas, las y los actores sentían que se les privaba de una importante fuente de ingresos. Por eso, el 7 de marzo de 1960, convocados por el sindicato Screen Actors Guild (SAG) y decididos a luchar por sus derechos, los actores abandonaron los rodajes paralizando las producciones de los grandes estudios.

Tras cinco semanas de huelga, los actores consiguieron la mayoría de sus reivindicaciones: el pago de los derechos de imagen para las películas que se rodasen a partir de 1960 y un pago único de 2,25 millones de dólares al sindicato para la creación de un nuevo seguro de salud y un plan de jubilaciones.

La actual huelga de actores y guionistas de Hollywood ha vuelto a poner de manifiesto las tensiones que existen con la Alianza de Productores de Cine y Televisión (AMPTP), que representa a las más de 350 productoras que prefieren perder 27 millones de euros diarios que ceder a las reivindicaciones de los trabajadores.

Las reivindicaciones de las y los guionistas incluyen un incremento salarial del 2% para compensar el auge de las series de corta extensión (se ha pasado de 24 episodios por temporada a 8 o 10), terminar con la opacidad de los datos del streaming, mayor trasparencia en los datos de audiencia de las plataformas y un mínimo de personal en las salas de guionistas.

Las de los actores y actrices, muy similares, las expresó con claridad la actriz Fran Drescher, actual presidenta del sindicato, al dirigirse a los directivos de los estudios: “Exigimos respeto y ser honrados por nuestra contribución. Ustedes no pueden existir sin nosotros (…) Como empleadores priorizan la codicia olvidándose de los trabajadores esenciales para mantener la maquinaria en funcionamiento”.

Las palabras de Drescher eran una dura crítica a las productoras que en los últimos 18 meses han llevado a cabo ajustes que han significado el despido de miles de personas. Y también un recordatorio de que más del 87% de los actores no llega a ganar 23.559 euros al año, que es el umbral para obtener un seguro médico.

A vueltas con la inteligencia artificial

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el nuevo caballo de batalla, al exigir actores, actrices y guionistas garantías de protección ante su uso en las producciones. El pasado mes de junio, Lana Wachowski, coguionista y codirectora de Matrix, daba la señal de alarma acerca las cláusulas sobre inteligencia artificial recogidas en los contratos sindicales con los estudios. En su opinión, estas cláusulas no son lo suficientemente explícitas. “Necesitamos cambiar la redacción para dar a entender que no utilizaremos IA en ningún departamento, en ningún proyecto en el que trabajemos”, escribió Wachowski.

“Quieren que trabaje un día, que me paguen el sueldo de un día, que me escaneen la cara y que luego la tengan y la usen sin pagarme”, dijo una joven en el piquete frente a Netflix. Y “si dices que no a que te escaneen, no querrán contratarte”.

Por su parte, las y los guionistas no tienen claro que las herramientas de inteligencia artificial vayan a ser utilizadas para ayudar a los autores. Lo más probable es que se acaben empleando en lugar de las y los guionistas o que éstos sean contratados para corregir textos a cambio de bajos salarios.

Como dijo la presidenta del sindicato, Fran Drescher, al anunciar la huelga. “Todos vamos a estar en peligro de ser reemplazados por máquinas y grandes empresas”.